opinión

El pánico vendimial pudo más que las elecciones

A los referentes políticos les ganó el miedo a la exposición "no controlada" y evitaron mostrarse. La Vendimia oficial tuvo poca repercusión política. Hoy se hace la "vendimia de Vila".

Año electoral. Miles de personas en las calles, todas las cámaras de la provincia y el país pendientes. Dirigentes empresarios y políticos abiertos al lobby. Un escenario preparado. Pero que quedó casi vacío. La "vendimia política" tuvo poca trascendencia este año y al parecer el miedo, o el "exceso de prudencia" le ganó a las ganas de mostrarse en una de las fiestas populares más importantes del país. Pocos dirigentes nacionales, ausencias provinciales y peleas internas en el oficialismo ayudaron a construir ese escenario.

Los opositores temían algún "escrache" K. Los oficialistas también le temen a la exposición "no controlada" y por eso, por ejemplo, el vicepresidente Amado Boudou sólo estuvo en el interior de un hotel y en el palco oficial del Carrusel, donde las agrupaciones kirchneristas le garantizaban apoyo. Incluso salió cuando ya había pasado cualquier riesgo de encuentro con alguna manifestación.

El gobernador Francisco Pérez vio el lado positivo de la falta de hechos políticos, asegurando que fue una Vendimia menos política porque fue la gente la que ganó protagonismo. "A pesar de ser un año electoral, yo no lo noté. Es una muestra de madurez", aseguró.

Los dirigentes nacionales tuvieron un accionar errático. Mauricio Macri descartó su presencia por "falta de invitación" y por temor a ser blanco de algún escrache K. Daniel Scioli faltó a la Vendimia institucional, pero iría hoy a la de Vila. Hermes Binner amagó con venir, pero también faltó, dejando con las ganas a más de uno: los socialistas tenían la agenda lista y los radicales también habían coqueteado con algún encuentro para tener la foto de lo que podría ser la futura alianza.

Los gobernadores vecinos también faltaron, en uno de los gestos quizá más bruscos: Gioja y Beder Herrera, gobernadores de provincias vitivinícolas, vaciaron de contenido regional la versión 2013 de la Fiesta. Sólo Juan Manuel Urtubey cumplió con la visita. Se trata de uno de los gobernadores que compite con Pérez por ganar protagonismo nacional en lo que sería la "segunda generación K" (para los más optimistas) o el poskirchnerismo (para los más pesimistas).

La presencia de Boudou alivió en parte el mal trago para Pérez por la ausencia de Cristina, pero el vicepresidente está lejos de sus mejores momentos donde "sumaba" popularidad guitarra en mano. 

Las internas a flor de piel

El oficialismo no pudo disimular las peleas internas que han puesto al borde de un quiebre al PJ.

En el agasajo vendimial fue donde más se notó; con pocas palabras pero con muchos gestos. El vicegobernador Carlos Ciurca sintió el rigor de la bronca que hay contra él, sobre todo desde el sector azul del PJ. Por eso caminó sin mayores obstáculos y en soledad durante toda la tarde. Patricia Fadel, quien ha sido la vocera de la ira contra Ciurca, sacaba pecho ante la situación y no disimulaba la bronca. En ese contexto, el presidente del PJ, Alejandro Abraham, ni siguiera estuvo en el agasajo, a pesar de que era el intendente anfitrión. El problema es que todos habían anunciado que "luego de la Vendimia" tomarían las decisiones políticas sobre el futuro electoral del PJ. Ese "después" ya llegó y ahora tendrán que hacerlo con el conflicto ya desatado.

Abraham y Miranda intentan manejar el mal momento interno del PJ.

Así, el centro de atención política ayer eran “los sabios”. ¿Quiénes? Algunos dirigentes experimentados, como el ex gobernador José Octavio Bordón, que fue consultado y saludado cariñosamente por peronistas, socialistas y radicales. En el "centenario partido", o partido de las mil internas, la situación no fue mucho mejor. Mientras que en el desayuno de la Coviar estuvieron casi todos y levantaron el perfil, en el agasajo y el acto central de la Vendimia casi pasaron desapercibidos.

La otra Vendimia

Pero la "vendimia política" no terminó. Hoy hay un hecho fuera de la agenda oficial que se ha convertido en un tema de atención pública por ser gestado por unos anfitriones particulares: la llamada "vendimia solidaria" organizada por el empresario Daniel Vila en su casa de San Isidro. En realidad se trata de una especie de agasajo realizado para legitimar a un grupo empresario que tiene cada vez más negocios con el Estado o usando al Estado como trampolín.

Allí son invitados políticos de todos los partidos y ha sido visitada por distintos gobernadores. Pérez no irá, pero sí algunos emisarios suyos. Lo mismo ocurrirá (como ya ha pasado) con decenas de dirigentes de la oposición y funcionarios de distintos poderes del Estado.

El dato curioso es que se hace en una casa que fue reconocida como construcción ilegal, donde el propio Estado en 2010 intimó a la familia Vila a que regularizara su situación.

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20 de noviembre de 2017 | 05:28
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