Mendoza es el sitio, MDZ también

En una provincia en donde la audacia está mal vista, pretendemos innovar para que Mendoza mejore. La experiencia de hacer MDZ y la interacción con los lectores nos hacen sentir que estamos en el camino correcto, el del cambio, el de la revolución. Es una manera distinta de hacer periodismo, día a día, hora a hora, minuto a minuto, en contacto con los lectores.

Los periodistas solemos debatir (y debatirnos) entre ser nosotros mismos o ser válvulas de escape de los medios que nos contienen. De verdad, es muy trabajoso y muy difícil encontrar equilibrios y racionalidad cuando lo que impera en el país y en el mundo es la razón del poderoso (léase el poder del dinero, que no es lo mismo que el dinero que da poder, ni la política que los junta y que termina siendo, a secas, el poder).

Superada profesionalmente la falacia de la objetividad (nadie lo es, ni nadie quiere ser objetivo), al menos intentamos levantar la bandera de la ecuanimidad, que sí es posible. No exige grandes esfuerzos, ni renunciamientos. Apenas, profesionalismo.

Y en esa tarea nos embarcamos los que todos los días los que hacemos MDZ. En la febril búsqueda de noticias, pero también de contextos; en mantener un criterio y un equilibrio en la pesada maraña de las millones de noticias que superan a otras tantas en el tiempo, para dar cuenta de la aguja y también del pajar; en entendernos para poder entender lo inentendible; en buscar para encontrarnos, aunque se empeñen en separarnos; en escuchar para hablar (aunque sea a través de la palabra escrita).

La experiencia de MDZ en 2008 (como también lo fue el año anterior) puede resultar más o menos simpática para todos aquellos que nos leen, pero nadie podrá dejar de reconocer su ímpetu y su capacidad de innovación en un sitio como Mendoza donde la audacia está mal vista.

No hemos pretendido pontificar, ni marcar hitos. Simplemente, dejar sentado que pedimos que nuestras razones sean rebatidas con otras razones. Y muchas veces eso no ha sido así.

Nos han ninguneado, y hasta nos pusieron motes de toda índole. Incluso, personas con altas responsabilidades. Tal vez, el más interesante para analizar sea el de “opositor”, como si acaso se pudiera construir una idea inteligente solamente desde la refutación, simplemente porque “me opongo”. O como si todo medio de comunicación que se precie no deba ser casi necesariamente opuesto a aquel poder, un verdadero contrapoder como el que fortalece la vida republicana y las instituciones democráticas.

Hacer MDZ ha sido una tarea ardua, de equipo, sustentada en una mística y gestada desde el grado cero. Dicho esto en sentido literal, pero también porque no contábamos aquí con experiencias de medios on line como este, donde hemos intentado ser nosotros mismos más que voceros de otros.

Y más allá de hablar desafíos tecnológicos, o de viejos paradigmas del periodismo que ya no son más, prefiero decirle a nuestros lectores que este producto que hemos sabido conseguir, está coronado con lo mejor de nuestras manos y de nuestras cabezas.

Y para ello, los periodistas que día a día pasan por esta pantalla intentamos comprometer en la tarea a nuestros sentidos y a nuestros sentimientos, que incluye aquí sí a nuestras convicciones: particularmente, Mendoza. El sitio que elegimos y el sitio que de alguna manera nos eligió. Mendoza o MDZ, una manera distinta de hablar de lo mismo.
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16 de diciembre de 2017 | 03:14
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