Aconcagua 09 / Nota 3: La vida y muerte en Plaza de Mulas

La expedición ya está en Plaza de Mulas iniciando un proceso de aclimatación. El campamento reúne año a año a habitantes extraordinarios. De pronto, en medio del intenso frío que se soporta, el circuito cerrado de las radios de los plazamuleros trae otra vez malas noticias. El cerro ha vuelto a decidir ponerlos a prueba.

Aquellos lugares en los que se convive con la muerte –una cárcel, una selva cerrada, el mar adentro, el Aconcagua– suelen dar, a modo de reacción inusitada, feroces testimonios de vida, porque cuando la vida se siente amenazada, se vuelve hermosa en los pequeños gestos. Un pedazo de pan que se convida en una cárcel; un sorbo de agua que se cede en una selva o en el mar; una mano tendida o un abrigo en el Aconcagua cobran, en determinadas circunstancias, una fuerza tan grande que es capaz de mojar la oreja por un segundo a lo imposible. 

Plaza de Mulas en el peldaño más importante de la escalera a Babel, la cima del Aconcagua. En esta pequeña ciudad de carpas cada vez más modernas, se da un orden propio que difícilmente se repita en otro lugar de la Argentina. Tal vez por lo mismo, se encuentra allí la maravilla de comprobar que Plaza de Mulas, si bien la miramos, tiene a los mejores habitantes del mundo.

Este año, el Aconcagua tiene una característica fundamental: el frío. Pocas veces, al menos en los últimos quince años, ha hecho tanto frío en este cerro. Lugares en los que alguna vez era posible descansar por horas y hasta una noche entera, como Independencia (6300), ahora en sólo minutos son capaces de matar a alguien.

Este video, por ejemplo, nos muestra el paisaje que de manera habitual suele darse en Plaza de Mulas, un lugar en el que muchos se acostumbran a andar habitualmente en remeras. Este año, este mismísimo enero, es tanto el frío que se dan temperaturas que llegan a los 15 grados bajo cero en determinados momentos del día y al pie de la mole.

Mirá este video filmado el otro día:





La primera misión de alguien que llega a Plaza de Mulas es tomarse de dos a cuatro días o más para aclimatarse. A 4300 metros sobre el nivel del mar, el oxígeno no es mucho y hay que acostumbrar el organismo a subsistir con menos aire.

Al mismo tiempo, es imprescindible beber mucho líquido, cinco o seis litros por día, a fin de no deshidratarse. El proceso se completa con una dieta fortísima en calorías.

Normalmente, allí los andinistas toman más agua que en el peor de los veranos y comen más comidas calóricas que en el peor de los inviernos. Y estamos hablando de la base del cerro, el lugar donde los andinistas se preparan para dar el zarpazo hacia la ansiada cima.

Acá te dejo otro video, es corto pero tiene el valor de que muestra Plaza de Mulas desde un par de kilómetros de distancia y aparece en primera instancia un helicóptero, que sirve para dar dimensión de lo inmensa que es la pared norte del cerro, si bien sólo muestra una pequeña parte.



En eso estamos. Bebiendo, comiendo y abrazando a viejos amigos que hacen, de noviembre a marzo, de Plaza de Mulas su hogar natural. A pesar del rigor del terreno y del clima, todos parecen tener allí una sonrisa para los visitantes. Todos están dispuestos a cuidarte con un té caliente o un guiso de lentejas. Todos están listos para darte el consejo justo y también para escucharte. Y, en definitiva, aunque parezca increíble, todos están dispuestos allí a, llegado el caso, jugarse la propia vida para conservar la tuya.

Plaza de Mulas es el paraíso en la tierra y benditos sean aquellos que tengan amigos plazamuleros.

Acá, Vanesa y Carlos, un jovensísimo matrimonio, a cargo del campamento de Lanko, nos hacen sentir como en casa. El campamento consiste en cuatro carpas grandes (una para cocina,  una para depósito y dos para comedores de andinistas) y en una carpa pequeña donde los chicos duermen y se aman.



Nosotros armamos nuestra carpa en un sitio ya limpio. Y, en los dos días siguientes, harán lo mismo una delegación de seis norteamericanos, diez porteños, cuatro brasileños, dos militares (uno de Misiones, otro de La Plata) y un puñado de neuquinos. En Mulas, Lanko de día es nuestro pequeño país, el Refugio Plaza de Mulas nos cobija por las noches y  nuestros cuerpos, el íntimo territorio, son protegidos por los desvelos de Fernando Pierobón, un joven, pero viejo montañista, que es una de las personas que más saben del equipamiento para no correr riesgos en el Aconcagua.

Plaza de Mulas: por aquí y por allá, los amigos deshilvanan su visión de la vida. Todos están trabajando, es cierto, pero todos también están compartiendo, y lo saben, un espacio con una carga simbólica inusitada. Les gusta ser parte de aquello que son parte. Se saben fuertes, aventureros, decididos, personales y yo agregaría hermosos.

De otra manera, sin reunir un puñado de características inequívocas, no se podría vivir en Plaza de Mulas y mirar hacia la cumbre con la frente alta y, claro, la respiración poderosa.

De pronto, la radio suena: un joven guía mendocino que conduce a un grupo de italianos informa que han tenido un accidente casi en la cumbre y que allí pasarán la noche. Todas las radios de Plaza de Mulas se quedan paralizadas. Todos allí saben de qué se trata. No pueden perder tiempo: ha comenzado una guerra y cada quien, desde su lugar, se coloca el uniforme de guerrero.

Una vez más, la muerte impiadosa acecha y el silencio se vuelve grave y doloroso a los pies del Centinela. Todos dejamos de hacer lo que estamos haciendo.

Todos sentimos que una enorme prioridad ha quedado fijada en Plaza de Mulas y se acallan todos los comentarios referidos a las vanas cumbres personales.

El cerro ha comenzado a atacar otra vez y todos nosotros deberemos ver de qué manera nos defenderemos.

No es la primera vez que sucede: a casi todos aquí, el cerro alguna vez nos ha llevado un amigo para siempre.

Yo me acuerdo, ahora, por ejemplo, de Gustavo, aquel que me trajo de la mano hasta los pies del monstruo para que me diera a mí mismo una respuesta, perdido entre sus faldas.

La radio se ha quedado muda y los ruidos en Plaza de Mulas son los sordos ruidos previos a la batalla.

Opiniones (1)
21 de septiembre de 2017 | 07:44
2
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21 de septiembre de 2017 | 07:44
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  1. Las notas están interesantísimas. Quisiera saber cuándo son las próximas entregas. Gracias y felicitaciones!
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