opinión

Una tarde en "candidatos anónimos"

Se trata de una entidad que socorre a esos que han reconocido su problema: el desear compulsivamente ser aspirantes a cargos políticos a como de lugar, sepan o no, tengan con qué o no y sin importar los medios para lograrlo y mucho menos las cabezas pisoteadas que quedan alfombrando el camino.

Una tarde en candidatos anónimos
No me lo van a creer, pero yo soy un tipo muy sensible y solidario con el prójimo. En ese plan colaboro con instituciones que se dedican a ayudar a los que están en problemas, y entre ellas hay una que ocupa buena parte de mi tiempo en estos días.

Se trata de “CANDIDATOS ANÓNIMOS”, entidad que socorre a esos que han reconocido su problema: el desear compulsivamente ser aspirantes a cargos políticos a como de lugar, sepan o no, tengan con qué o no y sin importar los medios para lograrlo y mucho menos las cabezas pisoteadas que quedan alfombrando el camino. Es una adicción tan dañina como la que más, con el agravante que no solo perjudica a quien la padece y a su familia, si no muy especialmente a toda la sociedad. Incluso esta bondadosa asociación que integro ha iniciado trámites ante la Organización Mundial de la Salud para que este flagelo se incluya entre las “Enfermedades Catastróficas” que castigan a grandes poblaciones.

Entonces, hace pocos días y durante una de mis guardias voluntarias, se me apareció uno de los principales candidatos a ya van a ver qué, cuyo nombre no tardarán en deducir, y con circunstancias personales que reconocerán fácilmente. Disculpen que me haga el misterioso, pero todos sabemos que en los centros de ayuda como este la confidencialidad es primordial y no podés andar ventilando identidades así como así. Dialogamos un poco, y pude interiorizarme del drama de hondo contenido humano que aqueja a este buen hombre. Lo vi entrar, no sin sorpresa, y le dije:

YO: Buenas tardes… ¿usted es…P.P?

PP: No, si voy a ser la versión descafeinada de Florencio Randazzo... ¡Obvio que soy el candidato P.P. Si no ¿para qué voy a estar acá?

YO: ¡Uhhh, que mala onda! ¿Qué pasa, no les dan las encuestas? Jejejeje...

P:P: Sí que nos dan; nos dan miedo. Pero no importa, porque nos guiamos por lo que la gente nos transmite, y la única encuesta que vale será el día de los comicios, cuando los ciudadanos...

YO: Suficiente. No se puede sacar el casete ni cuando viene a confesar sus peores cuitas. Eso es la señal indudable de que padece la temible “candidatitis”.

P.P: ¿Es grave lo mío, doctor?

YO: No soy doctor, gracias. Mire, no es que sea grave, pero digamos que es jodido, especialmente para los demás, que nos cansamos de ver su carota hasta cuando levantamos la tapa del inodoro.

P.P: Eso es algo inevitable, son las reglas del juego. Además, debemos contarle a nuestros conciudadanos, comprovincianos y compañeros todo lo que hemos trabajado para ellos, y estos son los momentos apropiados para hacerlo.

YO: La candidatitis al palo. Ataques de discurso cuando podría aprovechar para hablar como la gente normal. Sepa, amigo, que las personas de a pie estamos hartos de tanto proselitismo de cabotaje, caro y mentiroso.

P.P: ¿Personas de a pie? Y, se hubieran conseguido un buen auto oficial y con chofer, como hice yo...

YO: ¡Ah, que fácil! Es cuestión de prenderse en la rosca y dale que va...

P.P: No vaya a creer. La política es un sacerdocio, un apostolado, una vocación...

YO: Y un curro, pero es mejor cortarse la lengua y tirársela a los perros antes que reconocer eso, ¿no?

P.P: Bueno, quizás en un gran asado bien regado, con los compañeros, para festejar el gran triunfo de Octubre...

YO: Bueno, estamos mejor de lo que suponía. Es capaz de diferenciar por sí solo el lenguaje de campaña que usa de la jerga común, de la calle. Hay esperanzas para usted.

P.P: ¿Esperanzas de ganar?

YO: De esas, tantas como de que a mi me elijan Papa. Pero tranqui, que no todo está perdido.

P.P: ¿O sea que aún podría...?

YO: Podría curarse de su candidatitis, digo...

P.P: ¡Pucha! Yo hablaba de las elecciones.

YO: Lo noto inseguro, como si no se tuviera fe para ser gobernador, por ejemplo.

P.P: Es que me siento tironeado hacia arriba, al éxito, por el huraKan, la reina, la diosa, la imbatible. Pero también hacia abajo por “el malquerido”, el gnomo, el...él.

YO: Si, el que se sigue sentado en el sillón más incomodo de la región, o sea…

P.P: ¡No vaya a nombrarlo! Algunos compañeros hasta han empezado a decir que es yeta.

YO: ¡Que ingratos! Pero bueno, bien dicen que no hay peor astilla que la del mismo palo. 

P.P: Y ni hablar si somos peronistas.

YO: ¡Otra a su favor! Reconoce los problemas que le causa su pertenencia partidaria, esa a la que adhirió voluntariamente, porque quiso.

P.P: Según como se vea. No siempre se puede elegir...el justicialismo tiene mucho de sentimiento, de pasión…

YO: De quilombo. Por eso es que ustedes estornudan y el país se agarra pulmonía, y pueden ser oficialismo, oposición y bisagra entre ambos al mismo tiempo.

P.P: Como sea, me siento tironeado. Ya le dije, para arriba por ELLA y para abajo por ÉL. Y para un costado, por los jóvenes, con los que pego un poco de onda. Para el otro, por las “fuerzas vivas” (o los vivos con fuerza) de la provincia, que no me quieren ni un poquito. Soy casi como Tupac Amarú…

YO: Tupac Amarú fue el primer “partido” político de Sudamérica.

P.P: Encima hay que aguantar chistes malos…

YO: Oiga, acá estamos para darle contención a gente como usted, y no nos pagan un mango, es de buenos que somos. Por lo menos no me critique los chistes, muñequito de torta.

P.P: El muñe quito de torta es el otro, el que va con el Alberto. Yo soy un militante del campo nacional y popular que siempre estuvo con el pueblo.

YO: Sin embargo, según algunas encuestas a usted no se lo percibe como precisamente “popular”; dicen que parece muy distante, como frío...

P.P: ¿Cuales de todas las del tsunami de encuestas?

YO: Las de Enrique Chuleta Puchero y las de Poligarkia, por ejemplo.

P.P: No les creo nada, esos trabajan para el enemigo, para la corporación-mediatico-empresaria-antipopular y antinacional.

YO: No me venga haciendo camporismo explicito porque le resulta contraproducente. Para eso hay que ser mucho más peleón de lo que es, y obstaculiza la tarea que debe emprender: “descandidatearse”, para disfrutar de la vida como una personal normal.

P.P: Me temo mucho que sigo así, eso de “descandidatearme” lo va a hacer la gente, compañero licenciado...

YO: No soy Licenciado, ni compañero suyo. Es más, no lo voy a votar.

P.P: O sea que no es Doctor, ni Licenciado, ni un compañero que me vaya a votar... ¿Entonces por qué estoy hablando con usted?

YO: No sé, usted vino porque se sentía mal, indudablemente. Percibo que lo angustia tener un mentor al que no puede o no quiere mostrar aún siendo el que le permitió estar donde está, y una líder ganadora con la que no puede mostrarse todo lo que le gustaría porque ella tiende a darle muy poca bola, ¿verdad?

P.P: Sniffff... digamos que es algo así como un amor no correspondido. Igual voy a seguir adelante, porque no podemos cortar el crecimiento de Mendoza ni apartarnos del proyecto nacional que nos va a…

YO: ¡Basta Para mí! Vaya con Díos, y tómese un tecito de boldo.

Como diría Tato Bores, lo despedí con un besito en la frente, y me quedé pensando que si vamos a encarar las elecciones con esa actitud, lo mejor es que tratemos de adelantar los almanaques como si fueran relojes, para que el 24 de Octubre llegue lo antes posible. O que al menos nos encuentre confesados y con ropa interior limpia.
Hasta el sábado.
Opiniones (1)
22 de enero de 2018 | 12:24
2
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22 de enero de 2018 | 12:24
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  1. Asi es mi amigo roberto, que los hay los hay y para todos los gustos !!!!!! Realmente ..... catastroficooooo!
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