opinión

Candela y el porqué de tanta violencia

Sabemos que la sociedad nos violenta, que el desborde informativo nos atrapa y nos angustia, que ayer hubiera sido un día para olvidar, para no ver las noticias ni leer ninguna nota relacionada con el asesinato de una niña. ¿Quiénes desamparan a los niños? ¿Quiénes cargan con la responsabilidad? ¿Ellos? ¿Nosotros?

Que la violencia se ejerza sobre los niños y adolescentes, indigna. Perturba. Angustia. Y por lo tanto paraliza. Nos quedamos sin palabras y cambiamos de tema para evitar enfrentarnos con lo siniestro que nos acerca a la pregunta ¿Podrá pasarme a mí? ¿Qué nos sucede? ¿Qué sucede cuando nos vemos atravesados por “noticias” como estas?

Buscamos permanentemente sentirnos protegidos, amparados en algo mayor que nos sostenga en la “ilusión” de que nada nos pasara, que alguien nos protegerá.  En principio la familia, luego la escuela, el Estado y la religión (la creencia, en algún momento hablaremos del tema).

¿Qué nos sucede cuando la institución familiar se quiebra? ¿Qué sucede cuando la figura del padre ya no cumple el rol de acotar los excesos? En la familia el padre, en la escuela el docente o director, en la sociedad el Estado. Funciones paternas que estructuran y hoy se encuentran devaluadas. Hoy asistimos a la proliferación de sujetos a los que la sociedad (¿quiénes?) propone, excederse. Un sin límites que avergüenza a los podemos sentirla. Imperativos de la época que nos desorientan.

En esta situación también se abre el camino de la violencia. Ya que al quedar desamparado de una identificación parental que lo resguarde, de un significante amo que oriente, el individuo deja de estar representado por un significante que ponga freno al empuje hacia un goce inmediato. Frente a la crisis de la familia, de la escuela, del Estado,  quedan entonces las comunidades. El grupo toma el relevo del padre, porque da un nombre y el de la madre porque procura cuidados solidarios. Lo que sucedió estos días, la movilización de los artistas, del barrio, de la comunidad…Vienen a suplir la falencias de estos Padres fallidos y hace de semblante, en tanto el sujeto encuentra en ellas, vía la identificación un aparente amparo. Pero este amparo no es tal y se pone en evidencia en que no hay freno a la pulsión de muerte.
Nos encontramos, sin quererlo,  nuevamente indefensos.

¿No se trata entonces de ordenar este desorden o de intentar restaurarlo?

¿Podremos pensar  el surgimiento de un orden diferente, un orden que surge cuando el Padre falta?
Opiniones (2)
19 de enero de 2018 | 05:17
3
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19 de enero de 2018 | 05:17
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  1. ...con la opinión de monky. Hablar en difícil no es sinónimo de inteligencia ni de sabiduría. Es sólo una forma pretensiosa. Mucho ruido y pocas nueces.
    2
  2. qué bolazo de nota
    esos pensamientos enredados y tautológicos de psiconálisis barato
    1
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