Exploración desde la lucidez

Todos los libros de María Elena Walsh hablan de una u otra manera de Argentina. Comprometida con la vida, la poeta admirada por Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez; la compositora celebrada por generaciones de niños y honrada por sus pares de mil maneras distintas, logra mezclar en este libro realidad y ficción con infalible talento.

Por C.A.

Fantasmas en el parque, de María Elena Walsh. Buenos Aires, Alfaguara, 2008. 264 páginas. $39.

María frecuenta el Parque Las Heras, ese inmenso solario abierto sobre las ruinas de la antigua Penitenciaría Nacional. Allí lee, escribe, convoca a sus "fantasmas".

Y como "las anomalías suelen atraerse", poco a poco va entrelazando su vida con las de otros visitantes habituales o pasajeros, "personas desplazadas", seres a la vez laterales y arquetípicos de un país en crisis y de "un siglo atroz que todavía no terminó".

Todos los libros de María Elena Walsh (Buenos Aires, 1930) hablan de una u otra manera de Argentina. Comprometida con la vida, la poeta admirada por Neruda y Juan Ramón Jiménez; la compositora celebrada por generaciones de niños y honrada por sus pares de mil maneras distintas, logra mezclar en este libro realidad y ficción con maestría.

En Fantasmas en el parque, mezcla originalísima de novela y autobiografía, María Elena Walsh evoca lugares que ha visitado, personas que ha conocido, libros leídos; convoca amores, amigos y maestros; conjura terrores y pesadillas; confiesa sueños y secretos, celebra la belleza.

Y lo hace con su espíritu inconfundible y entrañable: lúcido, contestatario, irónico, pleno de una recóndita ternura y una honestidad brutal.

Fresco desprejuiciado de estos últimos años, Fantasmas en el parque es también una fascinante, conmovedora exploración de nuestro pasado, desde el punto de vista de una de sus artistas más cabales y populares.

En Imágenes