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El arte de ser argentino

El arte de ser argentino

¿Ser argentino es un arte o un oficio?. Para mí, ser argentino es, definitivamente, un arte. No cualquier ciudadano del Planeta resiste llegar a fin de mes sin saber si la cuenta del teléfono, luz, agua o municipalidad vendrán con el precio preestipulado, o si se la aumentaron después de realizado el consumo.

No cualquiera pasa con un jueguito de cintura los estúpidos caprichos del jefe, y no cualquiera descubre el intento de un subordinado para jorobarlo.

Es que los argentinos nacemos con un algo, que nos permite usar y abusar de la ley del menor esfuerzo.

Siempre encontramos la forma de eludir nuestras responsabilidades, de cancherearla, de pasarla mejor.

Y bueno, es nuestra conocida “viveza criolla”. Pero el problema es usar esa viveza en un país lleno de argentinos. Aun así, hemos encontrado un principio de solución al problema: cada uno es vivo en un área específica, y gil en el resto de las acciones de su vida. Así la viveza criolla consiste en movernos en nuestra zona, tratando de evitar que los demás nos arrastren hacia donde a ellos les conviene. Por supuesto, la vida de un argentino medio pasa por algunos momentos en los que es un maestro, y por muchos momentos en los que queda como un verdadero gilún.

Pero como cada uno cuenta la parte que le conviene, si algún extranjero escucha una charla entre argentinos, descubrirá asombrado que todos los presentes son unos genios, y los que no están son siempre los tarados.

Este tema de las fronteras, hace también más interesante el arte de ser argentino. Porque cuando uno sale del país, debe hacer frente a la cruel realidad de demostrar ante quien se cruce, que uno es vivo en todas las áreas. Para lograr esto es indispensable contar como propias situaciones que le ocurrieron a otros, e intentar, a base de memoria, no contradecir una historia con otra.

Por esto es indispensable, por el bien del ser nacional, tener todas las posibles preguntas cubiertas antes de trasponer los límites de nuestro país.

Es preferible pasar las vacaciones en casa antes que dejar en algún extranjero una imagen de los argentinos que no se condiga con nuestra fama.

Releyendo lo escrito…creo que ser argentino es definitivamente un oficio. No cualquier ciudadano del planeta despierta sabiendo que su presidente, en el día de la fecha, se va a mandar una digna de Alicia en el país de las maravillas; y aun así se levanta, se lava los dientes, se peina y sale a la calle tranquilo. Cuando efectivamente se entere de la que la presi se mandó hoy, sonreirá a sus amigos y les mentirá: “yo no la voté”, y todas las cargas sobre él desaparecerán por el sólo hecho de pronunciar esas cuatro palabras.

El oficio de ser argentino es durísimo. Es una carga que se lleva toda la vida, de la cual no nos salva ni la doble nacionalidad conseguida gracias a un abuelo europeo.

Pero así es la ley del planeta. El privilegio de gritar los goles de Diego y de Messi, o cantar los tangos de Carlitos como propios, no podía ser, ni remotamente, gratis.

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12 de diciembre de 2017 | 11:57
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