opinión

Invertir en el sector productivo para recuperar el crecimiento

Mucho se ha hablado y escrito acerca del proceso emigratorio que afecta al interior, tanto del país, como de la provincia. Mucho tal vez, se ha estudiado este fenómeno que se fue acrecentando desde los 70’ . Pero poco es lo hecho hasta ahora, aunque recién en los últimos años se están adoptando medidas concretas, con inversiones que nunca antes los gobiernos se atrevieron a realizar. Sin embargo aún queda mucho por hacer, para que el campo-llámese zonas rural o de secano, recobren la dignidad que se merecen.

Y ello significa dotar a esos espacios de la infraestructura y  los servicios necesarios, además de llegar con medidas económica que hagan posible que resulte tentador vivir aquí. Los que nacimos y vivimos aún en zonas rurales sabemos  claramente que esto demanda esfuerzo, pero somos testigos de una realidad de progreso que ha sido histórica. O protagonistas junto a las generaciones que nos precedieron de un resultado numérico que no admite objeciones: Mendoza solo tiene un oasis productivos cercano al 5% de su geografía, y ese minúsculo número- o sea quienes residen en esa porción de territorio- hicieron de esta provincia tan grande como la imaginaron.

Es indiscutible, el campo, con todo el potencial productivo que comprende, fue protagonista del desarrollo económico de la provincia. Quién puede discutir esta teoría, si cuando las cosas andan mal en la agricultura- no valen los productos, inclemencias climáticas, etc- Mendoza toda lo siente.

¿Faltan pruebas?: Lo que sucedió con esta provincias  como consecuencia de las medidas económicas implementadas desde la década el 70 en más. La caída de numerosas fábricas y bodegas familiares,  la inexistencia de políticas de comercialización y la destrucción del ferrocarril, fueron matando pueblos rurales, obligando a sus habitantes a emigrar en busca de trabajo.

Después de cuatro décadas, es hora de que se implementen medidas para encausar un cambio histórico en este sentido. Algunas puertas se ya se abrieron a través de proyectos que hoy están posibilitando llegar a muchas de estas comunidades con servicios imprescindibles, como redes de agua potable y gas natural. Ya no debe imaginarse que se trata de un gasto  porque en  cada uno de estos pueblitos vive poca gente. Es una inversión segura que dará rédito a futuro, por cuanto las familias allí residentes merecen tener  igualdad de oportunidades. Por ende, si gozan de similares comodidades desistirán de emigrar, sobre todo la franja juvenil. Y si los jóvenes se quedan, la comunidad recupera crecimiento.

Contamos que ya algunos pasos se están dando. Pero no es todo. Resulta necesario la aplicación de acciones destinadas a respaldar el crecimiento de los estratos agrícolas, sobre todo apoyando a los pequeños y medianos productores, quienes en estos tiempos necesitan de tecnificaciones que les posibilite ser competitivos. Es necesario aplicar políticas para optimizar el uso de los recursos hídricos, ya sea impermeabilizando cauces o apoyando el desarrollo de riego por goteo en otros casos. También aportando mayor inversión para mejorar las redes camineras, los servicios de transporte, la creación de escuelas secundarias y servicios de salud acorde a cada lugar.

Simultáneamente aparece como otra necesidad, la de reordenar la distribución poblacional,  en gran escala concentrada en el Gran Mendoza. Y allí,  el crecimiento ha resultado tan indiscrecional, que se ha extendido y se sigue extendiendo en el pedemonte hacia el oeste, y ocupando terrenos que alguna vez contuvieron cultivos , al Este.

Por ende, este crecimiento demandó servicios necesarios y justos, como el agua potable, que les llega como una bendición. Pero es agua que se resta al cauce del río Mendoza y por consiguiente se resta al riego del sector agrícola.

                Es la realidad, no un planteo mezquino. No tendría razón de serlo ya que en tal contexto urbano habitan  lavallinos, maipucinos,  rivadavienses, sanrafaelinos, etc,  o hijos de…O sea muchos de los emigrados de pueblos rurales , o descendientes.

Lo que se intenta explicar  es que,  si oportunamente se hubiera hecho algo en ese sentido, miles de  de estos emigrados permanecerían en sus lugares de origen y la situación sería otra, aún para el caudal de agua.

De allí mi convicción de que: hay que invertir para que el “campo” siga conteniendo a sus pobladores y recibiendo con orgullo a quienes eligen estos lugares para vivir, o a quienes está retornando.

                Con la infraestructura hecha realidad, sin dudas también se podrá avanzar en mayores espacios cultivados y comunidades que serán protagonistas de otro desafío que se avecina: producir más alimentos, los que a su vez crecen en demanda en el mundo.

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