"Demasiado poca oposición"

El rol de la oposición, la falta de formación, y la opinión de un politólogo italiano experto.

Un problema argentino que lo es también de toda Latinoamérica, es la carencia tanto de bibliografía, como de investigaciones dedicadas a desentrañar el rol que tiene en nuestras jóvenes democracias la oposición política.

Puede resultar una cosa primero que lo otro, pero la desarticulación de los sectores contrarios a los gobiernos y la falta de estructuración como bloque resulta una constante.

Hace diez años visitó la Argentina un experto en la materia, el politólogo italiano Gianfranco Pasquino. Dio una conferencia magistral en la Universidad de buenos Aires y estuvimos, en aquella oportunidad, con él, llenándolo de preguntas, sacándole respuestas de la punta de la lengua. Se intentaba por entonces construir una primera experiencia de articulación de la oposición en el país, como fue la Alianza.

Hasta entonces, poca experiencia había, pero menos aún existían en los papeles, en los libros, al alcance de la mano de todos quienes estaban frente a un desafío que carecía de posibilidades de comparación en el continente por lo menos, desde el punto de vista de la ciencia política, debiendo recurrirse con demasiada asiduidad al ensayo y error o al rosario de anecdotarios incompletos surgidos un poco de aquí, otro poco de allá. Los resultados, quedaron a la vista.

Los que estudian el asunto dan cuenta de que recién en esta última década se empezó a escribir en español sobre el asunto.

Para hablar de la oposición, dejando de lado los protagonistas actuales e intentando teorizar sobre la importancia de su rol y de su actuación en un marco de seriedad y responsabilidad, recordaremos las palabras del mencionado Pasquino que, por suerte, quedaron reflejadas en un volumen que se llamó, precisamente, “La oposición en las democracias contemporáneas”, editado por Eudeba.

Robert Dahl decía, para definir a la oposición que “en cualquier lugar del mundo, en este momento, hay un grupo de personas que se organiza, sufre por ofrecer una alternativa al gobierno en funciones”. “Esta lucha y ese sufrimiento –continuó el análisis Pasquino, entonces- parecen hoy patrimonio casi exclusivo de las oposiciones de los regímenes no democráticos, de cualquier tipo y color que sean”. ¿Por qué? “Porque el problema en los regímenes democráticos es que hay demasiado poca oposición”, respondió.

En las últimas elecciones, probablemente mucha gente buscó votar a algún partido opositor. Ya sea por descontento con el gobierno o bien, en la búsqueda de equilibrio y control, como casi siempre ocurre, más comúnmente –al menos en Mendoza- en los comicios legislativos.

Sin embargo este precepto levantado por el politólogo italiano de “demasiado poca oposición” cundió como oferta electoral real, más acá de los análisis. Las boletas de múltiples partidos no cabían en los cuartos oscuros; pero eran pocas las alternativas.

Año electoral

Este 2009 es un año de elecciones. Aquellos que no son parte del gobierno (aunque, también, cada vez más ex partidarios de sus filas) rellenan portadas de los períodicos asegurándose un espacio virtual que le sirva de catapulta hacia uno palpable. Quieren ser identificados como “la oposición”. Buscan crear un “gran frente opositor”- Y hablan, cada vez más, de minar las diferencias que los sostienen como diferentes, para tratar de presentarse conjuntamente bajo la misma máscara de opositores.

Por ello resultará un buen ejercicio, como electores que somos, sostener la lupa sobre el gobierno, pero echarle una mirada al resto.

Pasquino nos sugiere una herramienta para hacerlo, y es una serie de definiciones que nos permitirán trazar un itinerario personal para descubrir qué buscan, qué quieren, qué los une y por cuanto tiempo a nuestros nuevos opositores.

Veamos:

Demasiado pocos: Hace referencia a la simple y pura cantidad. ¿Cuántos son los que se oponen al gobierno?

¿Alternativa?: El sistema ya ha absorbido las tensiones sociales de un país sin democracia. Por ello, ¿quiénes son los que tienen capacidad de ofrecer una alternativa programática, política, sistémica, creíble, convincente y practicable?

Demasiado opositores: Pasquino señala que cuando las democracias se consolidan, hay sectores que consiguen sitios desde dónde ejercer su rol opositor. Pero hay otros que son totalmente excluidos. A su nivel de “demasiado opositores”, sugiere que les continúa la característica de “muy poca alternativa”.

Demasiadas oposiciones: Y un dato relevante es que, en su análisis, “si la oposición se ha venido a menos, esto se ha debido a la aparición de muchas oposiciones”. Por esto, se descarta la existencia de una “macro oposición compacta, aguerrida, disciplinada y amenazante” debido a su remplazo por “micro oposiciones diversificadas, punzantes, en orden disperso y en orden amenazante no solo para el gobierno, sino también para el público y para ellas mismas”.

¿Hacia dónde va la oposición aquí nomás, en Mendoza y un poco más allá, en el país? Lo deberán resolver los lectores. Hay herramientas para hacerlo y ésta pequeño camino trazado por un prestigioso politólogo es útil para reconocer teóricamente a los espacios y ponerles nombres y apellidos.

Pero hay algo importante: el ejercicio de la democracia está dejando una enseñanza y es que nada es para siempre.

Lo que viene por vía del marketing, el marketing se lo lleva. Esta democracia “espectáculo” de la que tanto se habla en la actualidad y en la que los electores asisten desde lejos, como espectadores de algo que ven por televisión, tiende a agotarse.

El tema en cuestión es conocer si quienes quieren ganarle al oficialismo están, además de dispuestos a dar batalla en conjunto, a remplazarlo con todas las de la ley.
Cerramos este comentario con Pasquino, quien sostuvo ya hace diez años en aquella visita al país que señalamos cuando iniciamos esta nota y en respuesta a una consulta de este autor: “La calidad de la oposición (y por lo tanto, también su cantidad) se definirá por su programaticidad (…) Es posible afirmar que la calidad de una democracia depende no solo de las virtudes de un gobierno, no solo de las interacciones del gobierno con la oposición, sino acaso de modo especial de la calidad de la oposición”.
Opiniones (2)
14 de diciembre de 2017 | 00:11
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14 de diciembre de 2017 | 00:11
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  1. ¿Lo es Cobos siendo parte del gobierno y sin renunciar? En Mendoza, ¿lo es la UCR que tiene cargos en el gobierno de Jaque y que lo ha acompañado en casi todo? ¿Siquiera lo es el cobismo, que no dice ni mu ante los disparates del gobiernod e Jaque? ¿Lo son los demócratas, que acompañaron a Jaque en la aventura de la Inseguridad, fracasando con todo éxito en su´única experiencia de gestión después de la dictadura? El panorama es bastante difícil me parece
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  2. NO LOS UNE EL AMOR SINO EL ESPANTO...
    Interesante estudio que refleja a la oposición en la mayoría de los países de latinomerica. Creo que para comprender un poco este fenómeno, hay que estudiar la historia política de nuestros pueblos. Conceptualmente creo que no ha habido ni hay en nuestros países partidos que han sido gobierno y que se puedan definir ideológicamente de derecha o de izquierda. Para empezar, la gran mayoría de los gobiernos que se han sido rotulados de derecha y que han gobernado desde nuestras independencias, en realidad han heredado los vicios de la derecha, pero ninguna de sus virtudes, como podría ser la organicidad. En cuanto a los partidos que podríamos llamar de izquierda -caso del socialismo en Chile- no han cambiado las premisas económicas impuestas por Pinochet, con lo cual los cambios fundamentales pueden tomar décadas, si es que en el fondo se quieren cambiar las cosas, aún cuando entiendo que Chile es un país convencido del concepto del "libre comercio" y los tratados bilaterales que ha no dudar han mejorado notablemente su economía, pero esta no se ha distribuído en la misma proporción entre los más necesitados. Hablar de una oposición fuerte y con comunes denominadores en la Argentina, necesitaría antes tener un oficialismo que reúna las mismas condiciones, pero todos sabemos que ni el uno ni el otro se distinguen por esas virtudes. Todos nuestros países, o mejor dicho nuestros gobiernos, han tenido una identidad común, la corrupción y el ansia del poder por el poder mismo. Así, cualquiera de los forjadores de nuestras patrias, desde San Martín a Benito Juarez, se les caería la cara de verguenza. No hay entonces ni oficialismo ni oposición fuerte, porque no hay identidad cultural ni valores que superen los intereses personales. Quizás el último Quijote de estas tierrras fue Dn. Arturo Illia, quién jamás gasto un peso de sus viáticos y viajaba en omnibús de línea y la casa que tenía se lo hicieron sus vecinos, porque él no tenía plata. Un país carente de principios filosóficos, éticos y morales y en donde el fin justifica los medios; dónde se puede robar millones de dólares y ser admirado por lo "vivo" que uno fue, no puede tener partidos políticos sanos. Partidos que no llaman a internas o si las hay se definen entre 4 cabellizas como las famosas mafias del mundo, no pueden reivindicar ninguna ideología y menos ser respetados. Por supuesto que hay seguidores de esta clase de dirigentes "políticos", pero es más una cuestión emotiva de añoranzas de otras épocas y reciprocidad de favores recibidos. Quién de los dirigentes actuales, de cualquier actividad, haría como San Martín y Belgrano, uno donando sus sueldos para construir bibliotecas y el otro para construir escuelas. Y después tienen el caradurísmo en las fechas patrias de hablar de ellos y ponerlos de ejemplo, cuando el ejemplo se predica con los hechos y no con las palabras. Afortunadamente cada vez hay más gente que piensa o que ha sido engañada por estos vendedores de ilusiones, con lo cual ya ninguno puede llenar la plaza de Mayo, más allá de la escusa de que cambiaron las formas de comunicación. Aclaro que hablo en general, porque siempre hay que rescatar las excepciones a la regla, que lamentablemente no ocupan los lugares de verdadero poder, justamente porque son honrados.
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