Aconcagua 09: La seguridad imposible y la solidaridad increíble

"Es imposible garantizar seguridad en el Aconcagua. Además, si fuera un cerro seguro, no sería tan célebre. Tampoco sería uno de los más visitados del planeta si, acaso, tuviera diez centímetros menos que otros que son más bellos, pero casi desconocidos. En definitiva, los que van a subir el Aconcagua van allí a obtener una propia respuesta acerca de la muerte y de la vida".

Mi relación con el cerro no es profunda. Es más, siempre me ha costado considerarme un andinista, tal vez como una forma de respeto a quienes año a año van construyendo con la montaña una relación duradera.

Sin embargo, cierto es que he ido varias veces al  Aconcagua y que conozco todas sus caras más célebres. Pues bien, en mis varias, no suficientes, subidas al Centinela de Piedra, también han sido varias mis experiencias límites y quiero señalar una de ellas para graficar la situación.

Hace más de doce años integré una expedición que realizó una circunvalación al Aconcagua. Fue algo así como hacer una cumbre sin ir a la cumbre, por el rigor del esfuerzo que asumimos. Entramos por la quebrada del Río Vacas y fuimos acampando en Pampa de Leñas, Casa de Piedra, Plaza Argentina, Campamento I y Campamento II, ya en los pies mismos del Glaciar de Los Polacos.

Los guías del grupo eran mis amigos Gerardo Castillo, Fernando Orofino y Cacho Beiza.

Cuando partimos desde Polacos hacia la cara Norte del cerro, la cara de la ruta normal, lo hicimos atravesando lugares por los que prácticamente nunca hay presencia humana. Son sitios perdidos, algunos enriscados, llenos de nieve, acarreos peligrosos y allí abajo, glaciares como de leche.

Atravesando tales lugares estábamos cuando, a lo lejos, cerro abajo, alcanzamos a distinguir dos puntos sobre un glaciar. Detuvimos la marcha para observar mejor y entonces determinamos que se trataba de dos personas que obviamente se encontraban perdidas, perdidísimas a muchas horas de un campamento seguro. Aquellos náufragos habían pasado la noche a la intemperie. Después nos enteraríamos de que eran norteamericanos, estadounidenses para ser precisos.

A partir de ese momento, se armó un rápido operativo rescate: torcimos nuestra ruta, cambiamos nuestro plan y fue finalmente Gerardo Castillo el encargado de asumir el riesgo, bajar al glaciar y traer de vuelta a los tipos hasta donde estábamos, salvándoles así la vida.

Estaban mal los vagos. Nos encargamos de hidratarlos, darles confianza y arriarlos hasta Plaza de Mulas, un sitio a dos días de donde los encontramos. Allí, los pusimos a disposición de médicos y guardaparques.

Si no hubiésemos, casualmente para los perdidos, pasado por allí, el Aconcagua los hubiera matado. Si no hubiésemos cambiado nuestra ruta, también hubieran muerto. Y si la solidaridad no hubiera sido (y sigue siendo) un altísimo valor en el cerro, dos muertos más se hubieran contado. De hecho, si no hubiera solidaridad en el Aconcagua, morirían, diría yo, entre cincuenta y cien deportistas por año en sus faldas.

Sin embargo, y como sucede habitualmente, en este caso los dos jóvenes se salvaron y la historia jamás se conoció a nivel masivo y yo mismo, con lo afecto que soy a escribir historias, no recuerdo haberla escrito hasta ahora, doce años después de aquel exitoso rescate.

Cuando, finalmente, llegamos con ellos a Plaza de Mulas y ya a salvo, a modo de agradecimiento por sus vidas, le regalaron a Gerardo una piqueta y recuerdo muy bien haber sentido en la sangre que se trataba de dos miserables. El esfuerzo había sigo muy grande y el agradecimiento muy pequeño. De algún modo, yo esperaba que Gerardo fuera mejor recompensado, porque de su intervención dependieron sus vidas. No obstante, era ya otro tema y si, a la mañana siguiente, otra vez la montaña nos ponía en situación de ayudar, lo haríamos como hasta ahora.

En aquel momento, lo que primó fue la solidaridad y de este modo actuamos: del modo en que actúan los andinistas en el Aconcagua.

Así las cosas, es preciso decir que es imposible asegurar la vida en el Aconcagua, aunque, por lo que mi experiencia dicta, es posible asegurar la solidaridad, tal como quedó manifiesto en el caso de los italianos accidentados junto al guía mendocino Federico.

Es imposible garantizar seguridad en el Aconcagua.

Además, si fuera un cerro seguro, no sería tan célebre.

Tampoco sería uno de los más visitados del planeta si, acaso, tuviera diez centímetros menos que otros que son más bellos y más seguros, pero casi desconocidos por ser más petisos.

En definitiva, los que van a subir el Aconcagua van allí a obtener una propia respuesta acerca de la muerte y de la vida.

Y tal enfrentamiento en el cerro se da. Y por eso, quienes vuelven de él luego de diez días de esfuerzo, traen consigo un cansancio extremo, pero también limpieza conceptual y bríos saludables que en algunos casos duran toda la vida.

El Aconcagua es un espacio que sirve para probar lo mejor y lo peor de cada uno y esa prueba no puede de ninguna manera estar garantizada por protección estatal, ni por la exigencia imposible de un guía para cada expedición y tampoco por la cordura del deportista que, debiendo detener su marcha o volver a un campamento seguro, no lo hace.

Algunos de los que mueren allí, eligen su muerte y mueren como han vivido. Otros mueren haciendo ejercicio de su ignorancia, su mala suerte, su mal paso o su estupidez. En ninguno de estos casos puede haber garantía. Garantía tienen los electrodomésticos, no los andinistas que se meten en el Aconcagua.

Allí, en sus faldas imposibles, quedan en manos de la experiencia, de sus guías si los tienen, de sus equipos y de la madurez suficiente para saber detenerse a tiempo cuando es necesario y de una pizca de buena fortuna. Si todo esto se da en conjunto, muy difícilmente haya un accidente en el cerro. Y si lo hay, siempre queda la solidaridad como último recurso para conservar la propia vida.

Lamentablemente, no todos llegan a él con este armamento y por eso pasan las cosas que pasan.
Opiniones (1)
11 de diciembre de 2017 | 21:08
2
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11 de diciembre de 2017 | 21:08
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  1. Bueno al fin pasamos a otro tema más agradable Al menos quien muere en el Aconcagua lo hace sabiendo a lo que va
    1
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