La pelota, más manchada que nunca

Es fácil intuir peleas sórdidas por poder político y económico y sus negocios derivados detrás de un fútbol profesional cada vez más empobrecido en principios y jerarquías y salpicado de corrupción. Presiones, denuncias, operaciones, y sospechas escandalosas de “arreglos” de coimas y de resultados deportivos salen a la luz, en medio de una batalla política de múltiples intereses cruzados.

La pelota se mancha.

Casi nada de lo que vemos en el fútbol es real. Se ha terminado montando un escenario donde los hechos que suceden, en realidad, son la cortina de otros sucesos mucho menos inocentes y genuinos que una pelota en juego o que la pasión de un hincha.

El hombre común, el argentino que va a la cancha de vez en cuando o consume fútbol por televisión sabe, intuye, huele, que detrás del fútbol profesional, de la mágica pelota que todo lo puede; hay negocios muchas veces inconfesables. También entiende, porque en el fútbol se reproducen varias de las prácticas de la política, que lo que se dice rara vez coincide con la realidad. No sólo los jugadores y los técnicos se “ponen el cassette” después de algún resultado desafortunado.

La ilusión, la ingenuidad, el amor incondicional del hincha, el “esperar” de cada fin de semana como si fuera el último, las charlas diarias, la pasión por los colores, la camiseta, por nada y todo a la vez del 90 % de la gente que vive realmente el fútbol son utilizados, pisoteados, bastardeados desde hace mucho tiempo por el 10 % restante. Todo lo genuino que el fútbol tiene y debería tener, es destrozado de a poco por intereses que no tienen nada que ver con el alma de este juego.

Piensa mal y acertarás, dice el refrán.

Por estos días, hemos visto un largo rosario de irregularidades, algunas presuntas, otras evidentes; con sus consecuentes acciones y declaraciones, que ofician de “round mediático” de una larga pelea de poder y negocios que involucra a dirigentes del fútbol, clubes de distintas divisiones, árbitros, políticos, medios, funcionarios de distinta índole, periodistas, conductores, barrabravas, y hasta el gobierno nacional. Todos han sumado para ensuciar la pelota, aquella que no se mancha, a causa de intereses que si no tienen que ver con la política, lo tienen con el dinero, o con ambos a la vez. Desde hace algún tiempo, en la Argentina van ambos de la mano.

El fútbol ya casi no tiene jerarquía. El campeonato es paupérrimo y cada vez resulta peor. Y los jugadores de valor emigran rápido, porque la irresponsabilidad de los dirigentes ha hecho que se paguen y trafiquen fortunas generando distorsiones económicas que terminaron fundiendo a los clubes y comprometiendo su patrimonio, hasta llegar a la entrega política del fútbol a una facción gobernante que aprovechó la coyuntura para hacerse de una importante boca de expendio de propaganda.

Hoy, todos en el fútbol son más o menos lo mismo. Los aparentemente “buenos” y los supuestos “malos” son las dos caras de una misma moneda, los actores de una farsa donde nadie dice nada en serio. Todo es simulación, tras la que se esconde una pelea sórdida por negocios, poder, influencias, y finalmente dinero, algo que una parte importante del periodismo ha silenciado.

El “show” de los últimos días alrededor del fútbol invita a desconfiar. Para el hincha, es fácil suponer que tras las denuncias explosivas de un árbitro, puede haber más asuntos que no se mencionan, o que la lucha por “democratizar” el fútbol es una cara más digerible de la verdadera pelea por el poder y las “cajas” que manejan otros. Que el video que vincula a Grondona con la Dictadura, emitido especialmente en un canal de TV, no fue elaborado para sanear un ambiente viciado, como tampoco la respuesta está sólo dirigida a defender honores ofendidos. Que si 13 de 14 diputados nacionales del kirchnerismo le quitaron el apoyo al proyecto de ley que cambia las reglas de juego de la AFA, no es porque quieran estudiarlo mejor, si no porque recibieron una orden política. Que si el presidente de un club importante se desgarra las vestiduras y sobreactúa los fallos arbitrales, tiene que ver con el mismo circo de apariencias. Que si Clarín se ocupa o no de estas peleas, y cómo, también conlleva un mensaje que ni siquiera es subliminal, sino que equivale a un obús disparado desde la trinchera más obvia.

Todo tiene que ver con todo. El dinero de la TV, los 1.200 millones de pesos al año que la AFA maneja “sin control” según los opositores a Grondona, el Fútbol Para Todos –muy deficitario- los ingresos por publicidad, la pauta oficial, el dinero por entradas, por derechos, por la Selección, por las transmisiones, por los pases mega millonarios de los jugadores (otra fuente de negocios sospechados que ha incluido hasta la falsificación de documentos y datos personales), las necesidades y la avidez de clubes desfinanciados, la mayoría fundidos y mal administrados, y la ambición desmedida de dirigentes que viven del fútbol y del poder político que brinda… Es un negocio enorme. ¿Quién puede dudarlo?

Para entender lo que ocurre en estos días primero hay que contextualizarlo. Se sabe que el 30 de octubre, una semana después de las elecciones nacionales, la Asociación de Fútbol Argentino elige autoridades. La AFA es comandada con puño de hierro por Julio Humberto Grondona desde hace 32 años. Ni siquiera los vetustos jerarcas de la burocracia sindical argentina han durado tanto en un sillón. Un grupo considerable de clubes, la mayoría de divisiones promocionales del fútbol, se ha lanzado a una cruzada para desbancar a Grondona en pos de una declamada “democratización” de la AFA. El empresario mendocino Daniel Vila es el abanderado del grupo, con el apoyo de algunos ex jugadores como Oscar Ruggeri, y de hombres mediáticos y conocidos. Presentaron un proyecto de “Ley del fútbol” qué, básicamente, le da poder a clubes que hoy no pesan en la AFA, indica “un club, un voto”, y plantea otro reparto de ingresos, más equitativo, según dicen. El proyecto se puede consultar en este link.

El gobierno nacional le dio aire a la idea de “democratizar” el fútbol. Tanto, que el autor formal del proyecto es un tucumano ultra K llamado Gerónimo Vargas Aignasse, a quien Julio Grondona calificó de “gil de cuarta”. Grondona no es sólo el presidente de la AFA. También es el que le dio los derechos del fútbol televisado al gobierno nacional, que ya pagó para financiar a clubes y dirigentes fundidos, y a su vez “empacha” a los televidentes con intensa publicidad de tono partidista en todas y cada una de las transmisiones. De hecho, la Presidencia es el mayor anunciante de las emisiones del torneo “Néstor Kirchner”, y en el Clausura 2010/11 lleva invertidos, a la fecha 12, unos 89 millones de pesos en publicidad.

Nadie puede estar en contra de que en el país del fútbol la gente tenga acceso a la televisación de los partidos. Pero el programa Fútbol Para Todos se ha transformado en una herramienta de propaganda electoral por cuenta de todos los argentinos, justamente, que desde su implementación han costeado con sus impuestos una suma cercana a los 1.200 millones de pesos. Por un producto, además, de mala calidad. Desde la concepción del programa hasta factores técnicos. A veces es imposible ver la pelota, incluso. Pareciéramos estar viendo programas deportivos de la era blanco y negro.

¿Cómo podría avanzar un proyecto de ley de “democratizar” el fútbol, o de cambiar las reglas de juego, con semejante cuadro de alianzas? Era obvio que el gobierno nacional le restaría apoyo al proyecto de Vila y sus aliados para proteger a Grondona.

En los últimos días, hubo más informaciones que –para volver a la metáfora del principio- mancharon la pelota. Un spot de TV que tuvo amplia difusión en los medios de Vila, vincula a Grondona con la Dictadura y con cada uno de los presidentes posteriores, hasta la entronización de la relación con Kirchner. El video termina con la imagen de un anillo de Grondona que tiene la inscripción “Todo Pasa”. El ataque fue respondido en los diarios del domingo con una solicitada que firman muchísimos clubes afiliados a la AFA con dos particularidades mendocinas: No la suscribió Independiente Rivadavia de Mendoza, y sí lo hizo Godoy Cruz Antonio Tomba. “Se ha excedido un límite” dijo aquella solicitada, y encolumnó a clubes de cinco divisiones tras la figura de Don Julio. Este dato, más el incierto destino legislativo del proyecto de ley  “democratizador”, podrían ser el principal indicio de que en la AFA no cambiarán las reglas de juego. Ni las públicas, ni mucho menos las privadas.


La pelea por el poder tiene más condimentos. En las últimas horas, desde el arbitraje soplaron rumores de corrupción. Supuestos penales que no se cobraron a favor de River en el superclásico del último domingo sirvieron de marco para que un ex árbitro -que ya había hecho denuncias- ventilase a través del diario “Libre” que en el fútbol argentino se arreglan partidos, resultados, e incluso campeonatos. Denunció a ex colegas y dirigentes con nombre y apellido, y provocó una jornada de conmoción en el fútbol, al punto que ya hay miembros de la justicia y de la Asociación Argentina de Árbitros pidiendo investigaciones. El ex juez, llamado Javier Ruiz, dio detalles íntimos de cómo se habrían “arreglado” convenientemente algunos partidos. Su denuncia tiene un capítulo mendocino muy fuerte que involucró a Godoy Cruz y a Independiente Rivadavia, por casos distintos: “A Central lo mandaron a la B en 2011... Por ejemplo, hubo un partido que Godoy Cruz le empató en Mendoza sobre la hora con un penal que no fue. Sesenta luquitas se llevó el árbitro. Fijate el penal que gatilló. Cuando empiecen a cruzar llamadas, esto estalla…” dijo el árbitro, pidiendo que se hagan todos los cruces de llamadas entre dirigentes y árbitros. También tuvo su turno La Lepra: “¿Por qué te pensás que River está peleando el descenso? Porque los anteriores dirigentes pedían ser dirigidos por ciertos árbitros y luego no cumplían con lo pactado. (…) Había dos dirigentes de mucho peso que no cumplían. Como no pagaron se corrió la bola y los mataron. Si no pagás son capaces de no dejarte pasar el medio campo. Los árbitros se pasan la bola entre ellos y fuiste. Como Independiente Rivadavia que no cumplió y no ganó más un puto partido” dijo. Después, mencionó al presidente del club en C5N: “Lo veo a Daniel Vila haciendo propaganda contra Grondona y me da vergüenza. Primero que le pague las 25 lucas que le quedó debiendo a (el ex árbitro fallecido Daniel) Raffa”.

En otra denuncia, Marcelo Arredondo, un referí del Argentino A, acusó al ex árbitro Gustavo Bassi de haberle sugerido que favoreciese a Juventud Unida de San Luis en un partido ante Deportivo Maipú, en setiembre del año pasado. Ese partido terminó 1-1. Arredondo presentó su denuncia formalmente en la AFA.

Falta poco para que se acaben los campeonatos y se definan ascensos y descensos. Y en pocos meses más, se definirá la nueva dirigencia de la AFA. En el medio, habrá elecciones generales en el país, con el “Fútbol para todos” como aceitada máquina de propaganda.

La pelota no se mancha, pero la verdad es que se ensucia cada vez más.

Sería muy malo, una muestra de abulia alarmante, que tribunales independientes, la propia AFA, el Congreso, no investigasen las denuncias de “arreglos” de resultados deportivos, de coimas, de negocios sucios alrededor del fútbol. De la misma manera, el fútbol debe democratizarse e independizarse del poder político. Lo contrario sólo favorece el clima de corrupción, de presiones, de negocios fabulosos, de alianzas espurias, de tráfico de influencias, de manejos políticos siempre a espaldas de la gente, del hincha, del apasionado que va a la cancha o prende la TV pensando, de buena fe, que lo que está viendo es cierto.

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23 de enero de 2018 | 07:18
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