Orlando Pardo, la búsqueda constante

Quería ser aviador pero se convirtió en uno de los grandes nombres de la pintura mendocina. Lacónico y preciso, recuerda con orgullo a sus maestros y colegas, reflexiona acerca del legado de su generación y opina sobre el trabajo de los jóvenes pintores locales.

Su personal obra ha cambiado y madurado a lo largo de las décadas gracias a la espontaneidad, al diálogo con sus pares, a los viajes, a la intensidad de una búsqueda constante.

Parte de ese camino puede verse en la exposición inaugurada ayer en el MUCHA, "Retrato de un artista", una muestra homenaje que recorre las diferentes etapas por las que el pintor y el hombre se han deslizado en busca de la imagen, la textura, el mensaje precisos.

Admirado sin condiciones, Orlando Pardo ha formado a cientos de jóvenes artistas y el reconocimiento parece no importarle demasiado. Sólo le interesa que al espectador le suceda algo, se emocione, cambie, frente a una de sus obras. 

Pardo, nacido en Luján de Cuyo en 1930, no oculta su orgullo cuando cuenta que estudió en la Escuela Superior de Artes Plásticas de la UNCuyo donde fueron sus maestros Roberto Azzoni en pintura, Sergio Sergi en dibujo y Lorenzo Domínguez en escultura.

Junto a Carlos Alonso y Carlos De La Mota estudió en el Instituto Superior de Artes de la UNTucumán con profesores como Guido Parpagnolli, Lino Eneas Spilimbergo, Ramón Gómez Cornet, Lajos Szalav, Medardo Pantoja, entre otros, la élite artística nacional en los años ´50.

Luego vendrían decenas de muestras, murales, viajes, participación en bienales y salones y la apertura de un taller junto a Carlos Alonso por donde pasaron todos los nombres que marcaron una época en plástica como en la literatura mendocina.

En los ´60, en Buenos Aires con su familia, expone en prestigiosas galerías, continúa con sus retratos de destacadas personalidades y es considerado "el pintor que más vende". En los ´70 se radica en Chacras de Coria, viaja por Latinoamética y funda con Luis Ciceri el Taller 77 para la enseñanza del dibujo y la pintura.

Los viajes no cesan, las muestras no se interrumpen y su obra comienza a formar parte de colecciones en Europa, Estados Unidos, Venezuela, Brasil, México, Colombia, Chile, Ecuador y en museos de Mendoza, gracias a Chela, su esposa y marchand.

También gracias a Chela, pudimos realizar esta entrevista a Orlando Pardo, vía correo electrónico, debido a los problemas de salud del maestro. Hace unos años, dijo en otra nota que "prefiere pintar, antes que hablar".

Lacónico y preciso, recuerda con orgullo a sus maestros y colegas, reflexiona acerca del legado de su generación y opina sobre el trabajo de los jóvenes pintores mendocinos. 

- ¿Cómo descubrió su vocación artística?

- Yo quería ser aviador. Pero Santangelo era amigo de mis hermanos, cuando vio los dibujos que yo hacía, me mandó a la Universidad de Cuyo. Así me enteré que esto se estudiaba.

- ¿Qué le reportaron sus años de aprendizaje en la Escuela de Bellas Artes?

- Tuve maestros excepcionales como Azzoni, Sergio Sergi, Delhez, Domínguez. Luego pasé con Spilimbergo al Instituto Modelo de Arte de Tucumán, con maestros como Szalav, Audiever, Pantoja, y otros de nivel nacional.

- ¿Qué significa para usted ser uno de los grandes del arte de Mendoza?

- Hace poco tiempo que me he enterado de tal cosa. En mi trabajo nunca se termina la búsqueda.

- ¿Cuál es el legado de la generación del ´50, a la que usted pertenece?

- En esa época, como la Universidad de Cuyo era relativamente nueva, nos obligó a viajar a Córdoba, a Tucumán y a Buenos Aires. Fue una década fuerte; teníamos mucha comunicación entre los artistas, lo que dejó una generación notable.

- ¿Quiénes fueron, o son, sus interlocutores en el arte?

- Partiendo del expresionismo, pasé por el constructivismo, por el cubismo y la abstracción. Y mi fuerte, que era la figuración, me dio una totalidad que se fusionó en mi obra. Aún hoy admiro lo oriental y africano y, por supuesto, el precolombino.

- ¿Cómo nace una obra suya? ¿De una idea, de una imagen, de la combinación de ambas?

- Ante una superficie en blanco, me siento un receptor donde confluyen ideas, imágenes, entorno, en fin, la totalidad visible e invisible del cosmos.

- Sus dibujos y pinturas ofrecen pura poesía. ¿Cómo encontró el lirismo en la pintura?

- Una gran poeta como usted me lo está definiendo, es suficiente.

- ¿Podría definir su trabajo o prefiere que lo haga la crítica?

- El mundo me abruma, no lo entiendo. Tal vez fue un refugio el camino que tomé.

- ¿Qué espera de un espectador frente a su tela? ¿Espera algo?

- Si alguna de mis obras logra comunicarse con un ser humano, creo haber hecho algo

- A partir de sus múltiples viajes, ¿cómo se ve la pintura mendocina en el resto del país y en el exterior?

- Me llega, no todo, de la obra diversa y múltiple del momento actual y de los artistas jóvenes mendocinos. Lo veo con alegría, es de un gran interés.

- ¿Qué opinión le merece el trabajo de los nuevos artistas plásticos locales?

- La plástica mendocina tiene mucho prestigio en el resto del país, sobre todo, por supuesto, en Buenos Aires. Desde el exterior llega gente atraída por su calidad y buenos precios.

Patricia Rodón

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5 de Diciembre de 2016|09:43
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5 de Diciembre de 2016|09:43
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  1. Me llena de alegría leer esta nota a Pardo, la verdad que es un maestro en muchas cosas de el arte y la vida ojalá uno pudiera seguir trabajando así hasta las últimas consecuencias despues de una vida tan interesante como la de el. Un gran abrazo a Pardo.
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