Hijos de desaparecidos que recuperaron su identidad

La democracia fue recuperada por la sociedad argentina hace 25 años. Pero también, durante ese lapso, 95 jóvenes recuperaron su identidad. Son los hijos de los desaparecidos, quienes se reencontraron con sus familias biológicas luego de vivir años creyendo que lo hacían con sus verdaderos padres. Las Abuelas de Plaza de Mayo estiman que hay unos 400 nietos más por recuperar.

Desde el retorno de la democracia, 95 hijos de desaparecidos lograron conocer sus verdaderos orígenes, luego de haber nacido en centros de detención clandestina o haber sido secuestrados junto a sus padres durante el último proceso militar.

En marzo de 1980, Tatiana Ruarte Britos y su hermana, Laura Jotar Britos, fueron las primeras niñas recuperadas, tras haber quedado abandonadas en una plaza de Villa Ballester, en el momento en que secuestraron a su madre, en 1977, un año después de la desaparición de su padre.

Tatiana tenía cinco años, y su hermana unos meses, por lo que después de pasar por varios institutos de menores, fueron adoptadas legalmente por un matrimonio que no conocía su verdadera historia.

Abuelas de Plaza de Mayo comenzó la búsqueda de las chicas, y gracias a la buena disposición de sus nuevos padres, lograron contactarlas con su familia de sangre, aunque luego las niñas permanecieron con el matrimonio adoptivo.

Este fue uno de los catorce casos de hijos de desaparecidos que fueron adoptados de buena fe, ya que el resto fue abandonado, vendido o apropiado por familias de los integrantes de las fuerzas de seguridad.

La experiencia de Tatiana fue el punto de partida de las restituciones, aunque algunas tuvieron otros finales, como el caso de María Eugenia Sampallo, quien querelló a sus apropiadores, el capitán del Ejército Enrique Berthier y el matrimonio Osvaldo Rival y María Cristina Gómez Pinto.

Sustracción de menor, falsificación de documento público y supresión de identidad fueron los cargos por los que la Justicia condenó a los acusados: Se comprobó que Berthier entregó la niña al matrimonio, después de haberla retenido durante un tiempo.

María Eugenia confirmó que era hija de Mirta Mabel Barragán y Leonardo Rubén Sampallo, en 2001, luego de hacerse un análisis genético, con el respaldo de la CONADI y Abuelas de Plaza de Mayo.

La diputada nacional Victoria Donda recuperó su identidad un tiempo más tarde, en 2004, luego de haber nacido en la ESMA, donde su madre, María Hilda Pérez, se encontraba detenida desde marzo de 1977, al igual que su padre, José María Laureano Donda, quien permanecía en una comisaría de Castelar.

La militante de Libres del Sur, decidió hacerse el análisis de ADN el 24 de marzo de 2004, cuando el ex presidente Néstor Kirchner convirtió la ESMA en un espacio para la memoria, y ella entró junto a miembros de la agrupación HIJOS para dejar claveles rojos en homenaje a los allí torturados.

Donda había sido apropiada a los pocos días de nacer por su tío, el ex jefe de Operaciones de la ESMA Adolfo Donda Tigel, ahora detenido por delitos de lesa humanidad, tras la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final.

El legislador porteño Juan Cabandié también nació en la ESMA, pero un año después, donde su madre, Alicia Alfonsín, se encontraba secuestrada.

Juan vivió quince días junto a su madre en ese centro de detención, hasta que fue apropiado por el ex policía Luis Falco, quien lo anotó como su hijo biológico.

En 2003 conoció su verdadero origen, y el 24 de marzo de 2004, en ese mismo acto de recuperación de la ESMA, Cabandié leyó una carta: "En este lugar idearon un plan macabro de robo de bebés. Acá hubo personas que se creyeron impunes jugando conmigo y sacándome la identidad durante 25 años".

"Hoy estoy acá, 26 años después para preguntarles a los responsables de esta barbarie si se animan a mirarme cara a cara y a los ojos y decirme dónde están mis padres, Alicia y Damián", subrayó Cabandié en su discurso.

En un caso de distinta naturaleza, el hijo del desaparecido Martín Castro Rocchi, con la ayuda de sus padres adoptivos, logró dar con su verdadera familia en 2001, tras veinte años de averiguaciones.

Los padres de Martín eran militantes de izquierda, y cuando tuvieron a su hijo prefirieron no anotarlo por seguridad.

El 20 de mayo de 1977, llevaron a Martín a la casa de unos compañeros de militancia para festejar un cumpleaños infantil, pero antes de volver a su casa los secuestraron.

El matrimonio que se quedó con Martín viajó a Córdoba, y allí lo entregaron a Hebe De Pascuale y a Marcos Mayta, la pareja que años después, junto a la colaboración de Abuelas, lo ayudó a reencontrarse con su tío paterno, que vivía en España.
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