Juan Marsé, Premio Cervantes 2008

El novelista catalán se ha convertido hoy en el décimo octavo español en ganar el Premio Cervantes desde que este galardón, considerado el más importante de las letras hispanas, fue instituido en 1975. El premio se le otorga “por su decidida vocación por la escritura y por su capacidad para reflejar la España de la posguerra”.

Marsé sucede en el premio al poeta argentino Juan Gelman y cumple así la norma no escrita sobre la alternancia en el galardón entre autores españoles y americanos, que se mantiene ya desde 1997, año en que el cubano Guillermo Cabrera Infante tomó el relevo de José García Nieto y precedió a José Hierro.

Tras muchos años en los que su nombre siempre quedaba como finalista, el escritor Juan Marsé ganó el Cervantes 2008, “por su decidida vocación por la escritura y por su capacidad para reflejar la España de la posguerra”.

Ésas son algunas de las razones que manifestó el presidente del jurado, José Manuel Blecua, en la conferencia de prensa en la que el ministro de Cultura, César Antonio Molina, hizo público el fallo del premio, que en esta edición está dotado con 125.000 euros, 35.000 más que en años anteriores. Molina ha dicho que había intentado ponerse en contacto con el ganador, pero tuvo que darle la noticia a su mujer porque Marsé se había ido al médico.

Como Marsé ha sido candidato tantos años, el ministro ha dejado claro que el Cervantes no se le ha concedido “para saldar ninguna deuda”. Este premio se le da “para agradecer la labor continuada de años” y para reconocer una gran obra literaria, que a los de mi generación nos ha acompañado durante años”, añadió.

Juan Gelman, miembro del jurado, señaló con su habitual ironía que el Cervantes no saldará ninguna deuda, “pero sí le permite saldarlas al escritor que lo gana”. Marsé, ha proseguido el poeta argentino, “es un gran escritor que ha marcado a varias generaciones”.

La edición del Cervantes es también la primera que se celebra tras haber cambiado el año pasado el Ministerio el criterio de composición de su jurado, para dar más presencia al mundo de las letras y de la cultura en general y menos a las instituciones dependientes del Gobierno. La candidatura de Marsé fue propuesta por varias instituciones, entre ellas por la Real Academia Española.El jurado fue formado también por Antonio Gamoneda, ganador del premio en 2006, Manuel Longares, Ignacio Amestoy y Ángel Gabilondo.

Uno de los más jóvenes de la Generación de los ´50

Juan Marsé nació en Barcelona en 1933 y es uno de los miembros más jóvenes de la Generación de los ´50, un “estigma” ese de ser escritor del realismo, como él mismo dice, que ha sobrellevado con la exigencia que le dicta un apasionado y visceral sentido de la ética.

Un compañero de generación, José Manuel Caballero Bonald -que también optaba al Cervantes- asegura que nadie como él ha sabido auscultar la Barcelona de posguerra ni reflejar la marginación y pobreza de entonces y que es el que, de entre todos ellos, tiene una más saludable capacidad indagatoria.

A pesar de que quizá sea uno de los escritores españoles de los que más novelas se han llevado al cine -desde El embrujo de Shangai a Últimas tardes con Teresa- y que ha hecho los guiones de varias de ellas, en los últimos tiempos ha renegado tanto del séptimo arte que está inmerso en un libro que es un “pequeño ajuste de cuentas” con los guionistas y directores.

El escritor nació el 8 de enero de 1933 en Barcelona como Joan Faneca Roca, cambiado a Marsé Carbo por su familia adoptiva. Mal estudiante, pasaba casi todo el tiempo jugando en las calles de su barrio, más tarde escenario de prácticamente todas sus novelas, caracterizadas por un estilo dominado por la pasión más que por lo cerebral.

Con solo 13 años tuvo que comenzar a trabajar, como aprendiz de joyero, porque encarcelaron a su padre por “rojo”. Gracias a su amiga Paulina Crusat logró publicar sus primeros relatos en la revista “Ínsula” y en “El Ciervo” (1958) a la vez que seguía trabajando en el taller de joyería por las mañanas y por las tardes escribía para la revista de cine “Art-Cinema”.

Uno de sus relatos, Nada para morir, gana en 1959 el Premio Sésamo y al año siguiente termina su primera novela, Encerrados con un solo juguete. La presenta al Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, en el que queda finalista aunque le abre la puerta a convertirse en uno de los autores insignia de esa editorial.

Conoce a José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma y a Carlos Barral, al que le hacía gracia un autor “proletario”, según Marsé, y siguiendo su consejo se va a París donde ejerce como “garçon de laboratoire” en el Institut Pasteur y conoce al Nobel Jacques Monod, de ideología comunista.

El escritor decide afiliarse al PC, “porque era el único que hacía algo contra Franco” pero cuatro años después, ya en España, decide “separarse” por una cuestión de “intransigencia”.

Publica su segunda novela Esta cara de la luna (1962), repudiada por su autor y descolgada del catálogo de sus obras completas, y en 1965 Últimas tardes con Teresa -llevada al cine por Gonzalo Herralde en 1983- que le vale el Premio Biblioteca Breve en 1965.

Abandona la joyería y “Art-Cinema” y se casa un año más tarde con Joaquina Hoyas, con quien tiene dos hijos, Alejandro y Berta. En 1970 edita, sin excesivo éxito, La oscura historia de la prima Montse y comienza un relato en el que se propone rescatar su infancia, Si te dicen que caí (1973), que se convertirá en su otra gran obra de madurez.

Censurada por el régimen franquista, Marsé se ve obligado a publicarla en México, donde recibirá el Premio Internacional de Novela. Tres años después se editará en España y, en 1989, Vicente Aranda la adaptará al cine, al igual que La muchacha de las bragas de oro, Premio Planeta 1978 y llevada a la pantalla al año siguiente.

Retoma su visión de la Barcelona de posguerra en Un día volveré (1982) y en Ronda del Guinardó, publicada en 1984, el mismo año en el que sufre un infarto. En 1987 publica una colección de relatos, Teniente Bravo, y en 1990 El amante bilingüe -también llevada por Aranda al cine (1992)-, por la que logra el premio Ateneo de Sevilla.

En 1994, El embrujo de Shanghai -película en 2002 dirigida por Fernando Trueba- le reporta el Premio de la Crítica y el Aristeión de la UE, y tres años más tarde recibe el premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe. Tras La fuga del río Lobo (1996) y Dietario de posguerra (1998), Marsé publica, en 2000, Rabos de lagartija, por el que recibe el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa.

En 2005 publica la novela Canciones de amor en Lolitàs Club, el mismo año en el que renuncia, con gran repercusión mediática, a seguir formando parte del Premio Planeta por “la baja calidad” de los originales enviados.

Los Premios Cervantes

De los 34 autores premiados en las 33 ediciones del Premio Cervantes falladas desde 1976, dieciséis son americanos y el resto españoles. Sólo dos mujeres han recibido el galardón hasta la fecha, la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, cuatro años después.

El Cervantes ha premiado a cuatro argentinos. Juan Gelman fue precedido por Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges -compartido con el español Gerardo Diego- y Adolfo Bioy Casares en los años 1979, 1984 y 1990, respectivamente.

Además han sido reconocidos tres autores mexicanos, Octavio Paz (1980), Carlos Fuentes (1987) y Sergio Pitol (2005), y otros tantos cubanos, Alejo Carpentier (1977), Dulce María Loynaz (1992) y Guillermo Cabrera Infante (1997), así como dos chilenos, Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003).

Entre los premiados figuran también el uruguayo Juan Carlos Onetti (1980), el paraguayo Augusto Roa Bastos (1989), el peruano Mario Vargas Llosa (1994) y el colombiano Álvaro Mutis (2001).

Jorge Guillén fue el primer español en lograr el premio, en la edición inaugural, mientras que el leonés Antonio Gamoneda, galardonado en 2006, cerraba hasta hoy la serie.

La alternancia como premiados entre autores españoles y americanos se mantiene ya desde hace más de una década, aunque esta norma no escrita del galardón se ha roto en diversas ocasiones.

El mexicano Octavio Paz sucedió al uruguayo Onetti como ganador del premio en 1981, y Rafael Alberti fue galardonado en 1983, un año después de Luis Rosales.

Gonzalo Torrente Ballester y Antonio Buero Vallejo ganaron en los años 1985 y 1986, y el argentino Bioy Casares dio el relevo al paraguayo Roa Bastos en 1990.

Camilo José Cela fue galardonado en 1995 y un año más tarde el premio fue otorgado a José García Nieto. Desde entonces la alternancia se ha mantenido en las sucesivas ediciones.

La lista de ganadores del Cervantes se completa con los españoles Dámaso Alonso (1978), Francisco Ayala (1991), Miguel Delibes (1993), Francisco Umbral (2000), José Jiménez Lozano (2002) y Rafael Sánchez Ferlosio (2004).

Fuente: EFE / AFP / Europa Press / AP

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