opinión

Derechos que, si no existen, deberían

No voy a negar ni a desmerecer cierta revaloración de la política como ejercicio que se ve hoy. Es algo valioso, sin duda. Pero no me vengan con que es mejor un pibe que milita en La Campora (por decir algo) que otro que solo quiere pasar todo el día pegado a la Play Station reventando enemigos virtuales en el “Lord of War”.

Derechos que, si no existen, deberían
No sé si solo es impresión mía, pero últimamente es como que hay ciertas presiones que antes no existían. La más evidente de todas, creo humildemente, es para que nos demos por enterados de cuanto ocurre y deja de ocurrir en los lodazales políticos. Desde bien arriba se nos insta a meternos hasta las orejas en eso, so pena de autoexcluirnos de las trascendentes decisiones que debemos tomar los argentinos, de perdernos los famosos “debates pendientes”, de transformarnos en una suerte de ostras ambulantes a las que todos les pasa por el costado y así pierden el derecho al pataleo, entre otras calamidades a padecer.

“No te hagás el apolítico, chabón, que así le hacés el juego a la derecha neoliberal, antinacional, antipopular y anti-cuada” nos gritan las huestes gubernativas. “Vení, che pebete de jamón del medio; vamos a combatir juntos el autoritarismo, el populismo, el amiguismo y varios ismos más, que no te nombro acá porque sería muy largo. Haceme acordar que después te los mencione”, nos braman al oído quienes quisieran hasta suprimir la letra “K” del abecedario.

Unos y otros están olvidando un pequeño pero ínfimo detalle: tenemos derecho a no meternos en esos bretes y aún así vivir para contarlo. Conste que no pretendo hacer una apología del “no-compromiso” político. Para nada. Está muy bueno participar, o al menos estar enterados de lo que pasa, para que no nos acuesten cual tristes giles de cabotaje, aunque lo seamos. Pero por favor, queridos políticos, no califiquen despectivamente a quienes, haciendo gala de libre albedrío, deciden desentenderse de esos farragosos asuntos. Después de todo, les recuerdo, ellos son los que deciden toda elección. Son los que hasta la semana anterior a cualquier comicio figuran en el “No sabe, No contesta” de las encuestas, pero cuando se mandan para un lado inclinan cualquier balanza.

Son esa tan mentada  “mayoría silenciosa” que no suele meterse mucho pero a la larga decide; y lo que decide es si ustedes agarran la manija que tanto anhelan o se van a sus casas. Además, ellos y ellas les pagan el sueldo, las secretarias, los viajes y viáticos y demás vicios. De modo que no les conviene cansarlos. Se los digo de onda, con cariño…

No voy a negar ni a desmerecer cierta revaloración de la política como ejercicio que se ve hoy. Es algo valioso, sin duda. Pero no me vengan con que es mejor un pibe que milita en La Campora  (por decir algo) que otro que solo quiere pasar todo el día pegado a la Play Station reventando enemigos virtuales en el “Lord of War”. Este último seguro se pierde mucho, pero no por eso merece vituperio alguno, ni que lo miren como a un ser con el coeficiente intelectual de una ameba.

No me pinten cual ejemplo señero a quien esta pendiente de la cosa pública y casi de nada más, ni intenten por favor estigmatizar a como a un minusválido  político a los que en sus ratos libres prefieren hacer crucigramas, o criar gatos siameses o aprender las 1498 formas de repulgar empanadas. La única diferencia entre quien milita políticamente y quien opta por quedarse en casa reparando sillas de totora es solo esa: la opción personal que se toma.

Un gran amigo,  poseedor de una aguda visión sobre la política pero también de un agrio desencanto con ella, me decía días atrás que le había pegado en el centro de ahí mismo el hecho de tener que participar de prepo, para discernir las internas de partidos cuyo devenir le importaba menos que lo que sucede en Saturno. No me quedó clara la despotricación, y le pedí más precisiones:

- “Obvio –me respondió- Me estoy refiriendo a Las Internas Abiertas de América Latina, las P.A.S.O”, las del 14 de Agosto. ¿Por qué yo, que ya tengo todos los anticuerpos necesarios para ser inmune a cualquier chamuyo politiquero, tengo que destinar preciadas horas de un soleado domingo para ir a votar por o contra unos cosos cuyo destino político o del otro me tiene absolutamente sin cuidado?

-Bueno, se trata de que la sociedad toda participe en la elección de los candidatos a los premios mayores, y no sea siempre la decisión de las mesas cada vez más chicas de lo que va quedando de los partidos…- respondí, tratando de contemporizar.

-¡Ni ahí! En todo caso, si querían eso, que no las hagan obligatorias y vote el que esté interesado en esos enjuagues, en vez  de arrearnos a todos los que los domingos preferimos cortar el pasto del jardín por la mañana, clavarnos unos buenos ravioles a mediodía, después dormir una siesta de esas que dejan con varices a las patas de la cama, y a la tardecita jugar al Scrabel con los pibes, por ejemplo- me retrucó, ejemplificando sus argumentos. 

-Venís flojito de civismo, compadre. Hoy  la cosa es participar, involucrarse, hacer de la política una practica cotidiana de…

-¡Minga! Lo hago si me da la gana, y si no me ocupo de hornear tortas galesas en el tiempo que otros se dedican a politiquear. No soy menos que nadie por eso- me interrumpió, subiendo considerablemente los decibeles de su alocución.

-Como quieras; yo solo te digo como viene la mano…- Me defendí.

-OK, si, todo cool…pero me permito recordarte que allá por los lejanos y dorados años 80 también creímos que los políticos y la militancia política nos salvarían de cualquier catástrofe. Y pocos años después los queríamos ver a todos colgados de un mástil como jamones puestos a orearse. Soy de los que se quemaron con leche, y entonces veo a estas vacas y lloro.

-Ya lo sé, pero supongo (o quiero suponer) que algo habremos aprendido…además, una hipotética futura debacle no podría ser tan grave. Recordá a Marx: la historia siempre se repite; primero es un drama y luego es una farsa.

-Díos quiera; pero mientras, déjenme NO calentarme por nada de eso, please. Creo que no es mucho pedir…

Tal vez tenga razón este muchacho. Si te metés en política, muy bien. Si no te metes…allá vos. Y aquí yo, y seguimos tan amigos como siempre, que no ha pasado nada. Hasta el sábado.
Opiniones (4)
17 de enero de 2018 | 21:24
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17 de enero de 2018 | 21:24
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  1. SR. PEREZ, UD. PRETENDE QUE TODOS PARTICIPEMOS EN POLITICA Y ESO NO ES LA REALIDAD. YO PERTENESCO A LOS SILENCIOSOS Y NO PARTICIPO EN POLITICA, POR UNA SIMPLE RAZON, ESTA PODRIDA, ETICA Y MORALMENTE. Y LO QUE UD DICE QUE LA POLITICA ESTA REVALORIZADA, NO DICE LA VERDAD, PUES ES EVIDENTE QUE VIVIMOS EN UNA DE LA PEORES EPOCAS DERMOCRATICAS, EN LA QUE TODO VALE, DONDE LOS PRECEPTOS CONSTITUCIONALES NO SON RESPETADOS. SOY DE LA IDEA DE LA NO OBLOGATORIEDAD DEL VOTO, AVER COMO SE LAS ARREGLAN LOS POLITICOS QUE UD. ENSALSA PARA CONVENSER CON SUS MENTIRAS AL PUEBLO.-
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  2. Se trata de tomar conciencia que somos sujetos con derechos y obligaciones. El "no me meto" , "soy de otro barrio" es una actitud de desinterés,con el "no me importa", no usamos nuestros derechos a información, a saber, a conocer, y luego vienen las quejas, apagones, cacerolazos, funcionarios que deciden lo que vos no habías planeado que decidieran (ya nos pasó!); con la indiferencia das poder, das espacio y siempre alguien lo toma, de cualquier forma, hasta con las peores consecuencias. Vivir en un Estado organizado democráticamente implica algunas responsabilidades. Hay que crecer.
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  3. Tu nota parece ser una justificación de por que algunos no hacen nada en politica. Pero quien te obliga a vos y a los que no quieren hacer politica o ni les interesa a hacerlo???? quien te presiona a vos o a otros a meterse?. Parece que fueras acosado por una multitud que pretende obligarte a militar. En lo personal sí además me parece una comparación nefasta la que haces de los pibes que militan y los que estan todo el día con la play, una simplificación barata atacable por cualquier angulo, hasta el de la salud si querés. Que país generoso este, realmente cualquiera dice cualquier papa y lo publican como una nota periodistica!
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  4. Siempre hubo quienes se comprometieron y otros que la vieron pasar. No hay que juzgarlos, todos tienen su modo de vivirla. Lo que no hay que hacer es verlo de afuera y decir que está todo mal y no interesa cambiarlo porque siempre va a ser así. Es malo, negativo fomentar eso. Es una especie de apología al "no te metás porque es al dope". Mejor que se metan, opinen y participen. Como sea y desde donde sea, aprovechemoslo!! Derecho que no se ejerce, se pierde. Es como el art. 58, la escala salarial del C.C.T. 17/75
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