Azafatas de tierra y caprichos diluvianos

Diciembre es un gran encuentro social. Cada evento es parte del trabajo empresario y la chicas RRPP trabajan como si no trabajaran. O mejor, su trabajo es entretener y orientar, dar charla y sugerir, sin explicitar. Todos simulan divertirse, pero están trabajando a full, tal vez, más que en el año. Las tetas operadas y doradas se ostentan en la mesa del lunch. Una agachadita y el visor del varón-lince ya escaneó la imagen, la imprimió y la enmarcó. Ahora van por la carne, el plato principal.

En el límite...

Preparadas para seducir y orientar a ejecutivos y empresarios. Tienen entre 25 y 35 años. Son hermosas, visten bien y se menean con delicada sugerencia. Pelo planchado. Tentadoras para cualquier invitado. Relaciones publicas de eventos empresariales de alto target social. Saben idiomas y tienen títulos de posgrado, o universitarios; las menos, tecnicaturas. Conocen los códigos de los negocios y las armas del arte de la plática con poderosos. Azafatas de tierra que planean sobre el perfume y el glamour.

Todo huele bien en Dinamarca. El alabastro y el mármol, las alfombras y plantas. El poder en el escenario, entre pares. Crujen copas por aquí y por allá. Ellas van y vienen. Despiertan fantasías eróticas a la medida del champagne y del vino. No hay uno que no piense en arrebatarlas y huir por unos días en plan hedonista.

Es diciembre y los eventos sociales disimulan, aunque todos hablen por lo bajo de la crisis. Las sonrisas están pegadas en las caras de los invitados. En la entrada instalan la prótesis de la máscara. La gente mastica y bebe con la máscara puesta –se me viene a la mente “Abre los ojos” (1997) de Alejandro Amenábar- y la sonrisa, a veces, no les permite retener en su totalidad el canapé entre los dientes. Son cosas que pasan en las relaciones públicas para privados. Por supuesto que hay lugar para los recienvenidos –se me viene a la mente “Papeles de Recievenido” (1929) del genial Macedonio Fernández- quienes simulan ser parte. Son los que más transpiran.

Diciembre es un gran encuentro social. Cada evento es parte del trabajo empresario y la chicas –algunas no tan chicas- trabajan como si no trabajaran. O mejor, su trabajo es entretener y orientar, dar charla y sugerir sin explicitar que trabajan con el simulacro. En realidad todos simulan divertirse, pero están trabajando a full, tal vez, más que en el año. Blacberrys para agendarse porque ¿quién dijo que todo está tranquilo en cada puesto gerencial?. Negocios de la etiqueta y la tecnología. ¿Quién la tiene más larga en la fiesta? ¿Cuál es el pavo más apetecible?

La huída
Las tetas operadas y doradas se ostentan en la mesa del lunch. Una agachadita y el visor del varón-lince ya escaneó la imagen, la imprimió y la enmarcó. Ahora van por la carne, el plato principal.

-¿Una copa de champagne, señorita?-¡Oh! Muy amable.
-Ha venido muy hermosa a la fiesta.
-Se agradece señor.
-Daría cualquier cosa por acompañarla.
-5000, gracias.
-Entonces la acerco, no puedo desprenderme de su perfume tan fácilmente. ¿Quiere ver las estrellas?
-No, quiero tener las estrellas.
-¿Cuántas quiere?
-Todas.
-Son suyas.
-Mmmm….
-¿Lo duda?
-Y, si no dudara….
-¿No tiene frío?
-Un poco.
-Entonces vamos a la barra y tomemos un whisky.
-Ay sí, me encantaría.
-Su sonrisa es una muestra de diamantes –arremetió con elegancia-.
-No me hable así señor…por favor, me da vergüenza.

La noche escupe agua y la ciudad es un gran lago. Una especie de Atlántida sumergida en pleno desierto inundado. Las mascaritas asoman sus narices por los ventanales del salón del hotel –Bioy lo retrataría mejor apelando a su inolvidable cuento “máscaras venecianas”-. El paisaje es apocalíptico. Sin embargo, la música sin pausa, sigue en el Titanic, negando el afuera.

-¿Estamos en Venecia?
-¿Porqué me lo pregunta?
-Me siento un gondolero presto a pasear una reina, ¡mire que aguacero se desató!
-Salud… por el piropo.
-¿La llevo entonces?
-Como no…gondolero diluviano.
-Por favor, déme su brazo.

En la puerta esperan pequeños submarinos, especies de taxis flotantes que se sumergen para emprender el viaje. Diseñados para catástrofes acuáticas, sólo algunos privilegiados pueden acceder a ellos (no puedo dejar de recomedar “Vida acuática” (2004) de Wes Anderson).
-¿Vio que hermosa se ve la ciudad bajo el agua?. ¡Mire, ahí! Esa, es la Heladería Sopelssa, ¿quiere recorrer el parque?
-Sí, sí, ¡qué emoción!
- Aquí están los portones –señala posando su índice en la claraboya- ¿quiere pasar por arriba de ellos?
-No, mejor atravesémoslos.
- Bien, ¡chofer por favor! sigamos bajo el agua hasta los caballitos de Marly.
- ¡Ay! mire, esos animales ahogados, ¿serán del zoológico?
- Y deben serlo, no es común ver osos y tigres flotando, ¡cuidado con el elefante chofer!
- ¿Y eso, qué es?
- No se preocupe, es gente buscando de qué agarrarse, no pasa nada.

En tanto, la ciudad anegada acumuló el agua suficiente para no divisar las referencias. Algunos edificios de gran altura asoman sus cúpulas o uno que otro departamento de los últimos pisos, insuficientes para orientar a los náufragos que bracean hacia las copas de los pinos de la Plaza Independencia. Otros han muerto, miles han muerto. Se los tragó la tierra o deambulan como fantasmas hinchados bajo el agua.

En el hotel, la fiesta continúa en el quinceavo piso. Un gentleman de copa en mano realiza, entusiasta, una llamada telefónica:

-Celso, mandáme una guardia de Albatros, somos 300… y apuráte, el agua llegó al décimo piso. Queremos salir a pasear por la ciudad perdida. No te aflijas, ya fundaremos otra.

-¡Como no mi capitán!
Opiniones (3)
18 de agosto de 2017 | 08:25
4
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18 de agosto de 2017 | 08:25
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  1. FELICITACIONES MARCELO...
    Un trabajo surrealista del mejor nivel con una crítica ácida tan disimulada que es una obra aparte. Me parece excelente la referencia al elefante y la llamada a Jaque.
    3
  2. Increíble,pero real.
    2
  3. ¡Es tan fácil atontar a un hombre!
    1
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