La fogata y las hormigas, de Alexandr Solzhenitsin

Arrojé al fuego un pequeño tronco podrido sin darme cuenta de que en su interior había un hormiguero.

El tronco empezó a quemarse; las hormigas se arrojaron afuera desesperadas, y comenzaron a correr en todas direcciones. Corrían hacia arriba y abajo y se contraían quemadas por el fuego. Cogí el tronco y lo hice rodar hacia un costado. Ahora innumerables hormigas escapaban de la muerte, corriendo por la arena, entre las agujas de los pinos.

Pero, cosa extraña, no se alejaban del fuego.

Apenas respuestas de su terror, regresaban, giraban un momento alrededor, y luego una fuerza misteriosa las llevaba de nuevo allí, hacia la patria abandonada. Muchas de ellas escalaban de nuevo el tronco ardiente y lo recorrían sin cesar hasta que encontraban la muerte.

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9 de Diciembre de 2016|03:09
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