opinión

Cristina rivadaviana: centralistas, privatistas y cipayos

Centralistas, privatistas, y cipayos. Si como dice Zambayonny se pudieran elegir tres cosas en la vida, nadie en sus cabales querría que fueran estas tres. Menos aún cuando se trata de funcionarios públicos que tienen la suerte atada al voto.

Alguien se imagina una campaña exitosa que atraiga al voto con un mensaje que diga “Vote a X, Centralista, privatista y cipayo”? Yo, no.

Aunque usted no lo crea, hay veces que las cosas no son lo que parecen.

Vamos al estudio del caso. El boom de YPF. “Recuperar lo nuestro”, “Construir Soberanía”, “Hacer Patria” . La verdad, que esas sí son frases para un atractivo discurso y una campaña agradable. Sino, preguntémosle a Galtieri que recursos discursivos y propagandísticos usó para su aventura malvinera.

Ahora, ¿qué hizo el kirchnerismo en su gobierno con respecto a YPF? Veamos. Y aviso, les doy una ventajita. No les voy a tirar por la cabeza con los `90, sus convicciones menemistas y la búsqueda infructuosa de los fondos de Santa Cruz. Veamos sólo lo que han hecho desde 2003 para acá.

Todos estaremos convencidos que un país que se pretende desarrollado, fuerte y sólido, tiene que apostar a una matriz energética sustentable. Ajá, mirá vos. Desde 1998, las reservas de petróleo en la Argentina van decayendo. Desde 2004 se desploman las de gas. En los últimos años importamos energía de Venezuela por un precio  cuatro o cinco veces mayor que el que se paga acá; Le pusimos un revólver en la sien a las finanzas públicas y de paso, perdimos soberanía energética.

Anotate uno ahí. Cipayos. Palabra casi orgásmica para el peronismo. Jauretche, pensador de referencia para los compañeros, instaló el término para caracterizar a aquellos que son funcionales a las potencias colonialistas. Nada más funcional a las potencias en el siglo XXI que perder soberanía energética. Eso es sinónimo a dependencia política.

Vamos por la segunda. Démosle la ventajita. Olvidemos que en el `92 quisieron privatizar y tengamos en cuenta que durante su gobierno estuvieron convencidos del rol del Estado en materia energética. Ah, no? Pará… tampoco fue así.

En 2006 crearon una empresa de energía, Enarsa, que se hizo famosa por ser el vínculo institucional de la valija de Antonini. Tiene más antecedentes en la justicia que en el sector energético .

A su vez, auspiciaron el ingreso a YPF de Esquenazi, banquero santacruceño. Lo presentaron como la “argentinización” de YPF. La verdad que a uno le dan ganas de ser Esquenazi.  Se hizo con le 25% de YPF sin poner un peso y ahora, cuatro años después podría cobrar de contado si vendiese su parte. Un aplauso a la visión estratégica del empresario modelo.

La verdad, que si en 9 años crean una empresa que es una pantalla, auspician el ingreso de un privado sin poner un peso, le dan a ese privado una torta de plata cuatro años después y en el medio no exploramos para reponer reservas que se van agotando, el gobierno más que interés por lo público, tiene vocación por lo privado. Eso se dice, privatistas.

Avancemos con el tercero. Seguro que la presidenta, De Vido y compañía han hecho esfuerzos siderales para que ante la declinación de las exploraciones, el petróleo se quede en Argentina. No. En la mayor parte de la era Kirchnerista seguimos exportando. Hoy incluso exportamos el combustible que no tenemos en nuestras estaciones de servicio. Bueno, está bien, pero seguro que distribuyeron como corresponde las regalías entre las provincias. No. Tampoco.

Vamos con la muestra. Mendoza, provincia petrolera, recibe por ley regalías correspondientes a las exportaciones de crudo. Sabe cuanta plata perdió Mendoza por regalías mal liquidadas de 2002 a hoy? Más de 1000 millones. Un gobierno que se queda para sí y su administración discrecional los recursos que corresponden a las provincias, es un gobierno centralista.

Cualquier parecido con Rivadavia es pura casualidad. El revisionismo de Pacho y Pigna bien podría encontrar estos puntos en común con el denostado Bernardino. Ambos cipayos, privatistas y centralistas. Esos adjetivos no serán útiles para la campaña que viene, pero sirven y mucho, para saber que no todo es lo que parece.
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