opinión

Sobre la cresta del monte maldito

La columna de Padilla. En algunos momentos corría de golpe entre las casas pegadas –;no como un perseguido en una favela de Río- sino como un buceador supino que registraba con su cámara el trajín de la experiencia. Había perros; sin embargo nada era peligroso allí, en ese islote de 1500 o 2000 habitantes, perdido en el mar y protegido por el sol y la luna.

Sobre la cresta del monte maldito
Creo que estaba en el despeñadero cuando se acercó ese grupo de niños bulliciosos a soplar a los peces. Yo salía de mi cuerpo –o mi alma se quedaba y era el cuerpo el que salía- y me zambullía en el mar, desnudo, hundiéndome lentamente. Los peces se acercaban mansos a la escollera y eran grandes e inflados, especialmente livianos. Tan era así que algunos salían flotando en el aire como si fueran globos con gas. Por eso estaban ahí los niños. Era un espectáculo al caer la tarde. Yo vi cómo los niños los agarraban en el aire y los explotaban como piñatas de cumpleaños. Naranjas furiosos y celestes veteados en degradé con el rojo carmesí. Amarillos de otoño con trazos negros. Todos los peces tenías gestos serios y los ojos inmutables. Y yo, cuando salía de mi cuerpo de nuevo –o mi cuerpo salía de mi alma- y me arrojaba al mar hundiéndome lentamente, los peces, repito, se acercaban en plan sociable, y me rozaban el cuerpo –o el alma- bajo el agua prístina y tibia de otoño, en el despeñadero.

No sé bien, a ciencia cierta, si se trataba de Uruguay o de un país tipo Belice o de la isla de Lampedusa o Aruba. Pero el sitio bien podría ser una síntesis de todos estos lugares. Recuerdo que salí de una casa -supongo que arrendaba para vacacionar con mi familia-, a caminar por ahí. A testear la zona, sentir el perfume del lugar y observar a las gentes bajo el cálido otoño.

Un otoño en esos lugares es como un verano en Neuquén, imagino. Todo lo imagino. En algunos momentos corría de golpe entre las casas pegadas –no como un perseguido en una favela de Río- sino como un buceador supino que registraba con su cámara el trajín de la experiencia. Había perros; sin embargo nada era peligroso allí, en ese islote de 1500 o 2000 habitantes, perdido en el mar y protegido por el sol y la luna.

Reitero que corría por momentos, de golpe. En otros, caminaba entre los fondos de los caseríos que no tenían límites físicos. Había plantas o solo pasto y piedras porque parecía que mientras corría, subía en forma caracol una zona montañosa, algo así como el Cerro San Cristóbal en Chiapas, imagino. Todo lo imagino.

“Disculpe señora” le dije a la mujer que me topé en su propia cocina luego de vagabundear por los fondos y sin darme cuenta, entrar a los comedores. “No se preocupe señor, acá es así, los que vienen siempre se pierden. Eso sí, jamás pueden volver de donde vienen”. “Cómo señora, ¿acaso no hay un camino de retorno?”, “No señor, se viene a este lugar y se sube el monte, pero no hay forma de volver. A medida que usted sube, el camino que deja atrás desaparece y se pierden los rastros y las huellas. Igual no se preocupe que aquí se vive bien, yo vengo de Colombia y quedé aquí nomás, no se hace nada más que rezar y fumar plantas silvestres, y por las noches cantar como lobos mandando mensaje a los seres queridos que han quedado en los lugares de donde venimos”.

Estupefacto, no atiné más que a mirar hacia atrás, transpirado, el corazón golpeteando a todo ritmo como un candombe, satanizado como si estuviera en New Orleans bajo un rito, sonando como en las ecografías, cuando le ponen a la madre a todo volumen el corazón del niño en su vientre. Estaba con el torso desnudo y la tarde caía, implacable, sobre un mar sin nombre que podía apreciarse sobre la cresta del monte maldito.
Opiniones (16)
22 de enero de 2018 | 07:30
17
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22 de enero de 2018 | 07:30
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  1. muy lindo cuento para una tarde valletana, nublada y soñolienta, escuchando el violín de david garrett y saboreando un pausado mate amargo
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  2. Morrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr de mi vidaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!! Andá haciendo la lista de invitados!! No veo la hora de leerte cuentitos de Padi...es cierto.. me dá cosita.. como asquito...qué se yo vio??
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  3. te llamarías pepitadekaos??
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  4. Estoy taaann ilusionado, si supieras lo bien que la vamos a pasar juntos..... No te dá cosita en la pancita???
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  5. Ves que vos también sabés escribir pavadas? Viste que podías, giluncito mío..... Y que pasó? Te dolió escribir algo por escribir nomás? Se te cayó un dedo? Te excomulgaron? Viste que nada de eso pasó? Si buscás en vos mismo un dia vas a poder ser feliz, sin resentimientos y dejando a los demás que hagan la suya, sólo te falta un poquito mas de cerebro, pero ya llegás, no te hagás problema. YU te equivocás con los tríos, no es por una cuestión de poca fé, no pasa por ahí, pero para eso, todavía te falta un poco.
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  6. No te pongas celoso.. hay lugar para vos también...
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  7. Sos re-trola!!!! jajaja!!!
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  8. ...Ahora entiendo, se trata de la Isla de Guilligan, donde en la cresta del monte; KKaos se casará con pepi(pobre..) y vos vas a ser testigo, se supone que de rezar nada, pero se van a fumar plantas silvestres o pakko y observar a laS genteS en plan social soplando a los peces de colores.No se olviden si se van de luna de miel paguen el impuesto en ezeiza, y pepi, cuidado con la compu no te la vayan a confiscar.Todo muy lindo pero será necesario la ayuda de padilla, tan poca fe se tiene solo mijo.-
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  9. Cuánta felicidad me da leer esas hermosas frases!!!! Y respecto a lo de leerme por las noches, no lo tomés como una tortura, pensá en las caricias que te regalaría mientras lo hicieras. Tal vez, si no es abusar, alguna noche hasta lo podríamos invitar al padilla a que comparta nuestro lecho, y en vez de leerlo, nos cuente sus cosas mientras nos divertimos. No te parece apasionante?
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  10. Yo por vos me hago atea también..y te juro que hasta soy capaz de bancarme la tortura que sería leerte los cuento de Padilla por las noches...
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