Breve historia de un regalo

En vísperas de navidad, me topé con el primer libro de la pila y lo levanté para sacarle el polvo con unas palmadas. Exhausto por el calor de la jornada, desparramé los huesos en el sillón e intenté su lectura. Atrapado, no pude despegarme de su ritmo, a tal punto que sonó tres veces el teléfono fijo, luego el celular y decidí no atender.

Hay “momentos”, sí, los hay, que la vida es hermosa. Casi por lo general, el tedio cotidiano, hasta el propio sabor de la comodidad y el confort, se tornan odiosos para cualquier mortal. Me arriesgo a plantear que sin aventura e imaginación, de a poquito, nos vamos marchitando. Pero insisto en que hay momentos que la vida es hermosa, instantes efímeros, grabados a fuego en la memoria, esa particular fábrica de producción de recuerdos. Tus hijos, charlas sinceras con amigos, comidas familiares relajadas, tus animales, el cuidado de tu casa. Todo ello, con el paso del tiempo, sufre crisis y cuesta preservar.

Hace unos ochos meses, una amiga y su familia, fueron a comer un asadito a mi casa. Modesta, una mujer inabarcable, bella y profundamente humana. Su esposo, el Sergio, un ser supremo que destila pura magia. Juntos, son los mejores del mundo, y pasar unas horas con ellos y sus hijos -juancito y francisquita- es un privilegio que inyecta vida.

Recuerdo que aquella noche, Modesta llegó, me dio un fuerte abrazo y me entregó un regalo. “Tomá marmat, este libro es para vos, es de la biblioteca de mi papá y tiene un valor sentimental muy grande para mí. Ahora es tuyo, vos lo vas a entender cuando lo leas”.

El regalo fue “el invitado del día de acción de gracias” (publicado del original en 1967) –el que me obsequió Modesta es de editorial Lumen de 1972- de Truman Capote (1924-1984) -. Su nombre verdadero fue Truman Streckfus Persons, luego su madre contraería segundas nupcias con Joseph García Capote, un hispano de origen cubano. De este último tomaría Truman, su definitivo apellido.

“El invitado…” es un texto finito, corto y acompasado. Autobiográfico. Un Capote introspectivo nos narra los albures de su infancia, traumática, solitaria, en casa de los parientes de su madre. Vivió desde muy joven en Alabama con ancianos. El cuento en cuestión es de los menos conocidos de Capote y contrasta con la novela-documento “a sangre fría” (1966).

Recordemos que, por esta novela, junto a Norman Mailer y Tom Wolfe, Capote es considerado uno de los padres del “nuevo periodismo”, al combinar la ficción narrativa y el periodismo de reportaje.

El regalo de Modesta estaba dedicado en la página 1, en un manuscrito de estilo fechado en el año 1978, de indescifrable lectura, a su padre; prueba irrefutable de la generosidad de Modesta. Me emocioné cuando lo recibí y sentí el cariño y amor de ella hacia mí. No bien lo tuve entre mis manos lo llevé a mi biblioteca y permaneció allí, hibernando, largos ocho meses.

Por esas cosas del azar -y del inconsciente-, luego de modificar unos muebles de casa, el orden de los libros se alteró. Quedaron repartidos en distintos sitios de la casa, apilados y con tierra –por mis pagos el polvo abunda, las calles de tierra viven con uno-.

En vísperas de Navidad, me topé con el libro y lo levanté para sacarle el polvo con una palmada. Exhausto por el calor de la jornada, me desparramé en el sillón e intenté su lectura. Quedé atrapado y no pude despegarme de su ritmo –a tal punto que sonó tres veces el teléfono fijo, luego el celular y decidí no atender-. Luego de un termo de mate, prolongué la lectura en el baño. Al finalizar el libro, no se me ocurrió otra cosa que llamar a Modesta, a quien no veía desde aquel día del regalo en el asado ochos meses atrás.

-“Hola mode: Te llamo para avisarte que leí el libro que me obsequiaste, “el invitado…”, ¡después de ocho meses!. Me gustó tanto que quiero aceptes una devolución: veníte  a mi casa con tu familia a pasar la noche del 31 para recibir el año nuevo junto a la mía, vamos a estar solos”.

Modesta agradeció el convite y pidió un par de horas para consultarlo con Sergio, cuando éste llegara a su casa. Me adelanté. Antes del tiempo pactado, llamé, por si hubiera arribado Sergio.
-“La mode me contó lo de la invitación, sería hermoso pasarlos juntos. Me llevo la viola, tipo diez de la noche estaremos allá”, contestó Sergio, sin que le preguntara nada.

-“Impresionante –dije-, los esperamos”. ¿A la canasta?. Ok, a la canasta, confirmó.
Celebramos la noche bajo una persistente lluvia. Cuando amainó, Sergio y mi hijo Julián tocaron cada uno su guitarra. Zapando, intenté una melodía cantada y ellos siguieron con coros. Los más chicos brincaban y comían helados. Cecilia y Modesta despuntaban una larga charla, entusiasmadas. Fuimos felices. El 2009 empezó y me guardé una linda postal en la memoria. Espantamos con música al 2008.
Opiniones (2)
22 de octubre de 2017 | 10:13
3
ERROR
22 de octubre de 2017 | 10:13
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Esas joyitas ya no se consíguen en cualquier librería...yo lo compré por la calle Corrientes.Son esos gustos que valen la pena ...
    2
  2. marcelo: lindísima nota brother. además contagia la serenidad tormentosa de la compañía mencionada, el sergio, la mode, el juancito y la fran, ese cuento de capote, el 31 con lluvia y viola y cantos improvisados. no se puede ir más allá de eso, o sí? saludos. hernán.
    1
En Imágenes
Wildlife Photographer of the Year 2017
18 de Octubre de 2017
Wildlife Photographer of the Year 2017
Lo perdí todo víctimas del terremoto en México
17 de Octubre de 2017
"Lo perdí todo" víctimas del terremoto en México