Derechos que no son respetados

Todos somos iguales, todos tenemos derecho a un trato distinto en base a nuestras diferencias y debemos tener acceso a iguales oportunidades de desarrollo personal, social y grupal. Pero la especie humana en conjunto aún discrimina a las demás especies vivas que cohabitan con ella. Este y otros temas analiza María Laura, joven estudiante de Derecho y vecina de San Martín.

Derechos que no son respetados

Si usted es mujer, en otra época, no podría estar leyendo. Tampoco por pertenecer a una raza determinada habría tenido acceso a ciertos instrumentos privilegiados de estudio y comunicación.

El racismo y el sexismo condicionaron nuestra cultura y ser persona y por ende, tener derechos, era (y aún es) sinónimo de ser "blanco, occidental y judeocristiano".

Hoy, las barreras de la discriminación, es decir, el trato ominoso y deliberadamente diferencial hacia un conjunto de seres que manifiestan cualidades diferentes al grupo de pertenencia están afianzándose bajo intentos desesperados de combatirlas.

Tener un catálogo de Derechos Humanos reconocidos, escritos, "positivados", ha sido un logro magnífico y del que aún, los resultados de su aplicación, no se equiparan con toda la violenta corriente de sangre que ha plasmado la historia.

Podemos decir, que, en teoría, en nuestra especie humana no hay fundamento filosófico que convalide la discriminación entre nosotros. Todos somos iguales, todos tenemos derecho a un trato distinto en base a nuestras diferencias y debemos tener acceso a iguales oportunidades de desarrollo personal, social y grupal.

Pero la especie humana en conjunto aún discrimina a las demás especies vivas que cohabitan con ella. Por empezar, porque se ha autocalificado como "el ser más inteligente de la Creación o de lo Existente". Tanto en una cosmovisión creacionista –que reconoce a un ser superior creador de todo, como en una visión evolucionista -que no impone el dogma religioso- siempre el ser humano es el centro de todo. Todo lo que existe –animales, plantas, medioambiente- está a su servicio.

¿Y qué otro sustento sino la práctica ininterrumpida tiene esta teoría antroprocentrista? Ninguno.

Desde Peter Singer y otros filósofos se ha definido al especismo como un paralelo del machismo y el racismo e implica la minusvaloración de otro ser que no pertenezca a la especie humana y, por ende, su aprovechamiento sin tener en cuenta sus posibilidades de sufrimiento.

Las teorías animalistas argumentan que no debemos tratar a los demás animales vivos como objetos puestos a nuestro favor y arbitrariedad, ya sean basadas en la constatación de que todos los animales sienten por igual el sufrimiento, de que nosotros no somos más que animales con distinto grado de evolución, etc.

En materia de Derecho, contamos con la Declaración Universal de los Derechos del Animal, aprobada por la UNESCO el 23 de setiembre de 1977 (la cual sigue el modelo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) y establece que los animales poseen derechos y condena el accionar humano que ha fructificado en base a vejámenes hacia los animales no humanos.

Claramente, su artículo segundo dice "b) El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales".

Esta dclaración tiene fuerza de ley en nuestro país, además de contar los argentinos con antecedentes históricos en cuanto a Protección Animal como la ley nacional 2786 de 1891 que sancionaba los actos de crueldad. Hoy suplantada por la ley penal 14346 que prevé pena de prisión para actos de crueldad, como por ejemplo "lastimar y arrollar animales intencionalmente, causarles torturas o sufrimientos innecesarios o matarlos por solo espíritu de perversidad".

Sin embargo, las pretensiones animalistas no tienden a encerrar individuos humanos en virtud de castigo como se hace con inocentes animales. Lo que interesa es el cambio de paradigmas.

¿Por qué una vaca está al servicio de mi estómago y vestimenta, un oso al servicio de mi entretenimiento y un mono a merced de mi salud? ¿Por qué siguen las prácticas oprobiosas de los laboratorios cuando no tienen fin científico y están tachadas en los mismos ámbitos médicos como inútiles en su mayoría? ¿Por qué sigue la crianza en condiciones deplorables e "inhumanas" de animales para consumo? ¿Por qué para alimentarnos, seguimos alimentando esta tamaña bestialidad?.

No hay justificativos. Ni incluso para decirnos "que como especie, en conjunto, estamos mejor cuando nos servimos de otras especies". No es así. Cada día, la brecha entre los humanos que tienen recursos económicos para afrontar la existencia y los que no tienen cómo asegurarse siquiera el agua, se vuelve más patente y lacerante.

Verdaderamente, como decía Ghandi, el grado de civilización de un pueblo se ve en el trato que éste da a sus animales. En nada hemos avanzado si un tercio de la población humana pasa hambre, por más que las técnicas de ganadería avancen. Qué valor tienen los biotransplantes y la ingeniería genética si una considerable parte de nuestra población infantil muere por enfermedades evitables y propias del retraso. Mientras los potenciales "avances" en el bienestar no se universalicen, no habrá desarrollo ni crecimiento sustentable. Y en esto, mucho tenemos que aprender de la conducta de los animales no humanos, ya que pese a los instrumentos de organización de la conducta –el derecho- con que contamos, aún en nosotros, humanos, impera la ley del más fuerte.

En Mendoza, tenemos una ley que prohíbe la instalación de circos con animales. En este mismo medio, vimos cómo, gracias a una ONG se dio cumplimiento tardío a la ley 7887, http://www.mdzol.com/mdz/nota/75501. En otro medio de prensa, http://losandes.com.ar/notas/2008/10/6/sociedad-385040.asp, podemos leer que una tigresa que había sido criada desde cachorra como un "animal doméstico" y por ende, quedó incapacitada para estar con sus pares tigres, está encerrada en una jaula del zoológico provincial mientras los expedientes administrativos acumulan hojas disimulando inútilmente el sufrimiento del animal.

Vemos que los animales no humanos están presentes todos los días. Siempre son noticia, ya sea porque acabamos de almorzar a un pollo, a una vaca, a un pez o porque nos acompaña una mascota que necesita de nosotros; sin ellos estaríamos aniquilados como especie. De todos modos, según como estamos obrando, en el trato para con todos nuestros prójimos (abandono de mascotas, experimentación con animales en laboratorios, existencia de zoológicos y antros de entretenimiento con animales esclavizados y desnaturalizados); en paralelo con la pobreza que se extiende para nuestra actualidad y el egoísmo con que tomamos nuestro presente, dejando incierto el futuro, podemos con amplitud de miras, predecir nuestro propio ocaso. Quizá los que hoy son considerados inferiores nos sobrevivan. Esperemos que esta certeza de auto exterminio nos lleve a recapacitar sobre cómo tratamos a nuestros pares animales. Francisco de Asís ya se refirió a ellos como "hermanos", y verdaderamente, qué poco quedaría para disfrutar en el mundo sino fuera por ellos.
 
María Laura Barroso Baldi, estudiante de Derecho, residente en San Martín

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