Pérez-Reverte: “Reescribo con mi vida los libros que leí”

Por Ana Mendoza / EFE

Quince años después de que se publicara El Club Dumas, el escritor afirma que no cambiaría “ni una línea” de esta novela, que abrió puertas a otras del mismo género, consiguió lectores en medio mundo y le sirvió para darse cuenta de que podía “vivir de la literatura”. Acaba de cumplir los 57 y no sabe cuántos años le quedan “de vida operativa”, pero espera que el día que no tenga nada que decir algún amigo se lo haga ver.

“El Club Dumas es un pedazo de mi vida. Es el mejor libro que pude escribir en ese momento y le dediqué todo mi esfuerzo e ilusión; modificar algo sería renegar de todo aquello”, dice Pérez-Reverte, coincidiendo con la llegada a las librerías de una edición conmemorativa de esta novela, publicada por Alfaguara.

El libro, claro homenaje a Alejandro Dumas, uno de los escritores predilectos de Pérez-Reverte y “el primer hilo de esa tela de araña maravillosa que es una biblioteca”, estuvo respaldado por el éxito desde que nació: se han vendido dos millones y medio de ejemplares en todo el mundo y está publicada en 51 países, 30 de ellos de lengua no española.

Pero en su día, esta obra constituyó “un desafío” para el autor, que quiso demostrar que “con Dumas puede hacerse algo más que una novela de mosqueteros”. Para ello mezcló “elementos del viejo folletín europeo de masas con la novela posmoderna”.

“Ahora, escribir una novela de este tipo es jugar con un mercado que ya existe, pero hace quince años suponía arriesgarse a que no te leyeran, porque no había un público para estos libros”, asegura Pérez-Reverte, muy crítico siempre con aquellos que desprecian la novela del siglo XIX y principios del XX y sólo consideran válida la literatura “desde Faulkner y Cortázar para acá”.

“Al lector lo había hecho desertar la panda de gilipollas que tenía secuestrada la literatura, y tan sólo héroes como Juan Marsé o Eduardo Mendoza habían mantenido ese hilo sutil pero todavía firme con la literatura que te contaba cosas”, señala el escritor murciano con su habitual forma de hablar, sin pelos en la lengua.

Llevada al cine por Polanski bajo el título de La novena puerta, El Club Dumas funcionó “de maravilla” desde el principio. Con este libro, “por primera vez”, Arturo Pérez-Reverte se sintió “tranquilo como escritor”.

“Hasta entonces, era un aventurero; yo no era del mundo literario, no tenía ninguna pretensión en ese terreno. Pero con esta novela me di cuenta de que podía vivir de la literatura y de que había un tejido de lectores, en España y en el extranjero, que ya me daban una seguridad. Con El Club Dumas empiezo a irme del periodismo”, comenta el escritor, que fue corresponsal de guerra desde 1973 a 1994.

El autor de La tabla de Flandes, La carta esférica y La Reina del Sur no suele releer sus libros, pero ahora sí lo ha hecho con El Club Dumas, y cree que “la novela se sostiene muy bien”. “Es la quintaesencia del goce; me lo pasé de miedo escribiéndola”.

Protagonizada por Lucas Corso, un mercenario de la bibliofilia que debe autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de Las nueve puertas, un extraño libro del XVII, El Club Dumas abrió camino a una serie de autores cuyas novelas tienen el mundo del libro como eje central y combinan tramas detectivescas, intrigas y aventuras.

Pérez-Reverte se muestra prudente cuando se le pregunta por las influencias que pudo suscitar su novela en otros escritores, y afirma que si hay algunos que “se consideran herederos de su novela, eso deberían decirlo ellos, y de hecho hay una que sí lo ha reconocido: Matilde Asensi. Le estoy muy agradecido”.

¿Y quiénes le pudieron influir a él? Hay un dato curioso que este académico de la Lengua no cuenta casi nunca. Cuando apareció El nombre de la rosa, de Umberto Eco, Pérez-Reverte estaba escribiendo “una novela de templarios”, de la que tiene en su casa “unos 120 folios”. “Aquella novela de Eco me hizo sentir feliz, porque me di cuenta de que lo mío no era una aventura individual y equivocada, sino que gente con un peso intelectual serio opinaba lo mismo que yo de la literatura”.

Y cuando leyó que Eco tenía en marcha una novela sobre templarios (El péndulo de Foucault), el escritor murciano guardó la suya y se puso a escribir El Club Dumas, en la que le hace un guiño al semiólogo italiano y lo incluye como miembro de su selecto club. Pero “no hay una influencia de Eco en El Club Dumas. El mundo que refleja esta novela no se improvisa en seis meses, sino que hace falta una vida entera para escribirla”, subraya.

“Retirarme a tiempo y dedicarme a leer y navegar”

Arturo Pérez-Reverte acaba de cumplir los 57 y no sabe cuántos años le quedan “de vida operativa”, pero espera que el día que no tenga nada que decir algún amigo se lo haga ver porque “no hay nada más patético que un escritor acabado que sigue escribiendo”.

“Prefiero retirarme a tiempo y dedicarme a leer y navegar. Yo soy un marino lector que accidentalmente escribe novelas”, afirma Pérez-Reverte. Este escritor pertenece a ese grupo de novelistas que tienen “muchas cosas para contar y poca vida para contarlas”. “Mi problema -afirma- es elegir qué historias cuento y cuáles van a morir conmigo, porque no sé cuánto tiempo me queda. Y eso es duro”.

Como mucho, el autor de La Reina del Sur cree que tendrá “quince o veinte años” para desarrollar sus proyectos, “y eso supone unas seis u ocho novelas, de las cuales un par de ellas tienen que ser del capitán Alatriste, para cumplir mi compromiso con los lectores”.

Eso le preocupa y, por tanto, debe elegir “muy bien” cada nuevo libro, como la novela que ha comenzado ya a escribir y que espera publicar en 2010. Pérez-Reverte prefiere no adelantar nada de esa novela, salvo decir que “es compleja, de muchos personajes y tramas superpuestas”. No es tan reflexiva como El pintor de batallas, pero “tampoco es de acción totalmente. Tiene de todo”, asegura.

Como le sucedió con El Club Dumas y con todas sus demás obras, está “leyendo como un animal” para su nueva novela. “Raro es mi libro que no tiene detrás un trabajo inmenso”, comenta el escritor, que se levanta “a las seis de la mañana” y escribe “hasta las cinco de la tarde”.

Este periodista, que antes de dedicarse de lleno a la literatura fue reportero de guerra durante 21 años, es “un lector contumaz”, pero no se considera “un ratón de biblioteca, ni un tipo que hable de literatura en tertulias de escritores”. “Yo soy un tipo que ha estado leyendo en Beirut, en Sarajevo, en África, en Angola o en Mozambique. Para mí siempre ha habido una mezcla de literatura y vida, y siempre estoy reescribiendo con mi propia vida los libros que leí”, asegura.

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