opinión

Lado B: Sensación de inflación

Relajarse y gozar puede llegar a ser el mejor método para sentirse bien en estos tiempos.

Bueno, bueno... Vamos a empezar... Hoy vamos a trabajar con una técnica nueva que se denomina "También soy feliz ahí" y que se está usando mucho en los grandes centros urbanos, esos en los que la gente vive a las apuradas y con muy poco espacio para conectarse con el medio y consigo misma... Bien, para empezar, nos acostamos en las colchonetas…, nos dejamos atrapar por esa superficie blanda… colocamos las manos despegadas del cuerpo, las piernas abiertas… y nos dejamos llevar por una sensación de bienestar que sentimos que comienza a abrazarnos, a abrigarnos desde los pies… Siento cómo el bienestar me invade y empiezo a entrar en contacto conmigo, con mi ser, con toda esa paz y con todas esas cosas hermosas que llevo dentro y que sólo yo puedo reconocer…

Ahora sí, nos vamos a imaginar que estamos en una ciudad cualquiera… Puede ser la ciudad en la que vivimos o puede ser una que nos gustó cuando la visitamos, una que nos gustaría conocer o una imaginaria… Podemos sentir el ruido estrepitoso que produce esa ciudad, pero eso no nos importa, porque el ruido es como un sobretodo, como una campera en invierno… Sabemos que nos pesa y quisiéramos sacárnoslo de encima, pero no podemos, entonces de a poco lo vamos sintiendo parte de nosotros hasta que no es más que algo que llevamos y que no nos molesta porque no está dentro de nuestras posibilidades deshacernos de él…

Voy caminando por esa ciudad y siento que el vertiginoso ritmo de la gente no me afecta… Soy uno conmigo mismo, soy yo quien construye el entorno, y todas esas personas apuradas que corren para no llegar a ningún lado son como estrellas fugaces… Bólidos que dejan su estela, pero tan efímera que ni siquiera la recordaremos…

La ciudad ya es nuestra amiga, ya estamos en armonía con ella, por eso paseamos, recorremos veredas mirando vidrieras, y de pronto nos encontramos con un supermercado… Frente a él, recordamos que debíamos comprar algo… Cada quien sabe qué debe comprar… Así que decidimos ingresar, y lo hacemos, nos dejamos llevar e ingresamos por sus puertas de vidrio… Nos cruzamos con más gente, pero es gente que no nos interesa, porque estamos allí para establecer contacto con eso que falta en nuestro hogar…

Recorremos los pasillos, nos dejamos atrapar por el colorido espectáculo de las góndolas de gaseosas, embellecemos nuestra vista con las cientos de latas que se apilan delante nuestro y por fin llegamos al lugar en el que está el producto que íbamos a buscar… Lo buscamos entre otras varias marcas… Volvemos la mirada una y otra vez a lugares por los que ya la pasamos y no encontramos la marca que buscamos… Pero eso no puede alterarnos, porque que no esté la marca que consumimos desde hace años y a la que ya nos acostumbramos, antes que una dificultad, antes que una sensación de desabastecimiento, de vacío, nos genera una oportunidad… Ahí delante tenemos un desafío… El desafío del cambio, el de ponernos a nosotros a prueba, el de enfrentarnos a un universo nuevo en el que podemos, sabemos que vamos a ser aceptados como somos pero que por temor no hemos querido explorar antes…

Así que retiramos de la góndola un producto de otra marca… Es un desafío, por eso lo asumimos con amor… Tomamos el producto con las dos manos… Lo sopesamos, lo medimos con la mirada, lo sentimos moviéndose entre nuestros dedos… Ya estamos en contacto con él… Que falte la marca que siempre llevo ya no me importa, porque ya me he decidido a realizar un cambio en mi vida… Entonces miro el precio que figura en la etiqueta pegada en la góndola… Hay algo raro en él… No sé qué es… Pero de repente recuerdo que había visto, la semana pasada, cuando vine al supermercado, que estaba más barato… La diferencia de precios es significativa, pero no me dejo amedrentar por esa nimiedad… Estoy en paz, tengo delante un desafío que decidí asumir, una prueba que el Universo puso delante de mí para saber si soy digno de unirme a su equilibrio… Por eso no me dejo llevar por las malas ondas… Me permito pagar lo que dice la etiqueta en la góndola…

Me dirijo a la caja… Les dedico sonrisas a todos los que pasan a mi lado, incluso a la persona que me cobra más de lo que yo sé que valía hace unos días ese producto, pero le sonrío porque yo quiero vivir la paz…

Me dirijo a la salida… atravieso el umbral del supermercado y es como si de repente hubiera entrado a un mundo mágico, pero no es un mundo mágico, es el mundo que yo he logrado cambiar con mi actitud positiva… El sol se está escondiendo, pronto va a caer la noche y sé que con ella llega el deseo de estar en mi casa, descansando en mi sillón favorito… Por eso me decido a ser más liviano, y así es como comienzo a elevarme, etéreo por el cielo, y vuelo directo a mi casa…

Ya estoy en mi casa, en mi sillón favorito, con un producto que no era el que iba a buscar y por el que pagué más de lo esperado, pero el Cosmos me sonríe, sé que me sonríe y me ha aceptado en su regazo, por eso me siento en un lugar seguro…

Sé que todo esto ha sido creado por mi mente, pero también sé que cuando vuelva a la realidad habré aprendido otras formas de sentirme bien…Por eso comienzo a regresar, me voy aflojando, empiezo a sentir la colchoneta en la que estoy acostado… Muevo un dedo… Muevo otro… Lentamente voy tomando consciencia de todo mi cuerpo, y salgo de este sueño despacio…

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 22:20
2
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19 de noviembre de 2017 | 22:20
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  1. muy buena la nota. todo (o casi todo) es cuestión de actitud, uno crea su propia realidad xq en definitiva... qué es real, qué es la verdad absoluta?, cada uno es poseedor de una partecita de lo q llamamos verdad xq todo lo tamizamos dsd ntro punto de vista y vivencia. No importa tanto lo q nos pase sino lo q hagamos con ello.
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