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Un “algo habrán hecho” fuera de época

Un “algo habrán hecho” fuera de época

Insistir en cada comunicación oficial que se hace en torno a un muerto o un herido en hacer trascender su prontuario, real o imaginario, sospechado o impreso en sede judicial es una tremenda cabronada, así, con esas palabras.

Es como sobre cada persona que se enferme, con  tal de morigerar el impacto de las estadísticas, se ponga el acento en sus costumbres alimentarias, físicas o en sus antecedentes. O peor: es hacerle el caldo gordo a la mayor cabronada de todos, como fue echarle la culpa de su desaparición a los desaparecidos, con aquel típico “algo habrán hecho”.

Desde hace un tiempo esa fórmula está siendo reutilizada en Mendoza. No con la dramática precisión que le otorgaron los genocidas. Pero con el imperio de esa norma no escrita, los informes sobre homicidios comienzan siendo transmitidos con una sospecha sobre el muerto.

Así, cuando mataron a la chica en Rodeo de la Cruz hace unos días atrás, se puso el acento desde el principio de la siempre difícil comunicación entre periodistas y fuentes oficiales en lo presuntamente “raro” del hecho, del horario, de las circunstancias. No hubo absolutamente nada que decir sobre la víctima y, por lo tanto, tuvieron que confirmarlo.

El viernes, en un noticiero de televisión se habló insistentemente en torno a un “delincuente que fue baleado”. Sin embargo, prolíficos en detalles sobre el pasado de la persona que recibió siete impactos de bala en su cuerpo, no se supo qué decir en torno al agresor.

Para afirmar que el acribillado es un “delincuente” se tuvo acceso a su prontuario y la información en torno a que recientemente salió en libertad tras cumplir su condena en la cárcel.

Claro, teniendo en cuenta que el baleado era un “delincuente”, el caso policial pasó a neutralizar su impacto bajo la siempre latente frase mencionada, lo que transforma al hecho en algo que salvajemente podría ser denominado por las fuentes de la noticia como un “ajuste de cuentas” o lo que es lo mismo de brutal: “control ecológico”.

Suena extraño que en estos tiempos y en una Mendoza que se dice adherente de una política nacional de reivindicación de los derechos humanos se busque así de livianamente zafar de la responsabilidad de brindar seguridad, cargándole las culpas al muerto o al herido.

¿Qué sería de la misma noticia si el herido hubiese sido un delincuente de “guante blando”, una persona de influencia social, un empresario evasor o un político castigado por el Tribunal de Cuentas? ¿Se filtrarían con la misma facilidad esos antecedentes?

Por “suerte” la realidad es preciosa: estas últimas personas no son afectadas por la inseguridad, ya que si lo fueran, estaríamos escuchando sus antecendentes por los medios y, la verdad, no está ocurriendo eso.
Es una vieja (y mala) costumbre de los medios de comunicación agradecer la información que debiera ser pública como si se estuviese revelando el secreto mejor guardado por el Priorato de Sion. Y también es una maña de las “fuentes oficiales” -que cada vez tiene menos cabida- orientar el sentido de la noticia que están dando, de forma tal de recibir el menor rebote en contra posible.

Sin embargo no tienen en cuenta el daño que están ocasionando a la credibilidad propia, de los medios que pretenden usar y de la vida en sociedad.

Porque se basan en una realidad virtual, la que quieren escuchar. Pero también se basan luego en ella para usarla como diagnóstico publicado. Allí es cuando todo se torna un círculo vicioso: te doy una noticia “retocada”, la publicás, la leo y ¡me la creo!

Y a pesar del contundente mensaje que la sociedad les da a quienes gobiernan la seguridad, señalándola como una materia pendiente, insisten con la receta falaz.

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16 de enero de 2018 | 15:17
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