opinión

 Crispación vs. "Cris pasión"

Empezamos el sábado pasado: la idea es ver la realidad con otros ojos y tomarnos -en medio del despelote cotidiano- las cosas con un poco más de humor. Entrá y opiná en la columna satírica de MDZ.

La versión crítica de Cris pasión.
Estoy un tanto confundido con lo que se escucha por ahí; al parecer, la distancia entre la realidad y la ficción discursiva, o entre lo que dicen unos y lo que propagan otros, o más concretamente entre los dichos de oposiciones varias y oficialismos surtidos, es ya algo así como el abismo más profundo de todos los océanos.

Desconcierta, porque si uno escucha, por ejemplo, a un Macri cualquiera, se anoticia de que Buenos Aires está en una época de crecimiento, mejoras y esplendor que pronto dejará a la Atlántida que describió Platón a la altura de Las Catitas, dicho con todo respeto. Y si escucha a la oposición porteña K o de Pino Solanas, en los últimos cuatro años la capital argenta se transformó en una porquería insufrible, decadente de toda decadencia, apestosamente mugrienta y con un gobierno que muestra una falta de solidaridad y una insensibilidad digna de regentes de los Gulag estalinistas.

Mi intuición masculina (que también existe) y la experiencia de cascoteado chimango (apenas) cincuentón me indican que, como decía mi abuelita la solterona, “Ni tanto ni tan poco”. De hecho, la última vez que fui, hace unos seis meses, vi una ciudad endiabladamente complicada (más de lo necesario, incluso) pero con muchas obras y mejorías en progreso más una vitalidad cultural que no podrían frenar ni todos los peores gobiernos del mundo juntos. Si uno se deja llevar por la catarata de declaraciones mediáticas,  solo le queda ponerse de un lado a morir, o del otro a muerte. Blanco o negro, nunca un gricesito de esos que descansan la vista; y lo peor del asunto es que la realidad nunca tiene semejante extremismo cromático; siempre es gris, sea este más bien clarito o tirando a oscuro. Pero aquí no hay tu tía; o estamos en el horno con papas y morrones, o nadamos en prosperidad. Ya ni siquiera nos queda la pastosa voz del pingüino mayor, recordándonos que “Salimos del infierno, y todavía estamos en el purgatorio”. Ni eso.

Otro tanto podemos decir de todos los demás, sean aspirantes a colgarse de cualquier presupuesto nacional, provincial o municipal, o que pretendan seguir estando en tan cómodas posiciones. Acá a la vuelta, sin ir más lejos porque no hay nafta, escuchamos al probable próximo embajador argentino en Somalia Celso Jaque ponderando como muy buena su propia gestión (parece que si no lo hace él no lo hace nadie más), mientras la oposición la tilda de ser la peor desde el plegamiento tectónico que originó la cordillera. ¿No será mucho?

Seguramente, como decían en “Los Expedientes X”: “La verdad está allá afuera”. Bueno, siempre pasa que en estas épocas pre electorales se busca magnificar logros y fracasos, y cada acierto o cada patinada tanto de opositores como de oficialistas se transforma en un proyectil envenenado. Quizás porque los políticos entran en celo, es como su época de brama. Y no se trata de  ninguna novedad. Pero muy pocas veces se ha visto como ahora semejantes diferencias de apreciación. Para ilustrarlo mejor, imaginen que uno se levanta cualquier mañanita de estas, pone la radio y en una emisora escucha que afuera hay 25 grados bajo cero, vientos gélidos de 120 kilómetros por hora y caen rinocerontes de punta; horrorizado, cambia de sintonía y oye que tenemos 21 grados, un sol espléndido, brisas caribeñas y por las verdes colinas viene Julie Andrews cantando “The sound of music”. No es serio, señores.

Lamentablemente, al común de los mortales solo nos queda informarnos por los medios para poder tener una mirada abarcativa de la realidad, sea ésta cual fuere, porque no podemos estar en todos lados. Y en los medios aparecen ellos, estos que les digo, diciendo lo que digo que dicen. Eso fomenta extremismos surtidos, miradas sesgadas, opiniones sin fundamento y el temible “SI.LLE.TE” (Síndrome de Llenamiento Testicular) cuando uno se harta de no encontrar un cacho de ecuanimidad en nadie. Entonces se pone a ver una repetición de “Peter Capusotto y sus Videos” o el programa de Tinelli (según los gustos) porque le parecen más realistas. Aunque si es por mí, recomiendo alguno de esos documentales sobre suricatas que mandan en el Animal Planet.

Incluso tenemos expertos/a en calamidades y bienaventuranzas, como la señora Carrió, que ya debe haber batido la plusmarca argentina y  sudamericana de vaticinar catástrofes, una auténtica profesional del asunto, un ejemplar que solo puedo haberse desarrollado aquí. Es tal vez la mayor máquina de profetizar absurdos desde Nostradamus hasta nuestros días. En el extremo opuesto, vemos al fresco Ministro y candidato a Vicepresidente Amado Boudou, que con su sonrisa como un piano nos anoticia a cada rato que acaban de otorgarnos a todos la visa al paraíso.

Qué se yo…lo que veo en la calle viene mezcladito, entreverado, tal como es la vida misma, una de cal y una de arena. No existe un gobierno que sea puro éxito y acierto, ni que sea mera desgracia e inoperancia. Ni siquiera nosotros los hemos tenido, y mirá que le pasamos muy cerca al segundo rubro. Pero claro; para la enorme mayoría de los políticos que supimos conseguir, eso de la “calle” es una entelequia similar a ciertas abstracciones tales como “la gente” o  “el pueblo” (eternos fetiches reciclables) ya que rara vez la pisan. Es territorio de nosotros los representados, pero lamentablemente no de los representantes.

Es que los gobiernos se parecen a los pueblos que los engendran, dicen por ahí, porque no nacieron de gajo (es bueno recordarlo) y en tanto y en cuanto respeten la institucionalidad harán las cosas mejor o peor, ya se verá en cada caso y en base a eso los evaluaremos. Lo importante es no dejarse aturdir con las despotricaciones terminales ni con las alabanzas acríticas que parecen ser lo único que se escucha hoy. Lo más grave, de todas maneras, es que los señores y señoras dirigentes que están destinados a, justamente, dirigirnos hacia el destino de grandeza que se nos va corriendo cada vez que nos acercamos, no parecen estar escuchando otro sonido que el de sus propias voces. Y ahí radica el peligro mayor, creo humildemente.
No estoy pidiendo unicidad de criterios, ni una casta política que casi  no muestre diferencias entre sus miembros (onda países nórdicos) Sería antinatural para nuestra calentona idiosincrasia latina; pero un poco de concordancia entre lo que realmente pasa y lo que se dice sería como una bocanada de oxígeno en el marasmo de confrontación en el que estamos. ¿Si?

 
Opiniones (4)
17 de enero de 2018 | 04:32
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17 de enero de 2018 | 04:32
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  1. ME ENCANTAN LAS NOTAS DE ESTA PERSONA, MUY ORIGINALES Y REALISTAS!!!
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  2. Si sólo nos quedamos en creer lo que dice uno o el otro, estamos perdido. Está bien tener referentes, pero es MUY cierto esto que decía tu abuelita solterona: "Ni tanto ni tan poco", escuchemos a los referentes de lo que apoyamos, pero siempre escuchemos también al otro. Las dos campanas tiene sus versiones y la tercera somos cada uno de nosotros.
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  3. ni estado de terror. Solo bastará con meterse la mano al bolsillo, (el de la plata) y mirarse al espejo. Mirar los rostros de tu familia. Mirar los rostros de tus vecinos, de tus compañeros de trabajo, de quienes transitan las veredas a 2.000 por hora sin saber porque van tan apurados. La imagen que recibirás de vuelta en tus pupilas, será la que te dará el verdadero estado de las cosas. Esa muda mueca percibida será la que a gritos te dirá cuál es la sensación que cada uno percibe de su actualidad y de su futuro. Que sumado, será el consenso general de la única realidad, sin ningún maquillaje partidario ni opositor. Muchos asistimos alelados al muestrario crispado de descalificaciones que derrama la punta de la pirámide hacia quienes osan no meter en urna un crédito a su favor. Por algo será. Le falta el espejo genuino. Debería romper el espejito.... espejito, ¿quien es la mas linda....?? Lo dije.
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  4. Siendo muy seguidor de quien escribió esta nota, le devuelvo una idea de un tipo común con ganas de crecer como tenemos casi todos los que me rodean en mi clase social. Veo que las voces de todos y de todas en toda la República Argentina tienen dos campanas. Pero en la realidad política no hay dos, sino muchas más campanas. A qué hago referencia? En el común de la gente como yo, creemos o nos han hecho creer que hay dos ideas políticas que hay que votar este 14 de agosto y 23 de octubre respectivamente: estar o no estar de acuerdo con la ideología madre del gobierno de turno (K). Sin embargo, la política, o mejor dicho, los representantes de la política en nuestro país, son más de dos, ya que en la oposición misma (aquellos que nos dicen No con este gobierno) encontramos a 5 o 6 tipos diciéndonos que con ellos el país estará mejor. Esto nos lleva a concluir seriamente en que la política argentina tendrá una elección clasificatoria al 23 de octubre, que nos mostrará quiénes son los dos políticos más emblemáticos que nos lleven a ver con más claridad la idea que planteo al principio de esta opinión: estar a favor o en contra del actual gobierno. Tendremos a una Cristina gloriosa por haber logrado más del 30% de los votos en una interna, y en un segundo lugar muy lejos, a penas superando el 15%, un opositor (cualesquiera que fuera), que acercará la idea de que ese es el que más puede complicar la ideología de la actual presidenta, que nos dice que ella ganará ampliamente en una primera vuelta electoral (fíjese señor lector, que no es muy difundida la fecha de la segunda vuelta... yo no la sé). Pero ahí hay un dilema: ¿Será capáz la oposición de abandonar sus propias voces diciéndo "yo soy el mejor", para unirse con TODO a ese que quedó en segundo lugar y que puede destronar "olímpicamente" a la Señora Presidenta? o ¿Tendremos más de lo mismo para el 23 de octubre y la Presidenta logre superar esto como quien supera un partido en la PlayStation de su casa?
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