opinión

La misteriosa y enigmática caja

El mundo guarda millones de secretos que se mantienen ocultos a lo largo de siglos por el bien de la humanidad... hasta hoy.

Siempre me pregunte que había dentro de esa caja, desde chico miraba como mi vieja le pasaba el plumero con tanta delicadeza y dedicación. Cada vez que le preguntaba, ella se ponía nerviosa y rápidamente cambiaba de tema, como si hubiera una dolorosa verdad oculta en esa pequeña caja de madera, que estaba siempre impecable.

Le conté a mi mejor amigo sobre mi duda, era algo que desde pequeño acarreaba y que quería sacarme de encima. El juanchi disparó una pregunta directo al grano amarillo ¿vos nunca supiste más nada de tu viejo no? Fue incisivo, sin filtros. Fue una pregunta que al mismo tiempo aclaraba dudas. Una pregunta que hacia todo menos místico y me ponía más en contexto de lo que podía estar pasando.

Corrí a mi casa y me puse a revolver en mis cajas de recuerdos. Me encontré con una nota que papá le había escrito a mi vieja antes de que yo naciera y decía: “Si nace nena ponele Paola, y si nace varón ponele Rickybobbylocoporlavelocidad”. Encontré fotos de él con su perro, de él con un amigo transformista, de él en una visita guiada a la comisaria, de él con un juez y de él en una silla rara con un casco. Papa era tan cómico y aventurero.El último recuerdo del viejo es de ese día que cago a trompadas a un payaso para que me hiciera el Broncosaurio de globos que le había pedido. Yo no tenía una puta idea de que era un Broncosaurio, si me hacia el que miraba Discovery hasta tarde para poder poner “Emanuelle” cuando papá se iba a dormir.

Quería saber del viejo, quería saber que era esa cajita que mama lustraba con Blem. Pero no me animaba a enfrentar la realidad, que era más que palpable. Esa noche no pude dormir, sentía como si la cajita me estuviera esperando, como si me llamara desde arriba del placar de mama, susurrando:”….rataaa, rrataaaa”. Daba cabezazos en la almohada, giraba, me tapaba, ya había perdido el sueño. Me levante, abrí la heladera y me serví un vaso de agua.Me decidí a enfrentar la situación, abrir esa caja y entender que mi viejo ahora estaba en paz. Necesitaba certezas. Fui decidido a la habitación de mamá, abrí la puerta.Y la vi ahí, en un sueño tan placido, con la luna acariciando sus mejillas agotadas por los quehaceres. Y entendí que no tenía sentido arrebatarla de ese estado de trance. Pensé que sería mejor hablarlo con ella al otro día.

Ese día al volver del club recordé que era miércoles y mama se juntaba con sus amigas. Saludo a sus amigas y vi la cajita a un costado de mamá, me dio ternura ver ese gesto de amor iba más allá de la vida y la muerte. Pero todavía nada era objetivo, todo lo que tenía eran conjeturas que yo había sacado a partir de la pregunta del Juanchi.

Esa noche se escucharon risas jocosas de las mujeres, estaban demasiado de buen humor y eso me molestaba, asique decidí irme a dormir temprano.

A la medianoche, ya con todas las luces apagadas me desperté, como me pasa siempre cuando me acuesto temprano. Al pasar por la habitación de mama escucho como un sollozo, como un lamento que intenta ser disimulado, una respiración agitada tratando de ser controlada. Me apoyo en la puerta y acerco mi oído intentando no hacer ruido. Oigo a mama, respirando fuerte, y también oigo como un zumbido, algo constante, un sonido de momentos fuerte y de momentos sordo como “prrrrrrr, prrrrrrr”. Mama estaba llorando y dejó la depiladora andando para camuflar el sonido de su llanto, pensé.Soy un cagón, me dije.Esta desconsolada en esta habitación porque no puede compartir el peso de tal perdida conmigo.

Decidí enfrentar mis miedos en un ataque de ansiedad, quería saber todo de un tirón. Tomé coraje y abrí la puerta de un saque sin pedir permiso.

Me encontré con un cuadro inesperado que me dejo atónito.Mama en el suelo en paños menores y la caja en el suelo. Sus prendas estaban dispersas por toda la habitación. Mis ojos achinados casi saltan de mi cara. Mi vieja se sorprendió muchísimo al verme y salto arriba de la caja como para cubrir ese secreto tan bien guardado, mientras yo escuchaba ese sonido, ahora encerrado: prrrrr, prrrrrr, prrrrrr. Ese vibrar endemoniado como si fuera “el corazón delator” atormentándome la cabeza. Y grite, ella gritó, los dos gritamos. Y gritamos hasta el amanecer. Y el gallo canto.

Lo que en realidad ocurrió, fue que en esa noche de invierno supe toda la verdad.Esa noche, esa maldita noche, conocí a Samuel Jackson III, el consolador de mi vieja…

Nota: Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, o sea, el consolador de mi vieja no se llama Samuel Jackson III y a mi amigo jamás se le ha ocurrido una pregunta como la gente.

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21 de noviembre de 2017 | 22:39
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