Aconcagua 09 / Nota 4: Tras la búsqueda de un plan de ascenso

El tiempo no mejora y nuestros días de aclimatación han terminado. Debemos iniciar el camino hacia los campamentos de altura. Entre tanto, aprovechamos para practicar maniobras de autodetención en el hielo y conversamos con médicos y guardaparques. El cerro sigue frío y nuestra mirada sigue apuntando hacia el cielo.

Estamos en Plaza de Mulas, aclimatándonos con Diego, sitiados por la tremenda cara del cerro y por un tremendo frío como pocas veces se ha visto por aquí. Las cosas no pueden estar peor: gente que muere, gente atrapada, gente perdida y pocas, muy pocas chances de tirar una cumbre en condiciones que no sean peligrosas. Igualmente, llegado el momento hay que subir o bien volverse a casa sin siquiera intentarlo.

Veremos qué nos dice el cerro, que se muestra de esta manera en su base (no queremos imaginar, por ahora, lo que ha de ser en los campamentos de altura):

 

Finalmente, llega a Plaza de Mulas nuestro guía, el Mencho Báez, sargento del Ejército Argentino en período de vacaciones y con él nos reunimos. Es joven; tiene 29 años y cinco cumbres y esta vez ha venido a subir el Aconcagua con el Principal Luis Galstecky, de La Plata, quien ya hiciera cumbre el año pasado. Ya oportunamente, en Uspallata, hemos cerrado la contratación del Mencho para que nos acompañe a los campamentos de altura, a fin de no correr riesgos.

Una de las cosas importantes que hacemos con el guía en nuestra estadía en Plaza de Mulas es hacer una caminata hasta la base del glaciar del cerro El Cuerno, que queda a unos treinta minutos de Plaza de Mulas.

En ese lugar, munidos de piquetas, practicamos maniobras de autodetención, porque el Aconcagua está con mucha nieve y la nieve trae hielo y el hielo, peligro de muerte en las partes más empinadas.

Sinceramente no sé cuántas expediciones se han tomado este trabajo que, con sapiencia, nos encomienda el guía. De cientos, han de ser muy pocas y he aquí una de las razones por las cuales a veces hay accidentes fatales que podrían ser evitados si se toman los recaudos del caso. 

Después, nos dedicamos a entrevistar a dos instituciones fundamentales del Parque Provincial: los guardaparques y los médicos.


Los guardianes del Parque Provincial


Como cada año en el Parque Provincial Aconcagua, hay personas cuya tarea resulta fundamental para que la temporada transcurra de acuerdo a lo planificado y también a las necesidades que van planteándose el pie del cerro.

Es sabido que, a medida que pasan los años, el número de visitantes se va incrementando, con lo cual también se incrementan los impactos ambientales en los distintos campamentos y los inconvenientes e improvistos ante los cuales deben dar cuenta.

Alejandro Zalazar (35 años) es el Jefe de Guardaparques en Plaza de Mulas: “Todos los años se dispone en este campamento, el más complejo operativamente, la presencia de seis o siete guardaparques. Como obligación principal tenemos la de cuidar el aspecto ambiental. Aquí hay glaciares y cauces de ríos que deben ser preservados para que el impacto sea lo menor posible”.

“Además nos ocupamos de coordinar las evacuaciones de los andinistas en problemas, en conjunto con los médicos apostados en este campamento. Y también ejercemos cierto poder de policía, controlando que las mulas estén en las debidas condiciones para hacer su trabajo”, sigue Zalazar.

- Los campamentos de Berlín y Nido de Cóndores tienen basurales históricos, ¿han pensado en limpiarlos?

- Es verdad que se trata de un problema histórico. Ahora, tratamos de bajar basura gracias al helicóptero B-3 que opera en el Parque y está en condiciones de aterrizar en Nido. También buscamos coordinar con los porteadores para que bajen basura, pero en verdad el tema necesita una solución de fondo.

- ¿En qué campamentos tienen puestos permanentes?

- En Horcones, Confluencia y Plaza de Mulas en la ruta normal y, entrando por la quebrada del río Vacas, tenemos gente en Pampa de Leñas y Plaza Argentina. Y nos ocupamos de limpiar Casa de Piedra, el campamento previo a Plaza Argentina.

- Por último, ¿ hay una convivencia armónica en Plaza de Mulas?

- Sí, aquí suelen haber cientos de personas y los inconvenientes son muy pocos. Todos cumplen con el check in y el control médico y recurren a nosotros cuando tienen problemas. A veces, hay algunos robos menores, pero en esos casos interviene la Policía de Mendoza, con quien trabajamos de manera coordinada y sin inconvenientes.


La salud en el cerro


La Provincia, a fin de que sea controlada la salud de los andinistas, trabó un convenio con ECI para que aporte profesionales. La propuesta ha sido denominada Servicio Médico Parque Aconcagua.

De este modo, los campamentos más importantes del cerro, tienen médicos a disposición de los ingresantes. En Confluencia, Plaza de Mulas y Plaza Argentina es posible contar con ellos para chequeos y emergencias.

Nosotros charlamos y fuimos diligentemente atendidos, en Confluencia, por el médico (y amigo) Marcelo Straniero. En Plaza de Mulas, en tanto, nos encontramos con Ignacio Rogé, Florencia Borzotta y Verónica Rainone.

Verónica, Florencia e Ignacio, médicos y plazamuleros.  

“Nuestra misión es controlar a la gente. Ver que se cumplan las pautas generales de aclimatación y, por supuesto, encargarnos de las emergencias”, inician los profesionales.

“Contamos con equipos suficientes y calificados para atender las demandas que se presentan. Hay, por ejemplo, cardiodesfibriladores, cámaras hiperbáricas, ambús y oxígenos, por supuesto. Además, se cuenta con el servicio del helicóptero para traslados urgentes desde Mulas o, incluso, Nido de Cóndores, tal como ocurrió en el caso de los italianos”, refieren.

“Las patologías más comunes son el mal agudo de montaña, traumatismos, edemas de pulmón o cerebral, deshidrataciones…”, explican los profesionales. Y completan: “Con los años, hemos ido logrando el respeto de los guías y prácticamente todos los andinistas pasan por aquí. Nuestra intención no es bajar a nadie del cerro, salvo que se justifique. Somos concientes del sacrificio económico y de los sueños que se traen hasta este lugar. Nosotros vemos cómo los recuperamos para que puedan seguir”.

Naturalmente, hay gente que puede pensar quién los manda a meterse aquí. La respuesta de todos es la misma: “Nos gusta. Venimos todo el tiempo que podemos y año a año, si bien es difícil a veces separarse de la familia y los seres queridos. Igualmente, aquí, con los años, hemos ido encontrando otra familia, la de la gente de Plaza de Mulas”, finalizan los galenos.

Volvemos a la carpa de Lanko. El clima no mejora. De todos modos, mañana, quizás pasado mañana, emprenderemos el camino hacia los campamentos de altura.

Necesitamos un plan de ascenso y, ya constituidos como grupo, a encontrarlo dedicaremos el resto del día.

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