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River Plate, un rompecabezas para armar

El futuro entrenador Néstor Gorosito, deberá motivar a un plantel que pasó de campeón a último, sin escalas. El caso Ortega, los refuerzos y la depuración del equipo, las prioridades.

Todavía es el campeón vigente del fútbol argentino, pero sólo por unas horas o unos días más: mientras San Lorenzo, Boca Juniors y Tigre dirimen en un triangular el nombre de su sucesor, River Plate -el equipo más ganador a nivel local- y sus hinchas viven horas inolvidables, por lo lúgubres y dolorosas.

A poco más de seis meses de ganar el torneo Clausura y sumar su título número 33 tras una sequía de cuatro años sin festejos grandes, "los millonarios" probaron en carne propia la miseria de una campaña horrible, en la que consiguieron apenas dos triunfos y 14 puntos en 19 fechas. En el Apertura 2008, y por primera vez en la historia, River Plate terminó en el último puesto de un campeonato.

El pobrísimo semestre incluyó la eliminación en cuartos de final de la Copa Sudamericana y la renuncia del entrenador Diego Simeone en pleno certamen local.

Gabriel Rodríguez, técnico interino durante las últimas fechas del Apertura, lo puso en palabras crudas: "No quiero ni salir a la calle. Esto es una vergüenza que supera lo deportivo".

"Hicimos un papel lamentable, lo nuestro fue tristísimo", resumió con certeza el volante Martín Galmarini. Porque en las últimas semanas, además de un River sin fútbol, hubo un River sin alma, al que cualquiera se le animó a faltarle el respeto.

Y en las tórridas jornadas de fin de diciembre en Buenos Aires, mientras los jugadores ya están de vacaciones, el futuro próximo de River se asemeja a un rompecabezas de esos muy difíciles de armar, y con poco tiempo por delante antes del arranque de un nuevo torneo local y la Copa Libertadores, ambos en febrero.

En estos días firmará contrato su nuevo técnico, Néstor Gorosito, un ex futbolista de la institución que arranca con una única ventaja: peor de lo que River está ahora es imposible. El ex entrenador de Argentinos Juniors contará con cierto margen de paciencia, pero no podrá fallar en su primera prueba clave, la de "depurar" un plantel que parece estar en las antípodas del campeón en junio.

Y tiene la posibilidad de hacer sólo cuatro incorporaciones. Una de ellas, la más esperada por los hinchas de River en estos tiempos de malaria, es el regreso del "hijo pródigo" Ariel Ortega, que emigró a Mendoza después de que Simeone decidiera no renovarle el crédito por cuestiones derivadas de su adicción al alcohol, pese a que su presencia fue clave en la obtención del Clausura.

Las negociaciones con su actual club, Independiente Rivadavia, parecen tortuosas desde lo económico, pero aún si Ortega regresara al club de sus amores, la lista de pendientes son muchas, y el dinero no sobra. Gorosito, trascendió, pretende contar con un delantero y un defensor que tengan buen juego aéreo. El restante refuerzo será el del delantero uruguayo Sebastián Abreu, ya en el club.

Todo esto, en un 2009 que está caracterizado por ser un año político en el "mundo River", con un presidente, José María Aguilar, cuestionado por muchos pero renuente a ejercer autocrítica por la contratación de futbolistas a quienes vestir la camiseta rojiblanca a todas luces les quedó grande y por los pobres resultados obtenidos de su cantera, otrora pródiga en talentos, en los pasados años.

Tras la humillación del último puesto, el todavía último campeón del fútbol argentino, tiene poco y nada de qué sentirse orgulloso, con excepción, quizá, del apoyo de sus hinchas, que lograron el milagro de convertir a River en el club que más entradas populares vendió en el torneo, en el peor momento futbolístico de su historia.

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2 de Diciembre de 2016|23:36
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