opinión

Vendimia: la reina superhéroe

¿Turra o virgen? ¿Tonta o sabia? Vapuleada y criticada, su figura trasciende.

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.

Pablo Neruda. La Reina, fragmento.

Son nuestras superhéroes.

No pertenecen a ninguna monarquía ni tienen sangre azul, como Superman -hijo de un  monarca de otro planeta-… pero ostentan un reinado.

No llevan un martillo como Thor, pero sí un cetro en la mano.

No son como la Mujer Maravilla, pero tienen coronita como ella.

No son Batman ni Robin, pero usan capa.

Y tienen dos vidas, como cualquiera de esos personajes: la propia, de su casa, la que comparten con su familia, sus amigos, sus novios y su mundo privado… y la que es de todos nosotros, la de repartir besos, la de estar perpetuamente contentas, la de decir cosas siempre lindas, esperanzadoras, amigables.

Son superhéroes…

Porque son tercas y aguantadoras. Tienen que ser candidatas para una elección distrital, luego una departamental, y luego, la nacional.

Porque la valentía les corre por las venas. Se enfrentan a los juzgados más implacables (la prensa) que califican con crudeza su belleza, su brillantez e inteligencia, su dicción, su sociabilidad.

Porque tienen paciencia y bondad para soportar a las coordinadoras, verdaderas villanas, en algunos casos.

Porque son poseedoras de un aguante sobrehumano que les permite enfrentar estoicamente los raids más bizarros de maquillaje, pintura, pelos planchados, pelos enrulados, bucles, cambios de ropa, producciones de fotos, viajes interdepartamentales, eventos interminables, y más.

Porque su fortaleza es suprema. Gracias a ella aguantan a los inadaptados que les gritan improperios, que las putean, que les dicen que son feas, o hasta a veces, las agreden.

Porque gozan de híper velocidad para esquivar políticos libidinosos y toquetones.

Porque tienen memoria prodigiosa para aprender en dos o tres semanas lo que a muchos les lleva años sobre protocolo, vino, enología, política, turismo y otras yerbas.

Porque se regeneran y resurgen, como el Ave Fénix, cuando tantas veces las han querido borrar de un plumazo. Cada año, están de vuelta.

Mi primera entrevista

Era un martes (¡Lindo día!, dicen algunos) de marzo de 1996. Yo hacía pasantías, estaba en quinto año del secundario. Acomodado por un par de contactos del centenario diario menduco, me colé en una producción de fotos. Y las esperé.

Llegaron acompañadas por sus madres y sus coordinadoras. Me pareció que tenían risa de niñas, y también de reinas. Les pregunté si les podía hacer una pequeña entrevista, y me dijeron que sí. Les expliqué que simplemente era para un trabajo del colegio, y no les importó.

Lo primero que se me ocurrió fue preguntar cómo llegaron al cetro máximo mendocino y me di cuenta de que no eran tímidas, porque de golpe e interrumpiéndose empezaron a contar entusiasmadas el largo camino de votos, escenarios, cambios de look, horas sin dormir, besos y saludos repartidos, sueños, nervios, fantasías, más sueños…

Pero de golpe, las llaman para la producción de fotos y yo tengo que esperar. Escucho lo que charlan las madres. Una de ellas le cuenta a la otra (no se cuál a cuál, ¿acaso importa?) que al nacer su hija, la enfermera que se la llevó apenas parida profetizó que su belleza no iba a pasar inadvertida por ningún mortal. “Mirá vos, che. El tiempo le dio la razón nomás”, le dijo la otra.

Volvieron y siguieron hablando de sueños. Una contó que la noche antes de la elección soñó que, a pesar de todos los ensayos, se caía y pese al papelón, el chambelán le decía “No te preocupes, seguí adelante". ¿Premonición, agüero? No se sabe, pero sí había certeza de algo: la belleza y la jovialidad de ambas bastaron para convencer a los sufragantes, que no vacilaron en coronarlas.

Me acuerdo que las dos juraron y perjuraron que iban a extrañar a las demás candidatas, que el grupo que en ambos años se formó fue hermoso, y yo no les creí ni un poquito (17 mujeres juntas y compitiendo… ¿Unidas? ¿Amigas? Mmmmmmmm!).

Hablaron luego de la importancia de “trabajar conjuntamente con los organismos estatales y privados en beneficio de los niños, adolescentes y ancianos desamparados de la provincia” y las llamaron para sacarse más fotos. Les tiré la última pregunta: ¿Qué es para ustedes ser reinas?

A las dos se les espejaron los ojos. Las dos se miraron. Y las dos dijeron “lo mejor que nos pasó en la vida”.

Y me fui. Y me saqué “Excelente” en mi trabajo de Lengua y Literatura. Estaba en quinto año del secundario. Ellas eran Andrea Parissenti (lasherina, Reina 1995) y Lorena Lorca (paceña, Reina 1996).

Dos recuerdos más

Para terminar, comparto dos imágenes: la primera, una que de chico me fastidiaba, y de más grande me asombraba: con mi familia el día del Carrousel había que levantarse a las ocho, porque teníamos la tradición de ir siempre a las nueve de la mañana al parque: mi hermana y mis primas exigían ver a las reinas antes de subir a los carros. Les pedían besos, sacarse una foto, un regalito. Ese día, de postre, comían la uva, la manzana o el melón que habían recibido de alguna soberana.

Cada vez que veo a una nena abstraída, prendada de la visión de la reina en la Vía Blanca o el Carrousel me acuerdo de esa parte de mi infancia. Cada vez que veo a una nena transportada por la emoción de ver a una suerte de hada mendocina, de princesa de cuento hecha carne, me acuerdo que la vida tiene momentos mágicos y caigo en la cuenta de lo bien que me viene hacerme niño de nuevo, por un rato.

Porque Papá Noel nos trajo regalos, pero no lo vimos. Los Reyes Magos dejaron cosas en los zapatitos, se comieron la fruta y los camellos el pasto, y no los vimos. El Ratón Pérez se llevó el diente y nos dejó la plata, pero tampoco lo vimos. A la reina sí. ¿A quién no le tiró un beso una reina? ¿Quién no contó al menos una vez los votos a base de palotes en una hoja? ¿Quién no hizo alguna que otra apuesta con amigos sobre la preferida?

La segunda imagen es más actual. Ya periodista, cubriendo el Acto Central. Se terminó el canto de votos y yo estoy en el escenario de abajo, mientras que en el de arriba el locutor grita el nombre de la nueva Reina. Los aplausos, las vivas y los festejos se tornan ensordecedores. Las lágrimas de la joven se contagian, y mientras se me pone la piel de gallina me doy cuenta que muchos periodistas, hombres y mujeres, se emocionan también. Pocas veces se siente una energía tan patente en Mendoza como en ese momento, ese furor. Es el sentir mendocino. Y todas van hacia una chica, una pendeja (hablando mal y pronto) de 19, 20, 21 años. El mundo (el nuestro, el local) espera sus primeras palabras, que serán la tapa de absolutamente todos los diarios provinciales al día siguiente.

Se podrá decir que son tontas, o que no sirven. Que la elección está arreglada o no. Que deben ser virginales o “acordes a los tiempos de hoy”. Que deben tener un rol más comprometido con la sociedad, o ser una simple figura protocolar. Son meras discusiones…

Yo estoy contento porque vivo en una tierra en donde una vez al año, la dulzura de la uva y la sabrosura del vino se hacen hermosura de mujer.

Reina de la Vendimia… ¡Te banco!

Opiniones (4)
13 de diciembre de 2017 | 00:55
5
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13 de diciembre de 2017 | 00:55
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  1. Yo te banco reina junto a CROCE. Son lasa reinas del pueblo y esta es la fiesta de ese pueblo. Esta bien lo que dice este buen periodista. Esa verdad, miren la cara de las nenas en la Vía blanca o el Carrusel
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  2. EXCELENTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE NOTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA CROCE ME ENCANTÓ TAN REAL ,A VECES ME GUSTARÍA QUE FUERAS MÁS ÁCIDO ,MÁS VOS
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  3. Excelente nota,,,,,,,,,esas vivencias tan bien escritas conmueven y permiten distraernos con una lectura sana y tan Mendocina!!!!!!!!!! Felicitaciones a MDZ
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  4. Son minas que al margen de estar muy ricas, por lo general, les gusta la fama, el glamour y la posibilidad de entrar al mundo de la vida fácil y ostentosa gracias a algún adinerado empresario. Ninguna se desvive por mejorar la calidad de vida de sus comprovincianos.
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