opinión

Entre posición y la oposición

Aquellos que sostienen que este modelo únicamente puede existir a condición de Cristina pecan de la misma necedad de los “contreras”.

Entre posición y la oposición

Quienes hayan seguido mis opiniones habrán advertido mi insistencia sobre la falta de oposición en la actual coyuntura argentina. No es lo mismo ser oposición que contrera y sin duda después del discurso de la presidenta en la inauguración de la asamblea legislativa reafirmo que la oposición -sin voz, solo farfullo- no sabe hacer otra cosa que contrariar por contrariar.

Diferenciaré entre oposición contrera o crítica en diferencia a su vez con posición adulante de posición crítica. No hay voces críticas en la Argentina al modelo implementado por el kirchnerismo, hay contrerismo de un lado y del otro mucha adulación. El único modo de sostener este proyecto es con apoyo y posición crítica, y ello debe esperarse -básico- del propio seno de esta agrupación.

Ser crítico apoyando implica –para este opinante- no confundir líder con liderazgo.  Entonces, aquellos que sostienen que este modelo únicamente puede existir a condición de Cristina pecan de la misma necedad como los “contreras” que se oponen porque sí. El modelo kirchnerista sólo puede subsistir si estructuralmente se modifican estamentos en el país que aún cambiando el gobierno estos sostengan, no al líder sino a la sociedad en su nuevo estar. Como ser: la ley de medios, la reestatización de YPF, Aerolíneas, Gas del Estado, Aguas, etcétera, indican un nuevo estatus nacional. La Ley de Matrimonio Igualitario, los juicios al genocidio, la Asignación Universal por Hijo, Fútbol para Todos plantean un nuevo estatus social. El menemismo también lo supo hacer, las privatizaciones y la venta de las joyas de la abuela crearon un nuevo Estado y sociedad argentina, la diferencia puede leerse porque el kirchnerismo se apoya en bases populares mientras que el menemismo se apoyó en el poder financiero y multinacional. Dar vuelta la creación menemista llevó su tiempo pero se pudo, dar vuelta la creación kirchnerista costará mucho más. Un modelo renovador que implica y conlleva a la población en su mayoría sienta bases sólidas al liderazgo. Un modelo que se crea a partir de la imagen de un hacedor, como si sin él esto es inviable, genera demagogia, estereotipia, burocracia, cristalización. El menemismo se sostuvo en la creación de un sujeto individual e individualista, era la época del “sálvese quien pueda”, el kirchnerismo intenta crear la conciencia de un sujeto individual que pertenece al colectivo, un sujeto social. De modo tal que Cristina lidera un proceso donde intenta establecer un sujeto social equivalente a democracia equivalente a liderazgo, lo que implica que otro del conjunto deberá surgir como continuador de ese liderazgo encarnando al líder coyuntural. Si hay re-re-elección el modelo ideológico fracasa.

También hay que diferenciar autoridad de autoritarismo. La autoridad tiene que ver con la razón, la sensibilidad y el humor; se sostiene en la flexibilidad, en la capacidad de dar marcha atrás, doblar, equivocarse, reconocer el error y no quebrarse. El autoritarismo tiene que ver con la Verdad lo que la convierte en dura, irreflexiva, seria, enojada, impostora y frágil. Aunque a Cristina se la acuse de autoritaria, su sesgo muestra lo contrario; avanza, tiene lineamientos, escucha el reclamo popular por sectores y en conjunto, mide las posibilidades, da a algunos quita a otros modifica el esquema cambia de aliados, etcétera.

Sin embargo no alcanza. Cristina es considerada autoritaria por no entender que ejerce con maestría aquello que el psicoanálisis aporta como función paterna. La función paterna es un lugar del ordenador, ordena en el sentido imperativo y ordena en el sentido de clasificatorio. Es un lugar interdictor por excelencia a los fines de dar lugar a la diferencia. Corta lazos de supuesta igualdad para dar cabida a lo desigual, al distinto y a lo distinto. Es quien iguala en diferencia para no ahogar, es justamente la función que empuja a la vida en oposición a la simbiosis.  Un país en guerra suele ser simbiótico por necesidad, un país que inventa al enemigo lo hace para unificar a las fuerzas internas logrando disminuir las tensiones pero generando una potencialidad de destrucción cuando la mentira acaba. Lo intentaron los militares, primero con el enemigo interno, después con una guerra a priori perdida.

Cristina ejerce la función paterna propiedad de un poder presidencial unitario y vertical que promueve la constitución argentina y se la ve como autoritaria del mismo modo que los hijos suelen ver a un padre autoritario cuando este no autoriza algo por el bien del conjunto. El odio que promueve Cristina lo vinculo al hecho de su filiación peronista, por mujer, por bonita y además usurpadora del lugar “función paterna” que los autoritarios siempre creyeron que pertenecía a la masculinidad.

También hay que diferenciar inclusión pensado al real excluido. Nadie, salvo el peronismo de los 40-50 sumado a Néstor y Cristina han logrado incluir al despojado marginado de la sociedad. Pero no debe confundirse al excluido del sistema con el aparente marginal que se encuentra en el sistema. El kirchnerismo peca de haber tomado un paradigma sociológico o foucauliano  que indica que el marginal es un producto social. De allí varias leyes: minoridad, salud, mujer que hacen cargo de la discriminación al medio y a la vez hacen cargo al medio comunitario y al estado de la responsabilidad de reinserción. Un ejemplo paradigmático fue el intento de Néstor con la creación de “hinchadas argentinas”. A diferencia de los que muchos piensan, no se creó este estamento para tener punteros o barras bravas o grupos de choques kirchneristas, fue un intento ingenuo a mi modo de ver de entender, de que la conducta marginal de los barras era producto de un sistema de exclusión y entonces el sistema invirtiendo el proceso debe hacer el esfuerzo por incluirlos. Como resultado, las barras viajaron al mundial, volvieron y continúan siendo grupos patoteros organizados donde circulan armas y drogas tiendo atenazada y de rehén a la sociedad ya sea en un estadio de fútbol o en la misma calle citadina.  El pensamiento de que la barra brava es un producto social es una verdad a medias, si bien se produjo con la marginalidad, a la vez es un logro de la corriente hiperindividual que ve en este modo una forma de ser. El barra no es un excluido, de hecho participa de la sociedad como marginal, disfrazado de marginal de modo organizado y recreando su estatus como tal. Los barras, cada uno de ellos son un “es”.  Al igual que aquellos que se creen el lugar y la función diciendo “soy” médico o ingeniero o presidente para ahorrarse toda pregunta sobre sí mismo y enseñorear como identidad el disfraz. El barra adquiere identidad en tanto tal, se convierte en un “es” y se reconoce como ese ser integrado en la sociedad. Es una diferencia, sí, pero una diferencia que pretende imponer sus reglas como modo de inclusión. Incluir es tratar de dar cabida a aquel que quedó fuera dentro del sistema normativo, no es ingresar con normas propias para imponerlas al sistema. Incluir es agregar a lo establecido las diferencias, aquellas que producen que crean todo lo contrario a aquel que destruye, resta.  El barra es un masificado y no un sujeto colectivo, el barra es una identidad simbiótica que se dice de sí por los colores de un club al que le usurpan su historia, su tradición, transformándolo en patria. Lejos de estar excluido, se incorporó inmediatamente en democracia desde su diferencia que es estar adentro y vivir del adentro. El barra, al igual que sectores del campo o de los medios de comunicación luchan por sus propios intereses en desmedro del conjunto todo. Hay inseguridad en Argentina. No hablo de la inseguridad vial, hablo de la inseguridad del cuerpo, de la propiedad, de los bienes. Este gobierno la combate con inclusión, una apuesta a largo plazo, sin embargo la inseguridad crece. La ingenuidad de Néstor fue tomar el paradigma sociológico como absoluto dejando al gobierno cojo en esta materia. Apostó a la voluntad de cambio que – muestras de sobra tiene este gobierno- funciona en algunos sujetos, pero de ninguna manera la voluntad de cambio es para todos. Quizás por prejuicios o por creer que lo político en tanto social no tiene que ver con lo subyacente del individuo, el saber del gobierno ignora las posibilidades que el psicoanálisis social como el  Trabajo Social que incorpora al inconsciente freudiano en su teoría aportan. No solo se trata de la comunidad expulsiva, además se trata de las personalidades narcisistas y psicópatas que toman poder y lo ejercen. Las barras no están formadas únicamente por psicópatas, seguramente éstos son los menos, pero sus adherentes funcionan como sociópatas y en tanto masa la modalidad es psicopática. La voluntad de cambio se pone a prueba cuando se incorpora la idea de inconsciente.

La función paterna ordena, interdicta, controla y también reprime. Este último término es muy delicado para el kirchnerismo porque intenta dar muestra con el ejemplo de ser lo más diferenciado a una dictadura. Sin embargo el estado ejerce control sobre los impuestos y es punitivo con aquel que no cumple. Lo punitivo puede llegar a la prohibición de la libertad individual y esto también es reprimir. No se debe confundir reprimir una manifestación obrera o popular que lucha por sus reivindicaciones con la represión de grupos organizados que luchan por imponer su Verdad.  Es cierto que con los sectores incluidos la represión del estado no puede asemejarse con la represión de la dictadura, pero también es cierto que a sectores antisociales en el sentido de “lo único que importa soy yo” los modos de represión deben adaptarse. Brasil dio y da el ejemplo con Lula y con Dilma cuando envía al ejército a las favelas con el fin de acabar con el tráfico de drogas. Aquí, antes que la villa miseria (que es una villa de sujetos sociales que luchan por incluirse y toman el brazo que el estado les da) existe otro modo que está en la propia contradicción que estos sectores asociales generan. Ellos mismos se agrupan en un estadio de fútbol. Imagínese la sociedad argentina con todos estos barras, en todo el país, detenidos. ¿Se acabará la delincuencia? creo que no, ¿se acabara la inseguridad? creo que no, pero bajaría notablemente el foco de descomposición social. Esto implica autoridad, función paterna. Los especialistas en psicopatía aún no dan con remedio positivo para esta patología que es llamada conducta, es decir un modo de actuar. Si quienes conocen del tema aún no pueden dar con la respuesta, el estado no puede actuar con ingenuidad creyendo en la buena voluntad de ciertos sujetos.  

Esta opinión crítica puede ser un error pero al menos no es esquivarle al bulto. El kirchnerismo lleva adelante un modelo, un proceso, una construcción no exenta de lugares falibles. La oposición no aparece en los partidos políticos, aparece en los intereses de los sectores que se ven perjudicados por este modelo: el campo, Clarín, los sindicatos, la iglesia y ya llegarán otros. Los barras también son un sector que, si en todo caso, la sociedad ungida desde la época militar y menemista creó, se instaló y opera del mismo modo que los otros sectores de poder que horadan la sociedad, defienden al uno sobre lo colectivo. La barra brava es un poder que ataca intereses colectivos y debe ser combatida. Ni la educación, ni el subsidio, ni el trabajo los incluye porque ya están incluidos como garantes de una patria chica, la de ellos.

Opiniones (2)
21 de noviembre de 2017 | 13:08
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21 de noviembre de 2017 | 13:08
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  1. Es tan facil inventar variantes para denominar la mentira, el desmanejo, la caída en la credibilidad de los que se pueden mencionar cientos de ejemplos, donde el oficialismo lo que hace es lo mismo que hizo Menem, en una época diferente y queriendo mostrarse distinto en principios a lo que son distintas variantes de un mismo origen y un millón de máscaras. La "ingenuidad" de Kirchner con "hinchadas argentinas" es tan falsa, como que el enemigo es Magnetto o cualquiera que le ocurra inventar a la hoy viuda y al entonces marido de esa viuda. El salir a la captura de nonagenarios para juzgarlos por delitos de lesa humanidad, sin haber manifestado nunca en el proceso una oposición a los hechos acontecidos, con Alicia participando de ese Proceso y ejecutando deudores de la 1050, pero luego negando prácticamente a otra víctimas como las de Amia, o las de Once como si nunca hubieran pasado, rotula fácilmente a esta laya como oportunistas. Los casos de acumulación de riqueza de todos los funcionarios, la entrega de medios de poder como juego, prensa, minería supranacional, compra vil de terrenos en la Patagonia a amigotes de dudosa reputación por no decir de pésima reputación como Vila, Manzano, Monetta, Cristobal Lopez etc no difieren en absoluto de la década del 90, es mas, la superan. Así que roguemos que surja , y creo que va surgir, oposición consistente que nos instale en lo que debemos ser: una república federal.
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  2. Estoy de acuerdo respecto que no hay oposición, también creo positivo que el modelo pueda seguir sin Cristina. Respecto de la funciónpaterna... realmente ese es el problema de los argentinos. Somos tan inmaduros que necesitamos un padre que nos guíe y para peor un padre autoritario. Para crecer como país tenemos que madurar, sino seguiremos en este círculo donde lo bueno en un tiempo termina convirtiéndose en malo.
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