Aumentan los divorcios y disminuyen matrimonios

La crisis que enfrenta la institución del matrimonio va en ascenso. Esa situación se registra tanto en la Capital Federal como en la provincia de Buenos Aires. En la ciudad de Santa Fe se duplicó la cantidad de separaciones en relación a los casamientos. En la actualidad, el fenómeno se da en parejas conformadas por personas de entre 35 y 45 años de edad y con vínculos de 5 a 15 años.

Acaso para reafirmar las conclusiones de un reciente estudio de investigadores de la Stony Brook University de Nueva York, el amor y la pasión de los primeros momentos en la pareja sólo persisten en una pequeña minoría.

A pesar de los dichos de poetas y escritores del corazón, que se afanan por darle duración eterna, y de algunas exitosas excepciones que confirman la regla, los sentimientos en la pareja suelen asemejarse al tiempo, que pasa inexorablemente.

La realidad es que el amor no sólo se acaba a partir del primer año de convivencia en nueve de cada diez matrimonios -según el estudio y la experiencia de muchos de los implicados en sus azarosos designios-, sino que en una creciente cantidad de casos termina en divorcio.

En Argentina, esa realidad comenzó a concretarse a partir de junio de 1987, cuando entró en vigencia la ley de 23.515, que habilitó la ruptura del vínculo matrimonial.

Por entonces, las estadísticas de organismos públicos y entidades privadas coincidían en que uno de cada tres matrimonios se divorciaba.

En los primeros años de vigencia de la norma, la mayor parte de los divorcios tuvo que ver con la regularización de gran cantidad de separaciones de hecho y para resolver "temas legales" postergados por falta de normas que permitieran hacerlo.

Veinte años después, ya sin la incidencia de situaciones postergadas a la espera de legislación adecuada, la realidad muestra que la proporción de divorcios sigue en aumento.

Según las evaluaciones más recientes de organismos oficiales, en Capital Federal uno de cada dos matrimonios se divorcia.

Los análisis revelan, además, que si bien en otros puntos del país el porcentaje se mantiene en torno a los mismos niveles de 1987, en ningún caso descendió y en otros aumentó.

Según autoridades del Registro Civil porteño, la cantidad de divorcios subió en la Ciudad de Buenos Aires, mientras bajaron los matrimonios, lo mismo que en la provincia de Buenos Aires.

Sin embargo, el dato más impactante lo aportó Santa Fe, en cuya ciudad capital se duplicó la cantidad de divorcios en relación a los casamientos.

El Registro Civil provincial indicó que hasta noviembre de 2008 se produjeron 2.705 separaciones y sólo 1.051 parejas contrajeron enlace.

Un trabajo realizado en Córdoba bajo la dirección de la jueza María Virginia Bertoldi de Fourcade, vocal de cámara del fuero de familia de esa provincia, confirma la tendencia y muestra, además, que también las causales de divorcio acompañan los cambios que vive la sociedad.

El análisis revela que, a diferencia de lo que ocurrió hasta fines de 1980, son mayoría los matrimonios que se concretaron después de los 30 años y también los que al momento de divorciarse tienen muy pocos años de vida en común.

Cuando entró en vigencia la ley de divorcio, la ruptura del vínculo matrimonial se producía entre parejas que iban de 40 a 55 años de edad, con entre 15 y 25 años de convivencia.

En la actualidad, la mayor cantidad se da en matrimonios conformados por personas de entre 35 y 45 años de edad y con vínculos de 5 a 15 años.

A ello se suman las separaciones de las parejas de hecho, de cuya desvinculación quedan escasos registros, salvo en los casos que deban acordar la manutención y otros aspectos relacionados con la tenencia de hijos en común.

También esta relación vincular en la pareja va en detrimento de la vapuleada institución del matrimonio, porque frente a este panorama, lo que más crece es el concubinato.

Autoridades del Instituto Nacional de Estadística y Censos señalaron que en el Censo 2001, el 27% de las mujeres que estaban en pareja no pasó por el registro civil, luego que en la década de 1990 fuera del 18% y en la de 1960 del 7%.

Un análisis privado, encargado por una entidad religiosa preocupada por la problemática vincular, anticipa que la tendencia se acentuará aún más en los próximos años.

Temerosa de una situación similar, y ajena a las verdaderas causas de esta realidad, la Vicaría de la Familia de la arquidiócesis de Santiago de Chile inició una campaña contra el divorcio, en la que decía que la legalización de la separación de parejas empuja a los hijos al consumo de alcohol y drogas.
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