opinión

Todos los días somos mujeres, literalmente

Las mujeres tienen, tenemos, a flor de piel el arte de convertir un gesto en un milagro.

Todos los días somos mujeres, literalmente

Me tienta el tema, me enciende, como muchas veces me han encendido las mujeres. Y la vida me ha puesto en el camino un portón de hierro que dice Unidad 3 El Borbollón. La cárcel de mujeres. Allí comparto con las mujeres, construyendo clases en ese contexto de encierro.

Me hacen reír; me hacen pensar; me conmueven con sus silencios, como guardando sus penas y sus razones; me sacuden con sus opiniones y el pulso que le toman a nuestros mundos de afuera y de adentro.

Son mujeres que me dicen, literalmente, “todos los días somos mujeres”. “Todos los días una hace de mamá, de empleada doméstica, de médico, de maestra, de cocinera, de hermana, de hija, de amante. Nos vamos adaptando a lo que haya que hacer”.

¿A lo que haya que hacer para qué? Les pregunto. Para vivir. Me contestan.

Allí escucho el secreto: las mujeres están armando y desarmando continuamente nidos tangibles e intangibles para que la vida ocurra. Y no hay rejas que las exima de esta tarea. No se la quieren sacudir, más bien andan ingeniando modos de llegar con sus pensares y sentires desde su celda hasta la puerta de sus casas, para ver si todo está “como debe ser”. Literalmente.

La distancia de los que aman les duele, y la convierten en posibilidad para renovar la mirada sobre ellos. Literalmente.

Ponen sobre la mesa los nombres de otras mujeres a cuyo linaje ellas quieren pertenecer: Teresa de Calcuta, Evita…, “mi mamá”, y fundamentan el planteo: “Porque Teresa no le tenía miedo a las enfermedades”, “Porque la Evita se ocupó de que tuviéramos los mismos derechos que los hombres”,  “Porque la mami no será una científica pero a mí nunca me falta una visita”. O sea, las mujeres tienen, tenemos, a flor de piel el arte de convertir un gesto en un milagro.

Me hacen acordar al cuento del pececito que añora el agua y no sabe que está nadando… Ellas se enteran de a poco que ya son parientes de pura sangre de aquellas mujeres que admiran.

Aquí, “dentro”, ordenan. Se ocupan de seguir ordenando sus casas, sus familias, sus raíces. Otra que el feng shui, aquí sí que descubren que cada cosa puede volver a tener su lugar.  Y muchas de ellas se dan el tiempo y el espacio necesarios para regresar a los comienzos de sus vidas, para ir pariéndose de vuelta, escuchando los pasos de sus ancestros, y vigilando los pasos de sus hijos.

“Yo nacería de nuevo mujer, porque las mujeres somos más inteligentes, porque nos adaptamos a lo que sea… El hombre no hace todo lo que la mujer es capaz de aceptar hacer”. Es muy posible. Y lo dicen antes y después de reírse pícaras porque extrañan a sus hombres.

“Vamos a lo que es”, dicen, “hoy estar aquí para nosotras es una mancha que te queda para siempre. Te tratan de laucha…. Y ellos no saben por qué hiciste lo que hiciste”. Entonces se me aparecen como si fueran unas tigresas. (Y, sí, no todos tienen el regalo de la imaginación. Yo lo recibí de mi mamá, que se dedicaba a la magia, porque era docente y artista.)

Y vuelvo a escucharlas… “Se piensa que de este lugar sólo podemos salir corruptas, pero la verdad es que de este lugar se sacan buenas mujeres. Todo depende de la que quiere o no”.

Poderosas, vulnerables, caprichosas, perseverantes, corajudas, penitentes, amantes, mujeres enteras, dispuestas a volver a nacer una y mil veces desde estos fondos y más allá de los techos de una cárcel. Y ellas saben que si nacen ellas todos los suyos lo hacen.

Les dije a mis alumnas que iba a escribir literalmente lo que me dijeran, les dije que lo iba a imprimir para regresárselos. Lo que no les dije es que quiero de este modo hacerles un profundo homenaje a ellas y a todas las mujeres; a mi vieja, a mi pareja, a mis hermanas, a mis amigas, a mis sobrinas, a mis compañeras de trabajo; a aquellas con las que acuerdo y con las que no acuerdo tanto… Y aunque ciertamente todos los días son nuestros… hoy vengan, vengan que celebramos juntas nuestra condición de alquimistas; vengan y tengan claro que cuando dicen “no hay nada más imparable que un parto”, están hablando de todas nosotras…

Cecilia Anastasi, psicóloga social y docente, junto a sus alumnas

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24 de noviembre de 2017 | 08:13
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