Norman Briski: "La dramaturgia es una banda sonora"

El actor y docente teatral presentó su libro "Teatrobrik", integrado por cinco obras y un guión televisivo, con prólogo del médico psiquiatra, psicoanalista y colega suyo, Eduardo Pavlovsky. "Mi teatro es para ser visto y no tanto para ser leído, como en el caso de Beckett", dijo.

Autodefinido como "actor, director, dramaturgo, maestro y militante", Briski participó del  Instituto Di Tella, hizo teatro en las villas, fue amenazado de muerte por la Triple A y en España filmó con varios directores, entre ellos Carlos Saura.

Su teatro Calibán, inaugurado en 1987 en el barrio de Montserrat, es también sede de sus prestigiosas clases de actuación de las que surgieron no pocas primeras figuras. Las obras publicadas en su libro fueron montadas allí.

"Hay libros de teatro que son más que la mitad de una obra puesta en el escenario, por ejemplo Samuel Beckett, cuyas obras serían como el 80 por ciento; aunque me da la impresión, todo es de una enorme subjetividad", apuntó Briski.

Dijo que su teatro, "por el contrario es mucho menos de la mitad, un 20 o un 30 por ciento, porque el resto estaría pensado en la dramatización, por lo que algunos autores tienen un valor literario mucho más grande y otros tienen mayor potencia dramática y tal vez un valor literario relativo".

"Mi teatro me parece que es para ser visto -estimó-, pero Beckett se puede ver y se puede leer; hay muchas dramaturgias, e incluso alguna obra mía cuyo valor es la literatura, a quien yo osadamente considero el papá y la mamá del teatro, eso sí es para que me lleguen a linchar o qué sé yo...".

El actor de La fiaca dijo creer que la literatura "tiene esa potencia sobre el teatro y que el teatro es un juego infantil que muchas veces se junta con esa literatura dramática que lo potencia".

Preguntar si un texto es la mitad de la mitad de una obra de teatro es como preguntar cuánto es la banda sonora de una película -cuestionó el actor-dramaturgo- "y en general se suponía que es el 30 por ciento; y es verdad en algunas películas en las que toma un protagonismo notorio".

"La dramaturgia sería la banda sonora de los actores, pero esos equilibrios han variado -dijo-; Shakespeare es la medida de que no hace falta música y cuando le han puesto música, sobró".

Hay sí una literatura dramática pensada para los actores: "Como yo soy actor escribo como actor, soy un actor que escribe", se definió.

Consultado por su escritura señaló: "Yo siempre escribí, no de ahora, es un juego que me acompañó siempre. Recuerdo haber escrito a los 17 años obras muy lorquianas para hacer en patios, que ni sé dónde están. Con suerte diversa, digamos".

Dijo haber seleccionado y desechado mucho, ya que su tarea es siempre un ensayo, aunque rescata Las primas, basada sobre dos actrices de su conocimiento y que integra el flamante volumen.

"Eran dos chicas que tenían esas temáticas y vicisitudes de existencia, y nunca les di más que mozartianamente decirles: 'tomá, te devuelvo lo que te va a venir bien como actriz'; y resultó que es una de mis cosas con mejor calidad dramática", supuso.

Los caminos son inusitados y muy inesperados para Briski: "Hay veces que los cuentos o lo que se me ocurre son muy potentes como cuento pero después no lo son como teatro; ¡puf!, no es fácil".

Su próximo deseo es escribir una novela sobre la que ya tiene una idea, aunque allí no deberá lidiar con actores de carne y hueso.

"Los personajes son los actores de la novela y yo los necesito en mi imaginación -desafió-, pero para la novela como una sinfonía me parece que no tengo rango, no tengo la imbricación de los temas, que me parece que es la clave del género en el sentido de que tiene largo aliento y una capacidad de vicisitudes, con intensidades y estados parciales que se van articulando."

Briski dijo sentirse más cómodo en el género cuento, "que escribo desde hace mucho tiempo y estoy por publicar Cuentos para el Coco, de la misma editorial, RíoCuLtura, que sacó Teatrobrik, donde están muy entusiasmados".

"Son ocurrencias, en general por ser más grande, tener más años, de cosas que he vivido, no son cuentos abstractos sino de algo vivido, semibiográfico. Me encanta el cuento, pero es difícil porque hay muchos cuentistas y muy buenos", añadió.

"Tenemos grandes escritores en Latinoamérica. Pensar en Borges, en Rulfo, en los brasileños, Onetti, Benedetti... ¡Epa! Tenés que ponerte en un lugar de innovación, con estéticas más originales. Cuando escribo no tengo la menor intención de competir, yo a esos autores los admiro y punto", señaló.

Fuente: Télam

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7 de Diciembre de 2016|16:57
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