opinión

Las avulsiones de Vargas Llosa

El autor, abogado mendocino, analiza la palabra de Vargas Llosa al criticar a la Argentina. "Me duele profundamente que el más grande literato de la lengua española denueste, critique, demuela".

He leído con sorpresa la desenfrenada crítica de Vargas Llosas para la Argentina. Me duele profundamente que el más grande literato de la lengua española denueste, critique, demuela y que utilice mortalmente el arma más poderosa que tiene que es el lenguaje.

Puede ofender e injuriar con su profundidad literaria, dado la agudeza de su pluma, la versatilidad y el universalismo de su prosa.

Mi crítica no es por su pluma. No podría hacerla, por mi incapacidad literaria, por la  grandeza  del autor y por mi  profana  cultura literaria.  He leído más de diez de sus libros.

Pero este personaje, típico burgués latinoamericano, primero se  escuda y se sienta en París, da clases en Inglaterra y participa como invitado en todos los Congresos literarios remunerados, coquetea con los capitalistas  del juego y pontifica sus ideas, que solo es capaz de desarrollar desde las alturas de los países centrales. Nunca, desde esta Latinoamérica que parece dolerle, pero siempre desde lejos, aún con sus incursiones políticas perdidosas de El pez en el agua. Se alza contra los movimientos latinoamericanos; nunca contra los excesos de los países centrales. No crítica donde vive, Francia, donde se luce Inglaterra o donde le pagan EEUU,  pues sus mercados compran en dólares la maravilla de su pluma.

Ya lo decía Abelardo Ramos  cuando criticaba los escritores latinoamericanos, (Cortázar, García Márquez) que pregonaban desde París las revoluciones de izquierda, siempre que fueran triunfantes, establecieran premios literarios importantes y  que organizaran anualmente un tour de compras; estos personajes elogian desde la pesadez del bronce de  los grandes héroes americanos y los descarnan en su naturaleza humana.

En realidad su personalidad peruana está descripta en La niña mala, en la vida de un traductor ausente, con reminiscencias de su Perú natal, pero si la menor intención de volver para transformar, por asepsia el destino de su pueblo. 

Sus críticas son una avulsión más del Tío Rigoberto, que se regodea en su lascivia, observando las degeneraciones de su mujer, la madrastra, con la candidez deformada de su hijastro Ponchito. Tiene la ideología de la dialéctica hegeliana, que por contradictoria  ha aceptado, o la soberbia del Coronel  que fue incapaz de transformar a Canudos, logrando en su derrota, a manos de los pobres, creyentes, desamparados, la posterior  desaparición definitiva y el genocidio de un grupo de creyentes abandonados.

En realidad eso es lo que pretende. Desde su agnosticismo, se coloca por sobre las virtudes ciudadanas,  en las que no cree y entran en contradicción  con sus ideas, dándose el lujo de criticar sin límite a los países que denosta. La dialéctica, que no ha abandonado, no  obstante su giro a la derecha, el dominio pleno del lenguaje resumiendo la integridad de los clásicos, la versatilidad sinonímica de su literatura y su agnosticismo lo convierten en un ser  peligroso, con una enorme vanidad. Pecado capital en el que no cree y se siente muy a gusto, sin propósito de enmienda. Este Pantaleón, tiene fácil crítica para los sudamericanos,   que no alcanzan a  responder ni comprender las razones de su proceder. Tiene la virtud de transferir responsabilidades, en los más débiles, liberándose de sus complejos.

Si bien es el más grande, no tiene la síntesis y la coherencia de Borges, la fineza y el buen roce de la Fuente, la elegancia de Octavio Paz, ni la poesía de Neruda. Es solo un crítico “malo” que soñaría con ser reprendido por un Rey que le dijera “¡por qué no te callas!”.

Opiniones (2)
18 de enero de 2018 | 01:21
3
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18 de enero de 2018 | 01:21
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  1. Felicitaciones por contestarle al peruano desagradable que reniega de su origen desde una postura resentida.
    2
  2. La calificación del autor de la nota me parece un tanto exagerada. Digo, dónde quedan los escritores españoles, empezando por don Miguel de Cervantes?. Eso, en cuanto a letras se refiere. En lo moral, es repulsivo y anti democrático su comportamiento.
    1
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