opinión

Japón, plegaria por la naturaleza

Yo estuve en Hiroshima. Cuando la gente aún se seguí sacando las esquirlas del cuerpo, después de la bomba atómica.

Yo ví rostros deformados, y partes del cuerpo mutiladas, producto de ese feroz ataque.

Gabriela Figueroa en Japón.
Estuve en el  Museo de la Memora, donde hay una figura de un niño derretida en una piedra, y queda su sombra.

Ví como los japoneses, ante un alerta en la tv de que se había roto un caño de agua, se bañaban en la misma agua para ahorrar, sin que hubiese un Obras Sanitarias, un Epas, nadie que los controlara. Sólo la conciencia de la solidaridad.

Sufridos.

Doloridos, pero en pie.

Por eso no es justo.

La naturaleza no puede ensañarse así con los pueblos que caen y se levantan y vuelven a caer.

La naturaleza es sabia. No puede hacerse la restricción poblacional a base de las muertes de tantos inocentes.

La impotencia de la humanidad se pone de rodillas:

Señor, si es que existes, si es que además de existir y si me escuchas y si me escuchas y tenés piedad de mi plegaria, no permitas que esto siga avanzando, destruyendo, devastando.

Te lo pedimos humildemente desde nuestro cómodo sillón frente a la computadora, con aire acondicionado, tomando Coca Cola, pero sabiendo, como ya entendimos todos, que si lo que le pasa a los seres de este planeta no repercute en todos,  estamos perdidos como futuro.

Amén. O cualquier otra palabra que signifique “así sea” .

Opiniones (2)
20 de enero de 2018 | 13:07
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20 de enero de 2018 | 13:07
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  1. Cuando el joven rebelde se marcha de la casa del padre no puede esperar que el papá le resuelva los problemas y queda expuesto a cualquier desventura... Así también el hombre, cuando se aleja de Dios, le desobedece y rechaza sus alas protectoras, no puede pretender que Dios le arregle los problemas. Y los hombres estamos lejos de Dios: por eso mentimos, nos corrompemos o promovemos el aborto... Aunque ese es otro tema. ¿Creés que merecemos que Dios nos escuche?
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  2. Tal vez Pablo Neruda...
    ... hace cincuenta años, de algún modo estaba intentando responderle a Gabriela. Allí, en el comienzo de la primavera marina, cuando el ave asustada y hambrienta persigue a la nave y en la sal apacible del cielo y el agua aparece el aroma del bosque de Europa, el olor de la menta terrestre, supimos, amada, que Chile sufría quebrado por un terremoto. Dios mío, tocó la campana la lengua del antepasado en mi boca, otra vez, otra vez el caballo iracundo patea el planeta y escoge la patria delgada, la orilla del páramo andino, la tierra que dio en su angostura la uva celeste y el cobre absoluto, otra vez, otra vez la herradura en el rostro de la pobre familia que nace y padece otra ver espanto y la grieta, el suelo que aparta los pies y divide el volumen del alma hasta hacerla un pañuelo, un puñado de polvo, un gemido. Por los muros caídos, el llanto en el triste hospital, por las calles cubiertas de escombros y miedo, por el ave que vuela sin árbol y el perro que aúlla sin ojos, patria de agua y de vino, hija y madre de mi alma, déjame confundirme contigo en el viento y el llanto y que el mismo iracundo destino aniquile mi cuerpo y mi tierra. Ay canta guitarra del Sur en la lluvia, en el sol lancinante que lame los robles quemados pintándoles alas, ay canta, racimo de selvas, la tierra empapada, los rápidos ríos, el inabarcable silencio de la primavera mojada, y que tu canción me devuelva la patria en peligro: que corran las cuerdas del canto en el viento extranjero porque mi sangre circula en mi canto si cantas, si cantas, oh patria terrible, en el centro de los terremotos porque así necesitas de mí, resurrecta, porque canta tu boca en mi boca y sólo el amor resucita.
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