Gloria Fuertes: la mujer que bebía la luz

Por Sara Barderas / dpa

La llamaban la poeta de los niños. Poeta, porque a ella el término poetisa no le gustaba. Fue el surrealismo de sus versos para los más pequeños el que dio a la española un espacio propio en el mundo de la poesía. Pero su obra fue mucho más que aquellos poemas. Hoy jueves se cumplen 10 años de la muerte de una mujer comprometida y fuera de las convenciones.

Gloria Fuertes fue un espíritu libre que vivió como quiso en una época en la que ser mujer, y más una mujer como ella, no era nada fácil, teniendo sobre todo en cuenta que gran parte de su vida transcurrió bajo la dictadura de Francisco Franco (1939-1975). Pero, como se dice popularmente, se lió la manta a la cabeza.

Nacida el 28 de julio de 1917 en el popular y castizo barrio de Lavapiés, en el centro de Madrid, Gloria nunca fue la modista que su madre habría deseado que fuera. Ni siquiera lo intentó. Estudió en varios colegios y se diplomó en Taquigrafía, Mecanografía, Gramática y Literatura. Desde muy pronto empezó a escribir y para ello se escondía de su madre en la portería en la que trabajaba su padre. Compraba libros, leía oculta y se paseaba por Madrid en bicicleta, vestida con faldapantalón y corbata.

A finales de la década de los 40 pasó a formar parte del Postismo, el único movimiento, aunque marginal, que asumió las vanguardias europeas tras la Guerra Civil española (1936-1939) y al que pertenecieron, entre otros, Francisco Nieva y Fernando Arrabal.

Grande, de voz ronca, fumadora empedernida y noctámbula confesa, siempre tenía un bolígrafo a mano para escribir cuando llegase la inspiración, daba igual dónde. Trabajó como contable y secretaria en varias empresas mientras publicaba sus primeros poemas, protagonizaba recitales y colaboraba con revistas que le permitían hacer lo que verdaderamente le gustaba.

Su primer poemario fue Isla ignorada, publicado en 1950. Un año después ya había fundado el grupo femenino “Versos con faldas”, donde leían a Unamuno, Gabriel Celaya y Ramón Gómez de la Serna, entre otros, y ofrecían recitales por locales y bares de Madrid.

“Gloria Fuertes aúlla, como una loba herida de muerte”, dijo de ella Camilo José Cela. “Sus versos son desconsolados y atroces, saludables y humanos, mortales de necesidad y amargamente sobrios y juguetones como el diablillo de la guarida, al que esta mujer quiere peinar los cuernos”. Escribió contra la guerra, incluyó siempre tintes autobiográficos, denunció abusos religiosos y económicos, mezcló dolor y humor.

En la década del ´60 y tras pasar por Estados Unidos con una beca, comenzó a ganar premios literarios. Pero no fueron los galardones, sino la televisión, la que la lanzó a la fama: los programas Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca convirtieron a esta mujer de gran humanidad, ternura y compromiso social en la poeta de los niños. Se podría decir que no hay quien no conozca en España a Gloria Fuertes entre los que nacieron en la década de los ´70 y los ´80.

Pero esa popularidad de la obra para los más pequeños oscureció el resto. Ahora, diez años después de que muriera por un cáncer de pulmón a los 80, parece haber un intento de recuperar su obra más profunda, más realista y más comprometida. Un ejemplo es la publicación del poemario inédito Se beben la luz, de intensa denuncia social. Es la otra parte del trabajo de una poetisa que supo dominar como nadie los juegos de palabras desde una poesía cercana, sencilla, pero muy trabajada.

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