El paraíso perdido, de John Milton

El hombre recibió en su nacimiento
De mí, entre otros, dos grandes beneficios,
A saber, que feliz e inmortal fuera.
Perdida ya su dicha, si siguiera
Siendo inmortal, sería su tormento
Interminable: así, por piedad pura,
Le he señalado un término en que muera,
Y breve: si él aprovecharlo sabe;
Si a mis preceptos leal, triunfa glorioso
En el combate cruel, está segura
Su recompensa para cuando acabe.
Al salir, como el oro refinado,
Del crisol doloroso
De las tribulaciones que ha pasado,
Su alma sublime, suelta
Del inocente barro en que está envuelta,
Pasará a un lugar puro sin tardanza,
Por la calma habitado y la esperanza,
Hasta que llegue el venturoso día,
En que mis numerosos escogidos
Completen nuestra corte reunidos.
El Cielo ha visto ya su rebeldía
Castigada, y la tierra delincuente
La pena ha de sufrir correspondiente.

De El paraíso perdido, John Milton (fragmento).
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