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Los por qué de una probable coronación de Tigre

Llega con los mismos puntos que sus dos adversarios, juega en su cancha, viene de dar una notable muestra de coraje frente a Central en Rosario, tiene mentalidad ganadora, un entrenador de los más capaces de las nuevas generaciones y una hinchada fiel como muy pocas.

Sellada la certeza de que amén de emociones copiosas el Torneo Apertura está deparando unas cuantas curiosidades, no resulta menos curioso comprobar como buena parte de la comunidad futbolera se resiste a contemplar la posibilidad de que el título se lo lleve Tigre.

Los escépticos en cuestión no son necesariamente hinchas de Boca, San Lorenzo y Lanús, puesto que si de ellos se tratase iría de suyo la gravitación de una expresión de deseos que, por cierto, Tigre se propone contrariar.

Son, más bien, quienes por ejemplo sobreestiman el poderío de Boca y San Lorenzo y al tiempo subestiman el poderío de Tigre.

Y son, asimismo, tardíos portadores de un determinismo que murió de muerte natural en 1967: que jamás de los jamases un equipo de los denominados "chicos" puede salir campeón de Primera.

Como es bien sabido aquel Metropolitano obtenido por Estudiantes de La Plata abrió el camino a los títulos de Chacarita, Rosario Central,  Newellïs, Quilmes, Ferro Carril Oeste y Argentinos Juniors, sin contar los de Vélez y Huracán, dos clubes que, según concluya el observador, serán considerados grandes o medianos.

En cualquier caso, el imperativo histórico que consentía apenas las vueltas olímpicas de Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo tuvo sus años de gloria entre el comienzo mismo del profesionalismo (1931) y el ya consignado 1967, para luego, aún cuando persistió la hegemonía de los más poderosos, establecer de un modo si se quiere natural la posibilidad de que de vez en cuando se encumbre un "extrapartidario".

De hecho, en lo que va del siglo XXI ya han salido campeones Newellïs, Estudiantes y Lanús.

Y más: hoy mismo se están cumpliendo dos años del título que Estudiantes le birló a Boca de una manera extraordinaria (una hora antes de la conclusión del torneo Boca llevaba cinco puntos de ventaja) y en estos días se cumple un año de la coronación de
Lanús.

¿Y entonces?
¿Dónde está escrito que Tigre no puede llevarse el Apertura?

Llega a la última fecha con los mismos puntos que sus dos adversarios más temibles, juega en su cancha, viene de dar una notable muestra de coraje (de 0- 2 a 3-2 frente a Central en Rosario), juega, corre, piensa y lucha en dosis apreciables, tiene mentalidad ganadora, un entrenador de los más capaces de las nuevas generaciones y una hinchada fiel como muy pocas.

¿Por qué no?

Por si fuera poco, en este mismo torneo ha vapuleado a Lanús y le ha ganado a Boca en la Bombonera y a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, antecedentes que, urge reponerlos, frente a la eventualidad de un desempate le dispensarían un  handicap
reglamentario.

Habrá que ver, como deduce Cagna, si efectivamente Tigre está mejor posicionado que Boca y San Lorenzo porque sus jugadores, los del equipo de Victoria, "tienen más hambre".

Habrá que ver, como deducen más de cuatro, si efectivamente Tigre padecerá horrores la presión que supone, siendo un club histórico de las divisiones del Ascenso, estar a un paso de subirse al cielo del cielo.

Las dos hipótesis son consistentes y al tiempo se corresponden con aquello que da en llamarse intangibles.

Pero de momento, sopesadas los atributos estrictamente futbolísticos y evaluadas las circunstancias, se vuelve claro que no hay un solo argumento de peso que conduzca a la inevitabilidad de la declinación de Tigre.

Tigre, señores, está perfectamente habilitado para constituirse en el nuevo campeón del fútbol argentino.
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9 de Diciembre de 2016|18:26
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