Sobre el ateísmo

A pesar de que "el libro de Triviño y la presentación que se hizo del mismo aparecen, a primera vista, como una gigante trituradora de lo religioso y de las religiones", el autor de la nota rescata la validez del debate inteligente al tiempo que sostiene sus elección por Jesús.

Son las 23 horas del 1 de diciembre del año en curso. Acabo de llegar a casa luego de asistir a la presentación del libro El ateísmo, elaborado y escrito por Luis Triviño.

No puedo resistirme a la urgencia interior de volcar sobre el papel virtual de la PC los sentimientos, pensamientos y vivencias que han despertado en mí las palabras de los presentadores del citado libro, algunos pasajes del mismo y los comentarios de varios amigos de antes y de ahora.

Permitiéndome un paréntesis en aquella urgencia, debo decir que me emocionó sobremanera el hecho de que el libro esté dedicado a nuestro querido Jorge Contreras: gran amigo, compañero y hermano de la vida de tantos, entre quienes nos contamos Luis y yo; hermano de la vida porque mas allá de las ideas y convicciones que muchos podremos compartir o no, a todos nos une el empeño común por el respeto a las personas, a su libertad de conciencia y el compartido esfuerzo por construir otro mundo posible y vivible para todos.

Jesús con la cruz a cuestas, de El Greco.

El libro y la presentación que se hizo del mismo aparecen, a primera vista, como una gigante trituradora de “lo religioso y de las religiones”. Parecieran no quedar títeres con cabeza.

Debo confesar, sin tapujos y desde mi más profunda convicción, que comparto la mayoría de las valoraciones y críticas que desde el ángulo científico, sociológico, cultural, histórico y de la libertad de conciencia aparecen en el ensayo de Luis sobre el ateismo o la a-teología. No puedo dejar de compartir, además, que las religiones han sido y son un factor de poder sobre la sociedad y sobre las personas.

Pero, permítanme decir, también, que en mi caso concreto de pertenencia a la Iglesia Católica, mi madurada elección del cristianismo y de la vocación sacerdotal ha sido la elección de una persona y de un camino: Jesús de Nazaret, su vida, su palabra, su accionar. Y decir, además, que lo de Jesús no fueron normas rituales, institucionales o culturales, sino indicaciones testimoniales y vivenciales para acercarnos más unos a otros, y en ese acercamiento descubrir y acercarnos al Otro, Padre-Madre originante de la vida del universo y de cada uno de nosotros.

Y  que esa elección comporta reconocer que, como cristianos, muchas veces y en variados aspectos no hemos reflejado, y no reflejamos hoy, a ese Jesús en su pasión por tender una mano a la persona caída -excluida y moribunda en el sentido material y espiritual- que está a la vera del camino de la vida y a ese Jesús en su porfiado empeño y convicción de que es posible que las personas mejoren y que el mundo puede ser un poco mejor si sembramos en nuestra sociedad una mayor cuota de misericordia y de justicia y menores cuotas de sacrificios (personales y culturales).

Ojalá muchas personas practicantes de distintas confesiones religiosas nos sintamos desafiadas a leer con atención este texto de Triviño que nos ayudará, seguramente,  a una reflexión más profunda sobre nuestras convicciones de fe y a un sinceramiento de nuestros corazones frente a la crisis de valores humanos que nos está estrujando.

El secreto vivencial que nos ha trasmitido Jesús es que dándonos la mano unos a otros encontraremos la trascendencia de nosotros mismos hacia la Fuente de la Vida, y de una vida en abundancia.

Opiniones (4)
9 de Diciembre de 2016|18:03
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9 de Diciembre de 2016|18:03
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  1. Casi al final de su nota Vicente Reale dice: "Ojalá muchas personas practicantes de distintas confesiones religiosas nos sintamos desafiadas a leer con atención este texto de Triviño que nos ayudará, seguramente, a una reflexión más profunda sobre nuestras convicciones de fe y a un sinceramiento de nuestros corazones frente a la crisis de valores humanos que nos está estrujando." Lo comparto y lo celebro, porque también ha sido el mío durante los últimos años. La mayor parte de mi vida adulta creí en el dios de mis padres y traté de vivirlo, pero nunca pude internalizar del todo los dogmas de las varias tradiciones cristianas. Las interpretaciones literales o metafóricas siempre me parecieron un "estiramiento de la imaginación". Cuando hablo con gente que profesa la fe un tanto filosóficamente, siempre les pregunto: ¿Usted cree realmente en el nacimiento virginal? ¿Cree en la creación según se describe en el Génesis? ¿Cree en la resurrección de los muertos? Y siempre recibo respuestas ambiguas: "bueno.... en realidad esa historia es una matáfora", o "No se podría afirmar que la religión es metafísicamente cierta...", o "sus figuras son legendarias, bordean lo mitológico, son de la pre-historia de la civilización...", o "hasta se encuentran muchas veces narraciones cómicas, lúdicas..." Hoy tenemos mejores explicaciones para los orígenes del cosmos y de nuestra especie, y de haber sabido 2 mil, 3 mil años atrás, lo que sabemos hoy, los monoteísmos nunca se habrían establecido. A nadie se le ocurriría volver a los tiempos sin filosofía, explicando la vida con mitos y leyendas, o a creer que el planeta es un disco plano circulado por el sol y no al revés, o a desconocer que la existencia de micro-organismos tienen dominio sobre nuestras vidas y no al revés, como se indica en el Génesis. La infancia de nuestra especie NUNCA hubiera adoptado el teísmo si 2000 años atrás hubieramos sabido lo que sabemos hoy sobre lo que nos rodea. Ignorabamos demasiado y teníamos mucho miedo. Era la infancia del Homo Sapiens. Y si bien podríamos aceptarlo y reconocer lo absurdo de enseñar y creer en tantas doctrinas basadas en textos milenarios escritos por miles de hombres 'inspirados' por lo espiritual y de manuscritos adulterados por miles de copistas 'inspirados' por sus respectivos momentos históricos, Vicente podría decir que la Fé en Dios es fuente de moral y ética. ¿De dónde provienen sinó la solidaridad y el amor por nuestros semejantes? ¿De dónde surgen las buenas acciones y la buena moral, sinó de la fé en Dios? Sin embargo es imposible creer que el cristianismo sea fuente de moralidad y ética. Como no lo fue de conocimiento sobre el orígen de la vida, nuestro planeta, y el universo, tampoco lo es de moralidad y ética humanas. ¿Es moral o ético creer que nuestros pecados, los suyos y los míos, Vicente, puedan ser perdonados a través del castigo de otra persona? ¿Es ético creer en algo así? La doctrina de la redención vicaria a través del sacrificio de otro ser humano es absolutamente INMORAL. (amor obligatorio, otro elemento aberrante de la fé) Si un amigo me debiera dinero y no tuviera con que pagarme, podría olvidarme de su deuda o esperar (con un poco de suerte) a que algún día lo haga. Es más, si su amistad significara algo valioso para mí, hasta podría ir a la cárcel en su lugar y cumplir con una condena que le fuera impuesta a él como sentencia. Y en el caso de que mi amigo hubiera sido alguien muy especial e increiblemente bueno conmigo o mi familia, hasta podría hacer lo que hace Sidney Carton en "Historia de dos ciudades", cuando decide ir al patíbulo en lugar de Charles Darney. Con duda y titubeo tal vez, hasta podría dar mi vida por un amigo. Lo que nunca, nunca podría hacer, es liberarlo de sus responsabilidades como ser humano. No podría ni perdornar lo que hizo, ni olvidarlo. Tampoco podría decir que no fue responsable por lo que hubiera hecho. No podría blanquear sus acciones. Para perdonar lo inperdonable, para blanquear el pecado, las sociedades antiguas sacrificaban animales, llamados chivos expiatorios. En Israel se elegían dos chivos para ofrecer a Yaveh; a uno lo sacrificaba el sacerdote y al otro se lo cargaba con todas las culpas del pueblo, la gente lo insultaba y apedreaba, para después abandonarlo en el medio del desierto, donde muría de hambre y sed. Así se creía poder lavar los pecados de la tribu. Esta doctrina es positivamente inmoral, porque anula y revoca el concepto de responsabilidad individual sobre la que toda ética y moral humanas DEBEN basarse, invariablemente. Implícito en esto está el concepto que enseña que estamos irremediablemente vinculados a un sacrificio que tomó lugar mucho antes de haber nacido, donde mi decisión personal es innecesaria y mi opinión irrelevante. De haber estado físicamente presente en el sacrificio de Jesus, habría estado moralmente obligado a hacer algo para evitar la tortura, ignominio y ejecución publicas de un predicador excéntrico. Y si fuera necesario hoy, haría exactamente lo mismo. Pero no, no, como ser humano estoy implicado directamente en el crímen. Fuí el que lo clavó a la cruz y presenció su ejecución en el calvario, confirmando ese inmundo pecado original con el que nací a cuestas, heredero del pecado original de Adan. Es una creencia demencial sin embargo esta ES la doctrina cristiana y es justamente aquí donde vemos lo siniestro del monoteísmo cristiano y de la práctica religiosa en general: son credos incipientemente (al menos) y explícitamente, totalitarios. No hay alternativas para mí: he nacido bajo una dictadura celestial en la que no existe la autodeterminación individual, donde no tengo la oportunidad de elegir ante quien someterme. No tengo voz ni voto en el asunto. Se me informa que estoy siendo observado mientras duermo y que puedo ser culpable de crímenes cometidos en mi pensamiento, lo que se traduce a la definición misma de totalitarismo: ser encontrado culpable y luego condenado por lo que uno piensa. Se me informa que si hiciera una acción buena estaría evitando mi culpabilidad y condena, pero si cometiera una acción mala no solo sería castigado en vida, algo frecuentemente axiomático, sinó que mi castigo continuaría aún después de mi muerte y por una eternidad! En los espantosos tiempos del antiguo testamento, brutales como fueron, con recomendaciones explícitas a infligir genocidio, racismo, tribalismo, esclavitud, mutilación genital, desplazamiento y destrucción de pueblos; terribles y horrendos como son los dioses de esas historias, al menos no se promete castigo a los muertos. No se tortura eternamente a los amalaquitas y medianitas después de su aniquilación. Es solo cuando Jesús aparece en escena, todo amor y bondad, que se nos informa que los que no aceptamos el mensaje de salvación, vamos a ser arrojados eternamente en el fuego y azufre del infierno. ¿Esto es moral? ¿Esta es la ética que nos ofrece la doctrina cristiana? No. No solo no lo es, no solo es una falsa promesa de redención, sinó que es el orígen mismo del principio totalitario, carga y verguenza que hemos tenido que soportar por tanto tiempo (y no por casualidad en países de tradición cristiana y mayoritariamente católico apostólico romana, como el nuestro) Además, creo que socava nuestra integridad más esencial porque anula y disuelve nuestra obligación de vivir siendo testigos a la verdad. ¿Quién de nosotros se atrevería a creer devotamente en lo inverosímil sólo porque nos trae un poco de alegría? ¿O de contarles mentiras a los chicos porque les secarían las lágrimas de los ojos? ¿Quién de nosotros estaría dispuesto a consentir lo ilusorio, lo inverosímil, lo inprobable, en lugar de la búsqueda honesta de la verdad? ¿Acaso no hemos escuchado decir de autoridades religiosas y de los que profesan la fe y más de una vez? "que tal vez las historias no sean del todo verídicas, algunas narraciones son fábulas...", o "los hechos históricos tal vez no sucedieron exactamente como se encuentran descriptos en los textos", pero al menos, las enseñanzas nos sirven de CONSUELO! ¿No es vergonzoso y absurdo basar nuestra existencia en cuentos? ¿No es irresponsable creer en lo que nosotros mismos quisiéramos que fuera cierto? Sí, sería lindo poner todos nuestros pecados en otro y dejar que desaparezcan, pero NO ES CIERTO y NO ES moralmente justo. En cuanto a nuestra integridad más esencial como seres humanos, el de saber cuando algo está bien o mal y de poder discriminar una buena acción de una mala, creo que debieramos repudiar la idea de que los seres humanos no la poseemos innatamente. Que esa habilidad solo proviene de una dictadura celestial, a la que además uno debe simultáneamente, amar y 'temer'. Cómo será amar y temer al mismo tiempo (nunca lo intenté, porque nunca fuí del clero), cómo será ganarse la vida 'mintiéndole a los niños', diciéndoles que DEBEN amar a una autoridad celestial (amor obligatorio, que idea más grotesca) y al mismo tiempo aterrorizarlos con su castigo. O de que los niños no pueden discernir lo que está bien o está mal y que la decencia y la equidad solo se aprenden obligatoriamente. Los que somos padres sabemos que no es cierto, porque la decencia es innata en los niños. Tal vez deban ser "animados un poco" a practicarla, pero todos la traemos en nuestro genoma. Según las historias bíblicas, el antiguo pueblo de Israel vagó por el desierto por varios años antes de llegar a la tierra prometida, y aparentemente era aceptable practicar el adulterio, el homicidio, el robo y el perjurio, porque fue recién al llegar al Monte Sinaí que se les informa que ninguna de esas prácticas iban a continuar siendo "Kosher". Pido perdón y disculpas. Por favor. Debieramos tener más auto-respeto. No podemos creer algo así, por nosotros mismos y por los demás. Es cierto que la historia del éxodo de Egipto es ciencia ficción, una fabricación, una leyenda desmentida por la arqueología israelita. Nada de lo que se describe en el Exodo sucedió, pero supongamos que lo interpretamos metafóricamente. Igual termina siendo un insulto. Es un insulto a nuestra integridad más esencial, porque de haber practicado el homicidio, el adulterio, el robo y el perjurio, el pueblo de Israel nunca hubiera podido llegar al Sinaí, ni a ninguna otra montaña. Además, se nos indica en lo que podemos y debemos que creer. En otras palabras, ¿son el raciocinio, la ciencia y la religión compatibles? ¿Se pueden reconciliar? El biólogo Stephen Jay Gould creía que un conflicto no era posible, porque eran áreas del conocimiento o la experiencia humana que no se superponían. Pero hay un problemita con esa teoría. La comunidad científica actual concuerda en que el Homo Sapiens, como lo conocemos hoy, ha existido en el planeta entre 100 mil y 250 mil años. Si tomaramos la primera cifra, entonces podríamos concebir que al menos por 100 mil años, el Homo Sapiens ha estado muriendo intentando nacer, o alternativamente matando a su madre en el proceso de nacer. En los albores del Homo Sapiens, facilmente podriamos imaginar un promedio de vida entre 20 y 25 años, muriendo agonizantemente en muchos casos a causa de dientes infectados y dada su cercanía al cerebro. Muriendo de hambre también, o a causa de micro-organismos letales (cuya existencia era totalmente desconocida). Víctimas de fenómenos naturales, como tsunamis, volcanes, terremotos, etc., eventos que por la escala de destrucción, deben haber sido aterrorizantes y misteriosos. Y pereciendo también a causa de disputas territoriales, mujeres, tierras, animales, comida, propiedad, etc. El lector puede imaginarse lo que deben haber sido los primeros milenios de la familia humana. Podemos también ver que nuestros antepasados aprendieron algunas cosas y que en muchos casos crearon sus propios dioses adorando animales salvajes, adorando al sol, o a otros seres humanos (gran error). Y podemos ver facilmente por qué lo hacían. También podemos ver que el avance del Homo Sapiens en algunos casos fue exponencial en relación al de otros primates, y que desgraciadamente en otros casos, civilizaciones enteras desaparecieron del planeta dejando pocos rastros. Aparentemente, por 98 mil años, los cielos miran todo esto desde las alturas, con los brazos cruzados, en una actidud de total indiferencia, frialdad y desinterés, pero alrededor de 2 mil años atrás dicen: "Bueno, ha llegado el momento de intervenir". Y la mejor manera de intervenir es con un sacrificio humano en Palestina primitiva, donde las noticias tomarían tanto tiempo en desparramarse, que todavía hoy no han penetrado grandes areas del mundo y esa es la solución divina para la redención de la especie humana. Esto es lo que debemos creer si vamos a aceptar la revelación cristiana. El problema es que no solo no es posible creer en algo así, sino que es indecente hacerlo. ¿Por qué no es posible? Porque el nacimiento virginal es más probable que eso y la resurrección de los muertos es mas factible que eso. Y porque si fuera cierto, implicaría dos cosas más: (1) deberíamos creer que el creador de este plan fue increíblemente haragán e inepto, o (2) que fue increíblemente insensible, indiferente, cruel y caprichoso. Idéntico es cada argumento que se ha ofrecido sobre un Dios creador, un Dios revelado, o un Dios que interviene en asuntos humanos. Pero en este momento histórico, la explicación moderna es contundente por el conocimiento superior que hemos adquirido depués de una interminable lucha tratando de afirmar y hacer valer la razón, el raciocinio, la lógica, las ciencias, la humanistica, por encima de los sacerdotes, los rabinos y los mulás, que siempre quisieron hacernos creer que fuimos creados del polvo de la tierra, o de una mancha de sangre como dice el Corán, o como rezan los judíos todas las mañanas: "al menos no soy una mujer o un gentil". El insulto final que la religión nos inyecta en el sistema intenta apelar a nuestra maldad, egocentrismo, solipsismo, y masoquismo (es sado-masoquista). Poniendolo en términos simples: somos una mancha de sangre, un pedazo de barro, estamos vivos por casualidad, Dios nos creó aparentemente para su propio entretenimiento a pesar de haber nacido en pecado, avergonzados por nuestra sexualidad (característica de todas las religiones, porque todas manipulan el factor sexo). Somos una porquería, una inmundicia, una basura, tenemos suerte de haber llegado vivos al siglo XXI, cubiertos de suciedad y verguenza, somos unas criaturas miserables, PERO..... ... no se desanimen... el universo lo creamos para ustedes! Y los dioses de los cielos tienen un plan personal para cada hombre y cada mujer... Si existe alguien que todavía puede creer en esto, que lo crea. Los que tengan dudas, deben saber que si queremos "comenzar" a crecer como seres humanos, no vamos nunca a poder hacerlo, hasta que dejemos todas estas tonterías siniestras e infantiles en el pasado, en la historia de la humanidad. Y si el sacerdobe Vicente Reale es honestamente serio cuando espera "...que nos sintamos desafiados a una reflexión más profunda sobre nuestras convicciones de fe y a un sinceramiento de nuestros corazones frente a la crisis de valores humanos que nos está estrujando.", que lo manifieste "prácticamente" considerando lo que acabo de escribir, o alternativamente, con lo que Triviño gentilmente nos muestra y ofrece en su libro.
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  2. Conmueve leer a todos los que se han expresado sobre el tema, por una cuestión de familiaridad ,opino desde este lugar. Es necesario abrir el debate, no público solamente, abrir si el debate personal. Algunos , después de grandes luchas internas, hemos encontrado las respuestas, basadas en muchos de los fundamentos de Triviño y de las excelentes interpretaciones de las autoras de los otros escritos, es muy sano y reconfortante , el poder llegar a una conclusión sin la presión de ninguna idea ortodoxa, esto conlleva a una libertad espiritual reconfortante. Excelente el debate, excelente el tema, excelentes los interlocutores. Algunos tuvimos que sortear mas obstáculos que otros, algunos terminamos de conocer la verdad al pasar por el camino del milagro, que existe.....!! , bien no creo que venga al caso contar mi experiencia, bastante tienen con profundizar este insuperable tema.Por último, gracias a los autores estamos hablando también de valores, que no es poco para los tiempos que corren.
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  3. Ni lo uno, ni lo otro.
    Ingenieros tenía por mediocre al que prendía velas en todos los altares y no comulgaba en ninguno. A veces me da miedo caer en esa clase de escepticismo, pero sospecho que afirmar la existencia de Dios o su inexistencia es demasiado categórico. La otra es optar por la Fe al modo de una apuesta del tipo de las que hacía Pascal. Suena a resignación de jugador desesperado... Como sea, esta disquisición no nos excusa del deber de ser éticos. Si Dios existe, nos debe mirar consternado. Si no existe... ¡qué suerte la suya!
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  4. LA HONESTIDAD QUE SÓLO DA LA LIBERTAD...
    Una excelente síntesis del libro de Luís Triviño "El Ateísmo", hace Vicente Reale, lo cual no me sorprende, ya que tiene la libertad de pensamiento que tenía Jorge Contreras o Frey Beto, por citar algunos. Anteponer -en esta sociedad- la honestidad intelectual sobre aquellos que se cierran sobre sus dogmas o ideologías no es fácil, como tampoco es fácil la búsqueda de la libertad, esa que a veces se confunde con libertinaje. Encontrar la libertad de pensamiento sin renunciar jamás a los valores éticos y morales, presupone el primer concepto de lo que debería motorizar al ser humano, piense como piense y crea en lo que crea. Hay un tema -que quizás sea de forma- pero creo que es importante rescatar para ver como se mueve el mundo a través de los tiempos. ¿Alguien se pregunta por qué la imágen de Cristo muestra a un hombre rubio y de ojos azules y con una nariz perfecta? Cuando todos sabemos que Cristo era judío, en donde no predominaban precisamente los rubios de ojos color cielo. Es más las imágenes de sus padres terrenos no muestran ese ideal genético. Esa imágen fue impuesta -con la complicidad de la iglesia- por los grandes imperios que siempre fueron de raza blanca. No podían entonces tolerar que quien se presentaba como el hijo de dios, fuera de tez morena, hubiera representado la caída de su primer valor, la supremacía de la raza blanca sobre las otras. Un juego perverso si se quiere, porque cuando se identifica a cualquier blanco, se dice "hombre caucásico", o sea originario de la zona del caúcaso, que poca gracia le debe haber causado a los arios. Volviendo a las palabras de Reale, destaco su capacidad para aceptar la búsqueda de un mundo mejor y de mejores personas, no importa el dogma o la ideología de quien tenga esos principios. Eso es tener honestidad intelectual.
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