opinión

La educación en Chile pide auxilio

Arturo Marcos Garcetti, ex secretario del SUTE, se enfoca en el caso chileno cotnado por MDZ.

En realidad y bajo las formas elegidas por el Ministerio de Educación chileno, es un pedido de auxilio.

Es un grito de impotencia del sistema educativo ante la imposibilidad de cumplir la misión impuesta, en un contexto social netamente adverso.

Está faltando lo que el filósofo español Jose Antonio Marina rotula con acierto como " una cultura para la educación".

Si la educación como creemos muchos tiene como objetivo macro trasmitir a las nuevas generaciones los valores culturales imperantes para garantizar la continuidad histórica de la sociedad, es más que obvio que en la actualidad, no hay mucho para trasmitir como valor ponderable.

Más aún, no solo alarma la escasez de estos valores, sino la prevalencia de hábitos de vida y formas de comunicación que son claramente antitéticos con los postulados por el sistema educativo a través de sus escuelas y sus educadores.          

En el dilema, el sistema educativo, impotente,  ¿a quiénes puede acudir sino a los padres, corresponsables en la tarea de educar?

En realidad, la pomposa denominación de "contrato de honor", es solo una forma simbólica que a mi entender, solo busca de alguna manera patentizar un compromiso (contrato) y rescatar un valor hoy casi exótico: Honor.

No me parece justo censurar la "unilateralidad" del compromiso, porque los derechos de la "otra" parte, los padres, pueden y deben ser exigidos a la hora de elegir a los responsables de la conducción política que arbitrará los medios para garantizar la educación que la mayoría plebiscite.

Además, es una forma inicial de democratizar en el buen sentido, a la educación.

Este propósito ha sido alegremente enunciado en nuestro país, sin haber instrumentado con seriedad y continuidad, mecanismos inestitucionales conducentes.

Lo que hoy pasan como formas democráticas, son las tomas de colegios, cuestionamientos pedagógicos, repudios varios apoyados por padres mediáticos desaforados que exigen a directivos y docentes conductas y ejemplos que ellos mismos no pueden garantizar ante sus hijos, sin olvidar los destrozos vandálicos que debe pagar la sociedad en su conjunto.

Frente a este cuadro de situación  propio, me parece un buen intento lo que ha puesto en marcha Chile.

No va a significar la panacea, pero ayudará al país a superar el estado actual de su educación pública.

Por pequeño que sea el porcentaje de padres que cumplan el compromiso, serán un ejemplo a seguir, en una etapa histórica en la que no abundan.

Es por lo menos una voz que se levanta para llamarnos la atención sobre una problemática verdaderamente de fondo, a la que nosotros pretendemos vanamente disimular con computadoras, olvidando que las herramientas son sólo eso: Herramientas.

Y que más importa la formación integral del hombre que ha de manejarlas.

En lo menudo del contrato, los maestros agradecerán tener alumnos más descansados en las aulas y más acompañados por sus padres en el trajín escolar.

Si sólo se lograra la cláusula de una hora diaria de televisión, ya todo este esfuerzo estaría ampliamente compensado.

(*) Marcos Garcetti fue legislador, funcionario y titular del SUTE.                                   

Opiniones (0)
20 de enero de 2018 | 06:59
1
ERROR
20 de enero de 2018 | 06:59
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    El ciclón que congela a los Estados Unidos
    4 de Enero de 2018
    El ciclón que congela a los Estados Unidos