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Danza con vices

"Salvo para surtirle improperios, ningún jerarca de la administración pública lo recordaba, sobre todo después de pasar de ser 'la gran esperanza blanca' de la oposición a ser…una especie de desocupado de lujo con sueldo a cargo del erario público", dice Roberto Pérez en su columna Cosa Seria.

Danza con vices
Había una vez, en cierto insólito país, un alto funcionario nacional que se había convertido en “dis-funcionario” por caer en desgracia luego de una crucial votación parlamentaria. Ocupaba el segundo sillón más importante, pero a lo largo de los últimos tres años de su gestión eso no pareció importarle a nadie. Y antes tampoco, en realidad.

Salvo para surtirle improperios, ningún jerarca de la administración pública lo recordaba, y no era bienvenido ni requerido casi en lugar alguno a pesar del altísimo cargo que ocupaba, sobre todo después de pasar de ser “la gran esperanza blanca” de la oposición (pese a seguir en el gobierno, paradójicamente) a ser…una especie de desocupado de lujo con sueldo a cargo del erario público, tanto por torpezas propias como por inconsistencias ajenas.

Reducidas sus funciones a actos protocolares menores o a presidir cesiones del Senado sin trascendencia mayor, se aburría en un ostentoso despacho prácticamente incomunicado del resto de la estructura que formalmente encabezaba. Añorando la paz provinciana de su lugar de origen y las largas carreras pedestres con las que matizaba su actividad profesional, transitaba esos últimos días en una poltrona convertida primero en blanco fijo de todo tipo de descalificaciones y luego en oscuro objeto del deseo de muchos que soñaban con revolearlo por una ventana y sentarse allí. Hasta que, al cabo de una elección con el resultado más previsible de todos los tiempos, quedó claro quien sería su sucesor. Una tarde cualquiera, éste se le presentó al ninguneado Vice. Se sentaron a conversar con fingida cuan gélida amabilidad, y esto fue algo de lo que dijeron, que les acercamos a ustedes gracias a…mejor no les decimos gracias a quien, porque hay secreto de sumario y además lo buscan por otra causa que no prescribió aún.

-VICE QUE VIENE: Hola che… ¿todavía por acá?

-VICE QUE SE VA: ¿Y qué querés? Yo cumplo con lo establecido, y seguiré hasta el último día de mi mandato en el lugar que indica la Constitución. Supongo que has venido a traerme personalmente la invitación VIP a tu asunción y la de ELLA, como corresponde…

-VICE QUE VIENE: No precisamente. Quería sugerirte dos cosas: 1) que dejes de nombrar gente en el Senado, porque la fuente es chica para tantos ñoquis. 2) Que el diez de este mes te busques alguna maratón para participar, porque o corrés por propia voluntad o algunos compañeros poco amigables te podrían correr de la ceremonia, conste.

-VICE QUE SE VA: ¡Qué feo lo que decís! Suena casi como una amenaza mafiosa…

-VICE QUE VIENE: ¡No, nada que ver! Pero parecerá un accidente.

-VICE QUE SE VA: Mirá, yo estoy arreglando todo con la gente de protocolo, así que lo voy ajustando al reglamento y a los usos y costumbres…

-VICE QUE VIENE: ¡No digas “Ajustando”, pedazo de neoliberal! Está prohibido.

-VICE QUE SE VA: ¿Neoliberal yo?...Perdón, ¿donde estudiaste economía vos?

-VICE QUE VIENE: ejemm…dejémoslo ahí. Ya estás avisado, mirá que los chicos de la gloriosa JP, los de la juventud sindical y los camporitos son gente de pocas pulgas…

-VICE QUE SE VA: Como diría el filosofo argentino Fabián Gianola, “No les tenemos miedo”. ¿Algo más?

-VICE QUE VIENE: Si, también quería ver el despacho para tomarle las medidas y decidir donde va a estar mi equipo.

-VICE QUE SE VA: ¿Equipo de colaboradores?

-VICE QUE VIENE: No, el equipo de música. Los amplificadores, la consola de sonido, todo eso para poder ensayar acá. A vos te consta que los Vices tenemos muy poco que hacer. Entonces quiero aprovechar los ratos libres (casi todos) para mejorar un poco con la viola, porque me dijeron que cada vez que toco Jimi Hendrix se revuelve en su tumba.

-VICE QUE SE VA: Cierto. Es más; Eric Clapton mandó una carta documento diciendo que si volvés a agarrar una guitarra, te demanda en nombre de Euterpe, la musa de la música.

-VICE QUE VIENE: ¡Que mala onda! Bueno, ya veremos. Mejor tomemos café.

-VICE QUE SE VA: La última vez que pedí que me sirvieran un café acá fue en Abril de 2009 y todavía no me lo traen.

-VICE QUE VIENE: Vos te lo buscaste. Conmigo todo será distinto.

-VICE QUE SE VA: Yo que vos no me confiaría mucho. Acordate lo que pasó con mi antecesor. Apenas asumió con Néstor se le ocurrió boquear que había que aumentar las tarifas porque estaban atrasadas, y lo frezzaron por un año. Después, vino lo mío…

-VICE QUE VIENE: Eso te pasó por sacar los pies del plato y ponerte “no positivo” con las políticas del gobierno que vos mismo integrabas. No te quejes ahora.

-VICE QUE SE VA: Igual fue como mucho. Y guarda, que ya te están marcando la cancha: la jefa te llamó “conchetito de Puerto Madero”, como para que vayas teniendo…

-VICE QUE VIENE: No, pero si yo soy un pibe Nac & Pop, bien nacional y popular, como manda la corrección política en curso. Fue un chistecito…

-VICE QUE SE VA: Si, hacete el loco nomás, y seguí andando en la Harley y comiendo en Palermo Hollywood, que vas a ver como te lo facturan.

-VICE QUE VIENE: Nunca me va a pasar lo mismo que a vos, porque no voy a pegar semejante voltereta ni voy a traicionar las decisiones de la más alta  conducción nacional. Soy un soldado de la causa.

-VICE QUE SE VA: Hasta que veas como algún cuatro de copas te pasa por arriba como alambre caído, se sienta en la mesa chica y manotea el cuchillo de cortar bacalao. Ahí quiero ver si no saltás como leche hervida.

-VICE QUE VIENE: Yo me cuadro, hago la venia, y seguimos tan amigos como siempre. Eso lo tengo muy claro.

-VICE QUE SE VA: ¿No queda otra, no? Acá la cosa es así, y si no, ya lo sabés; apenas pestañees sin permiso, pasás a ser un personero de “la corpo” periodística, del capital concentrado, de la antipatria y de todos esos cucos juntos.

-VICE QUE VIENE: Lo cual en tu caso fue cierto, nomás…

-VICE QUE SE VA: ¡Exageraciones! Que el capo de la Sociedad Rural haya dicho en la tele que yo tenía que agarrar la presidencia en 2008 no significa mucho.

-VICE QUE VIENE: ¿Y las tapas de Clarín que ligabas hasta por estornudar, y la aclamación de todos los campestres cuando te fuiste en auto a Mendoza después de la 125 (parecía que te iban llevando en procesión como a un santo) y que se te hayan pegado todos los contreras del país como bichos a un radiador de camión y vos chocho de la vida? ¿Todo eso tampoco significa mucho?

-VICE QUE SE VA: ¡Pavadas! Comprendé que hice lo que me pareció mejor para el país, y solo me pagaron con ingratitud. ¡Si hasta he tenido que devolver la casa donde estaba viviendo, y me sacaron los subsidios!

VICE QUE VIENE: Me parece muy bien. Espero que no te lleves nada que no corresponda…

VICE QUE SE VA: ¿¡Pero por quien me tomás!?

VICE QUE VIENE: Perdón, es que justo me acordé de otro mendocino, que le decían “Chupete”, y dejó el desparramo.

VICE QUE SE VA: Ese fue el último menduco ligero que mandamos para acá. Los que vinimos después le corremos carreritas a los caracoles y perdemos; así tenemos la provincia, también.

VICE QUE VIENE: Bueno, espero que te hayan quedado en claro mis humildes sugerencias...

VICE QUE SE VA: Lo que saco en limpio es que no voy a tomarle juramento a ELLA, lo cual me parece un gran error.

VICE QUE VIENE: Vos le vas a tomar juramento el día que pavimenten Venecia.

No hubo más que decir. Ambos hombres se pusieron de pie, se saludaron con la impostada cordialidad del principio, el que viene se fue y el que se va se quedó. Pero solo por un ratito más. El final de esta pequeña historia ya lo sabemos, aún sin haberlo visto al momento en que yo escribo esto y ustedes lo leen. Apenas otro episodio que si no fuera ridículo sería absurdo, que le vamos a hacer. Ya deberíamos estar acostumbrados.

Hasta el sábado de asunción.
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