Experiencia paraguaya: “El valor justicia no sólo se consigue en el Poder Judicial”

MDZ habló en Buenos Aires con el abogado paraguayo Luis Adlan. Trabaja en la aplicación de  nuevas formas de acceso de la gente a la justicia. Aquí, relata los inicios de una experiencia que se desarrolla en la zona más postergada de su país y que busca respuestas comunitarias por fuera de los ámbitos tradicionales.

En el marco del taller sobre “Jóvenes y violencia” organizado por la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave) y realizado en Buenos Aires sobre el pasado fin de semana, el paraguayo Luis Adlan, miembro del CEJ, Centro de Estudios Judiciales, explicó cuáles son las bases y objetivos de un proyecto experimental que busca acercar la justicia a la gente y que se desarrolla en San Pedro, la zona más empobrecida de su país.

El encuentro es organizado por la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave) y la entidad anfitriona es Inecip, quien lleva adelante el encuentro con el respaldo de la organización sueca Swefor. Reúne en la capital argentina a expertos en temas de violencia y seguridad de Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Brasil.

Adlan explicó que el proyecto que desarrolla el CEJ busca la promoción del funcionamiento de formas alternativas de justicia. Denominaron a la iniciativa como “Abriendo puertas, justicia y equidad social”.

Explicó a MDZ que se pretende que la gente logre niveles de “diálogo y consenso”, para que “no resuelva los problemas de manera violenta”.

Por eso, el proyecto se desarrolla en una zona que los paraguayos consideran como un agujero negro: San Pedro, en la percepción social, es el lugar más olvidado de Paraguay. De allí fue obispo el actual presidente, Fernando Lugo quien, contando la experiencia de sobrevivencia en la crisis de sus pobladores logró destronar al Partido Colorado luego de 61 años en el poder.

Con sus 400 mil habitantes, posee 68 asentamientos campesinos y el 70 por ciento de los cuales no tiene ningún servicio básico. El 70 por ciento de la gente vive en la pobreza y el 38% está directamente excluido, subsistiendo con una suma de menos de 9 dólares mensuales.

Todo esto se suma a la falta de respuestas concretas que da el Estado para la organización social. Ni hablar, entonces, de intervención estatal para resolver sus problemas.

Con sólo un juzgado y tres fiscalías en la zona, la “Justicia oficial” casi no existe como servicio público.

“Los principales problemas que se relevan en el sector –dijo- son de luchas por el acceso a tierras, la siembra de marihuana, y conflictos interpersonales”.

Pero, en medio de la crisis, Adlan sostuvo que su organización trabaja bajo el concepto de que “la Justicia es un valor en sí misma, no hace falta recurrir al Poder Judicial para comprender que hay derecho a una solución justa ante un problema”.

“Queremos que la gente viva en un país justo”, indicó Adlan al referirse al pensamiento que los reúne alrededor del proyecto prototipo de San Pedro.

Por eso, la Casa de Justicia, lugar en el que se realizan las reuniones cuando la comunidad plantea un problema en la búsqueda de una solución, no necesariamente es un concepto que deba entenderse literalmente: no hay tal “casa”. Se juntan en una iglesia, debajo de un árbol, en una esquina. “La idea es escuchar, buscar consensos y dar salidas”, aportó el paraguayo.

Lo desarrollan como un “modelo multipuertas”, algo que Adlan definió como “un servicio de atención a la ciudadanía para canalizar y derivar con asistencia los conflictos y otras necesidades de la comunidad, trabajando con instituciones públicas y organizaciones sociales”.

¿Cuáles son las herramientas si no hay un tribunal, un acusado y unos testigos?

La respuesta que el experto del CEJ de Paraguay es que se nutren de cuatro conceptos básicos y todos vinculados al diálogo y al consenso: “negociación,  mediación, conciliación, participación de procesos participativos”, dijo.

“Es una apuesta –agregó- al diálogo social y el trabajo para la construcción de consensos, ya que la mayor cantidad de conflicto son entre los habitantes por cosas cotidianas, que si llegan a una de estas instancias, se resuelven antes de que terminen en una acción violenta”.

El panorama es difícil, pero el desafío es lo suficientemente prometedor. Se desarrolla en un lugar caracterizado por “los conflictos entre asentamientos y dentro de los propios asentamientos”, según relató el especialista.

Allí, en donde un obispo ganó las elecciones y en donde el Estado está totalmente ausente, también crece una experiencia que no busca negar el orden jurídico y, ni siquiera, reformarlo. Sino promover la idea una idea más cercana de justicia y evitar no sólo la violencia física, sino otro tipo de agresión: la judicialización de todo, la del expediente que nunca encuentra una solución y una respuesta.
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11 de diciembre de 2017 | 11:00
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