opinión

¿Quién nos cuenta lo que no recordamos que hemos vivido?

¿De qué materia están hechos los recuerdos? ¿Serán gotas desvanecidas y agotadas que dibujan su senectud con una aureola indeleble? ¿Acaso olores que remiten a cosas que remiten a momentos que remiten, que remiten, que remiten?

¿Quién nos cuenta lo que no recordamos que hemos vivido?

Ya me habían contado algunas historias parecidas. Creo que las oí en  juntadas familiares en veranos secos de zondas hirvientes, entre guitarreadas y vinos blancos de uva moscatel, allá, en la letanía de patiecitos cuadriculados de un San Juan perdido por los terremotos.

Mirando un punto fijo en el horizonte ondulante por el solazo que evaporaba las veredas de cemento, bajo los paraísos, tirándole las pelotitas a la veintena de chocos que disponían pasar la siesta eterna; creo que fue en esos contextos que mamé las leyendas de mis mayores, hoy borrosas en el recuerdo.

Y será por el hastío de un presente invariable que la memoria vigilante se empeña en combatir, que la historia y sus trayectorias humanas no yazgan como mustia flor ni tango olvidado. Esas siestas de chocos en trineos pobres sacuden y reponen la certidumbre de que hubo mareas bajas y mareas altas en la inmensidad de la infancia imaginada.

Porque de eso se trata cuando nos ponemos grandes, de imaginar la infancia y contárnosla a nosotros mismos, relatárnosla a tientas como quien se disfraza de fantasma con una sábana y sale a caminar por la noche oronda.

Hábitos del corazón, audiencia del cielo. Desierto mental pérfido. Todos avatares escamosos de silencios que tejen tramas como arañas compañeras, mientras una muere la otra cincela la manta que protegerá el recuerdo, la remembranza y la calidez de la anécdota.

Como hojas voladoras que nunca caen, que sobrevuelan cada vez más alto, que parecen perderse para la mirada, el recuerdo flirtea en los intersticios y queda adormilado en las juntas de las ventanas o en las alfombras de mugre debajo de las cocinas.

¿De qué materia están hechos los recuerdos? ¿Serán gotas desvanecidas y agotadas que dibujan su senectud con una aureola indeleble? ¿Acaso olores que remiten a cosas que remiten a momentos que remiten, que remiten, que remiten?

En fin, ¿Quién nos cuenta lo que no recordamos que hemos vivido?

No hay recuerdos falsos, más bien hay recuerdos dormidos.

Opiniones (18)
16 de enero de 2018 | 04:43
19
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16 de enero de 2018 | 04:43
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  1. que Marce tenga otros porreros que lo defienden....
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  2. que Marcelo tiene otros porreros que lo defiendan....
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  3. ¿Qué te habías tomado? ¿Un frasco de perfume 'Mujercitas?
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  4. que pedazo de maricones escondidos tras un pseudónimo, les faltan huevos, vayan al local del PD o al episcopado, compren alguna revista pedófila y encierrense en el baño...
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  5. "Parece que lo estamos disciplinando bien". Ese narcicismo autoritario... la gente es lo que es, y Marcelo no deja de ser aquello por ser también un poco de esto... todos los somos de hecho, pero él le pone palabras... Lo que suele pasar es que no soportan escuchar-se Si no se encontraran identificados en los que él dice, no se sentirían enojados, es proyección lo de ustedes, así de simple. No están de acuerdo, pero ejercen la misma violencia de la que lo acusan, pero en sentido contrario (y a veces diría que mucha mas). De quien es el complejo, entonces? Yo que algunos, me quejaría un poco menos, me haría cargo de lo propio que me reflejan los demás y me dedicaría a disfrutar los bellos textos de Marcelo, que tanto enojo no habla de otros sino de nuestros propios complejos.
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  6. Hasta cuando no putea lo siguen criticando!!! Gente, les repito, hay otros columnistas que les pueden aportar algo mas para crecer, no pierdan tiempo y den lugar a lo malo conocido.
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  7. Composición de primaria, palabras presuntuosas mezcladas en una licuadora. La idea central me parece buena, pero creo que se pierde embarrada en tato rosa-rojo-rococó, querido. Igual, siempre hay alguno al que le va a gustar. Guárdalo para el próximo libro revolucionario, chico. No te lo tomés a pecho, va con cariño, onda y un poco de humor para tomarnos mejor esta vida de m... Fuera de joda, a veces escribís muy bién (según mi gusto, claro), pero éste no ha sido el caso.
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  8. He llegado a pensar que Marcelo tiene dos personalidades Ambas inteligentes y muy apasionadas ..pero...hay una llena de viejos dolores y resentimientos que explota dentro y cuando se hace cargo del hombre intenta destruir al escritor (que es bueno , realmente bueno )a veces yo leo en sus agresiones , mucho de agresion a si mismo. En fin ..... perdon por mi tonto analisis .......Hoy he leido al escritor.
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  9. Lo del Liceo ya pasó... a mi tampoco me gustó esa nota y en su momento la critiqué. El relato de hoy es muy bueno. Por qué no lo lees y nos contás que opinión te merece?
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  10. disiento. Marcelo Padilla no es *coso*: es un excelente escritor que algunas veces se va al pasto y otras veces escribe excelentes relatos como éste.
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