El perfecto museo de la muerte: un calavernario

Una localidad próxima a la ciudad de Valladolid, conocida por el nombre del rey godo Wamba, conserva el mayor osario visitable, con miles de calaveras y huesos perfectamente ordenados en una de las salas de lo que fue un monasterio cisterciense.

La primera impresión que se percibe al entrar en el recinto, del que sólo queda la iglesia de Santa María, una joya visigótica del siglo X, es que alguien dedicó mucho tiempo a ordenar con respeto y cuidado la ingente cantidad de huesos, en su mayoría fémures y calaveras, hasta cubrir las paredes y el suelo, en lo que parece una imagen sacada de la Divina Comedia de Dante.

La incierta antigüedad del osario, custodiado por la iglesia, se remonta al siglo XIII, gracias a la datación efectuada por el médico español Gregorio Marañón en los años ´50 del siglo XX.

Marañón se llevó dos camiones con restos óseos a Madrid para las prácticas de los estudiantes en la Facultad de Medicina, en la que ejercía como catedrático de Endocrinología.

"No existen o no se conocen documentos históricos para saberlo con certeza, sólo lo que apuntó Gregorio Marañón cuando se llevó dos camiones llenos de huesos", explicó el sacerdote José Luis Velasco, párroco de Wamba.

En esa población sitúan los historiadores la ciudad visigótica de Gérticos, donde el rey godo Recesvinto falleció en 672 mientras descansaba en una supuesta villa de recreo y donde, como se dice que mandaba la tradición, se coronaba al siguiente monarca, en este caso a Wamba, en el mismo lugar en que fallecía el anterior.

La huesera se halla en una de las dependencias del antiguo monasterio, arruinado tras las desamortizaciones decimonónicas, que se encuentra tapizado de tibias, fémures y calaveras desde el suelo hasta el arranque de la bóveda, en un mosaico cuidadosamente elaborado hace un par de décadas.

Son miles de restos pertenecientes a enfermos atendidos allí y en otros lugares desde el siglo XIII hasta aproximadamente el XVII, por los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén instalados en la Encomienda de León y de Castilla.

Manos piadosas fueron depositando los restos en un mismo lugar cuando desenterraban los cuerpos para inhumar a nuevos fallecidos ante la falta de espacio para dar tierra sagrada a los cadáveres, según afirmó el párroco.

Velasco no cree en las teorías que atribuyen el calavernario a pestes, guerras u otras ideas fantásticas. "No son más que leyendas, cosas del 'me parece'", explicó el sacerdote, y señaló que el lugar se ha convertido desde hace décadas en uno de los principales atractivos turísticos de la provincia de Valladolid.

Cientos de turistas se acercan a la pequeña población de apenas 300 habitantes para contemplarlo, pero también para ver la arquitectura de una de las iglesias más antiguas de la provincia, de origen visigótico y reconstruida en estilo mozárabe durante la repoblación de la zona en el siglo X.

Los Caballeros Hospitalarios, Jerosimilitanos, de Malta o de Rodas, la reformaron posteriormente con elementos cistercienses. Todos ellos fueron quienes se hicieron cargo del templo, de estilo mozárabe astur-leonés, debido a la norteña procedencia de los repobladores tras la reconquista del norte del río Duero al Islam.

Más que por la curiosidad que despierta el osario, los turistas, en especial los extranjeros, llegan hasta Santa María atraídos por la arquitectura. "Vienen a pesar de que existe muy poca documentación, y de que ha sido objeto de muy malas restauraciones", señaló Velasco.

Fuente: EFE

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