Murió Inger Christensen, la poeta matemática

Una y otra vez, el nombre de la poeta se escuchaba entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura, pero al final nunca le fue concedido. La figura de la lírica contemporánea danesa más destacada murió el viernes a la edad de 73 años, según informó hoy su editorial Gyldendal.

Por Thomas Borchert / dpa

Hija de un sastre, Christensen nació en Vejle, Jutlandia. Su formulación poética responde a un sistema lingüístico construido sobre las normas de las matemáticas o la música.

Aunque la obra de Christensen fue aclamada por la crítica gracias a su marcado exponente experimental, la poeta logró reunir en torno a sus poemas a un amplio círculo de lectores.

El diario danés Berlingske Tidende escribió una vez que la escritora había logrado una lírica y una prosa independientes de las corrientes de su tiempo y dotadas de una enorme luminosidad.

"Recuerda siempre a la superación de una enorme tragedia", señaló el rotativo. Se podría decir que ha "renovado revolucionariamente" su género literario, si este concepto no fuera tan esquivo ni encajase tan poco con la personalidad casi negacionista de Christensen.

La poeta habló siempre con humor y soberanía de sus comienzos literarios. "Durante mi etapa en el instituto escribí tonterías increíbles", reconoció. Sin embargo, su relativamente corta obra ha alcanzado un gran prestigio internacional. Y a ello contribuyeron principalmente tres poemarios: Det (Ello, 1969), Alfabet (Alfabeto, 1981) y Sommerfugledalen (Valle de las mariposas. Requiem, 1991).

Éste último fue considerado por la crítica como "obra maestra de la poesía europea". Se trata de una clásica cadena de 14 sonetos coronados con un magistral soneto final. El Requiem de Christensen despliega una "simetría del dolor" mediante un juego de transformaciones infantiles en distintos tipos de mariposas. La realidad y la imaginación apenas se distinguen.

"Soy una mortal absolutamente normal, como y hago de todo. Sólo a veces, y en realidad raramente, me olvido de que tengo conciencia. Y entonces tengo que formularlo", dijo una vez sobre sí misma y su proceso de escritura.

La Academia sueca, que concede el Premio Nobel, le otorgó en 1994 el Premio Nórdico. Ese mismo año fue galardonada con el Premio Estatal de Austria de Literatura Europea y, un año después, con el Gran Premio belga de la Bienal Internacional de Poesía.

"Cuando uno lee novelas, se adentra en un mundo enorme. Con los poemas, uno conversa consigo mismo", dijo Christensen.

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