Bergoglio contra la corriente

El editorial de MDZ. El papa que dio su primer mensaje antes de hablar: su humildad.

Nadie lo anticipó. No apareció en las apuestas y los vaticanólogos deben estar sacando pasaje a otro planeta. Es más: todos descartaron cualquier posibilidad de que Jorge Mario Bergoglio, el cardenal primado de la Argentina y Arzobispo de Buenos Aires pudiera ser papa. Casi lo había sido cuando terminó elegido Joseph Ratzinger, el ahora renunciado Benedicto XVI.

En las redacciones de los medios de todo el planeta tenían preparada otra nota. Ninguno pensó en que el nuevo papa sería argentino y si lo pensaron –como lo especuló, por ejemplo, la agencia de noticias AP la semana pasada- todos miraban a Leonardo Sandri.

Pero no fue la única sorpresa.

Lo fueron sus palabras a la multitud agolpada en la Plaza de San Pedro.

Allí en el balcón se vio a un hombre sencillo, que lucía una cruz de madera y ninguna vestimenta de la dictada por el pomposo protocolo del Vaticano.

Su presencia fue un mensaje en sí mismo.

Con la mirada abarcadora, pero firme; con templanza y humor a pesar de que sobre sus espaldas le acababan de depositar el peso de todo lo que cansó a Joseph Ratzinger y lo obligó a la inédita decisión de renunciar al papado y a ver la elección de su sucesor por televisión.

Bergoglio pidió la bendición de la multitud. Además, aun siendo “el representante de Dios” en la Tierra, se sometió a la oración de los presentes, cosa que pidió expresamente en sus primeras palabras como sumo pontífice de la iglesia católica y Jefe del Estado Vaticano.

“Me fueron a buscar a lo más recóndito del mundo”, dijo, en tono coloquial, sin grandilocuencias. Y así lo es: la Argentina representa para el resto del mundo un sitio exótico.

Tal vez pueda ser el remedio para esa enfermedad de la que habló Benedicto XVI en sus amargos discursos de despedida.

La Iglesia está en problemas. Los escándalos carcomen su estructura y hasta un papa debió renunciar para dejarlo en evidencia. Mucho. Mucha tarea para un pontífice que con su nombre elegido para el papado, Francisco, y su primera impresión al mundo, dio una primera señal, muy fuerte para estos tiempos: humildad y trabajo, para salir del pozo.

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