No se lo dije al jardín, de Emily Dickinson

No se lo dije al jardín
todavía no sea que me conquiste,
no tengo suficiente fuerza ahora
para decírselo a la abeja,
no lo mencionaré en las calles
porque las tiendas me mirarían,
que alguien tan tímido,
tan ignorante tenga el descaro de morir.

Las laderas de las montañas
no deben saberlo, dónde
yo tanto he jugado, ni decirlo
a los cariñosos bosques el día que me vaya,
ni susurrarlo en la mesa,
ni desprevenidamente en el camino
sugerir que dentro de un acertijo
alguien se encaminará hoy.

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20 de Enero de 2017|07:00
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