Con información precisa, roban más de 100.000 dólares en Godoy Cruz

Delincuentes ingresaron a una casa cuando su dueño había salido. Entraron -con llaves de la casa- y fueron directamente hacia la zona de la chimenea. Allí rompieron el revoque y se llevaron una caja fuerte. Los investigadores apuntan a gente del entorno de la familia. En un primer momento, se dijo que la casa era del fiscal de Estado, Pedro Sin, algo que fue descartado a los pocos minutos.

La caja de seguridad no estaba a simple vista, sino que se encontraba oculta detrás de una chimenea. Sin embargo, pese a conocer este dato, tampoco era algo fácil de hallar. Saber que el compartimiento estaba cubierto con dos capas de revoque –una de fino y otra de grueso- era algo que sólo conocían cinco personas: el matrimonio Burgos y sus tres hijos.

Al menos dos delincuentes ingresaron esta mañana a una casa ubicada en la calle O’Higgins al 1800 de Godoy Cruz con un único objetivo: hacerse con los más de 100.000 dólares que había en su interior. Minutos antes, cerca de las 9.30, Raúl Burgos (68) –dueño de casa- había salido para ir a la sede de Telefónica a hacer un reclamo. “¡Me están robando!” le había dicho a una vecina, irónicamente, al referirse al problema por el que tenía que ir a la empresa y, sin imaginarse lo que encontraría al regresar a su casa.

Menos de una hora fue el tiempo que Burgos estuvo alejado de su casa. Tiempo suficiente para que los delincuentes entraran, usando una llave de la casa, fueran directamente a la zona de la chimenea y se llevaran la caja de seguridad. Para decorar un poco la escena e intentar ocultar el detalle de que sabían a la perfección dónde estaba el dinero, los ladrones desparramaron algunos cajones y almohadones de la sala.

Pero el hecho de que tengan el dato preciso sobre el escondite de la caja, sumado a que a la casa entraron usando las llaves de la puerta y que desconectaron la alarma conociendo a la perfección donde estaban los cables, no hacen más que confirmar que quienes entraron habían formado alguna vez parte del círculo íntimo de alguna de los cinco integrantes de la familia Burgos: Raúl, su esposa Violeta Sánchez (61) y sus tres hijos –dos mujeres y un hombre-.

Las primeras sospechas apuntan hacia el ex esposo de una de las hijas del matrimonio que, según trascendió, además de estar separado de la mujer tiene una orden judicial que le prohíbe acercarse al domicilio. Sin embargo eso está siendo investigado por el fiscal Lauro Monticone, sobre quien recayó la causa que, en primera instancia, fue instruida por la ayudante fiscal Andrea Rossi.

El dinero pertenecía a Burgos y lo había cobrado como indemnización en 1998, luego de que lo despidieran de la empresa YPF. Víctima -como tantos argentinos- del Corralito Financiero, todo parecía indicar que Burgos perdería ese dinero, depositado en una cuenta del Banco Nación. Pero una incansable lucha legal de su hija Silvina Burgos (abogada) le permitió a través de un fallo retirar esa suma el 15 de mayo del 2002.

“Desde ese día teníamos acá la plata, la sacamos porque no confiábamos en los bancos, no podemos confiar en nadie”, destacó entre lágrimas la mujer, que se desempeña como abogada en el servicio Penitenciario. “Mi papá hoy está vivo, porque había ido a la telefónica. Pero si entraban y él estaba, quizás lo mataban. Igual a mi viejo lo acaban de matar en vida con esto”, destacó la mujer con la voz entrecortada y en la medida que el llanto y los sollozos le permitían hablar, luego de aclarar que no tenía ninguna relación con el fiscal de Estado, Pedro Sin. Esta aclaración fue obligada, ya que los primeros trascendidos –que inclusos llegaron a oídos del ministro de Seguridad, Carlos Ciurca- indicaban que la víctima era la esposa del fiscal, algo que luego fue descartado.

Paradoja

Al aire, a los gritos y probablemente sin esperar una explicación –que nunca iba a llegar-, Silvina renegaba de su trabajo. No lo criticaba, no mostraba señas de arrepentimiento, pero si comentaba en voz alta la cruel paradoja: ella trabaja en el Ministerio de Gobierno, como asesora del servicio penitenciario y, entre sus objetivos, está trabajar en la reinserción de los internos.

“Esto no tiene nada que ver con mi trabajo. Hoy estoy en una crisis moral, yo trato de nadar contra la corriente, trabajando con internos e intentando integrar a los no integrados. Pero parece que es imposible, tal vez no sirvo para esto”, se recriminaba una y otra vez la mujer, tratando de ponerse el traje de responsable por el episodio.

“Voy a pedirle al ministro (Mario) Adaro el traslado, no puedo seguir trabajando allí porque, tratando de ayudar a ellos, los perjudico a todos”, continuó. Sin embargo, y anticipando las posibles repercusiones de sus dichos, la mujer reivindicó su trabajo y el de sus pares.

“La función de quienes trabajamos con los Derechos Humanos es que se regenere la persona, eso es lo que intento, pero he perjudicado a todos. Mi papá hoy tiene un pico de presión, quiero irme”, se reprochó la abogada, sin dejar de llorar.

El de hoy fue el tercer robo que sufren en su casa los Burgos. El último tuvo lugar hace cerca de un año, cuando delincuentes ingresaron y se llevaron todas las joyas de la familia, aunque nada de dinero.

“Primero se llevaron las joyas, ahora la plata. Por favor, no vengan más, ya no hay nada. La casa es linda, pero ya no hay nada”, sentenció con ironía la mujer, sin dejar de llorar.
Opiniones (1)
22 de agosto de 2017 | 06:52
2
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22 de agosto de 2017 | 06:52
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  1. Asi como imputaron de homicidio a quien nada tenìa que ver ahora dejan saber que el Fiscal Sin tendria u$s 100.000 en su casa. Es solo un error como tantos a los que nos tienen acostumbrados o necesitan imperiosamente el cargo para tapar algo ?
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