Hallan cerámicas de “la tribu perdida” de Filipinas

Los policías filipinos que confiscaron 22 sacos con trozos de cerámica no pensaron que pudieran pertenecer a los primeros pobladores de la isla de Mindanao, hace unos 2.000 años, cuyo legado se encuentra amenazado por el conflicto armado, el contrabando de antigüedades y la dejadez del Gobierno. Lo curioso es que esta tribu enterraba sus huesos en recipientes de cerámica con formas humanas.

Alertados por una llamada anónima, los agentes encontraron el material, valorado en medio millón de pesos en el mercado negro, metido en bolsas de plástico en el sidecar de un trike (la moto utilizada como taxi en Filipinas), el pasado 19 de agosto.

Todo apunta a que los restos pertenecen a una tribu que pobló la isla en la Edad de Hierro y que practicaba ritos funerarios sin precedentes entre los pobladores actuales del lugar y el resto del Sureste Asiático: enterraban sus huesos en recipientes de cerámica con formas humanas.

El profesor Eusebio Dizon, jefe del equipo de arqueólogos del Museo Nacional de Filipinas, asegura que las piezas son auténticas aunque no ha realizado las pruebas pertinentes de carbono 14 porque no dispone de los 1.000 dólares que cuesta el análisis.

El informe preliminar de su equipo determinó que las vasijas funerarias confiscadas en la región de Sultan Kudarat, Mindanao, tienen un lazo ‘evidente’ con la cerámica antropomórfica de Maitum, hallada en la vecina provincia de Sarangani, en 1991, y fechada entre el año 5 a.C y el 370, según las pruebas de carbono 14.

“No sabemos casi nada de estos ancestros tan importantes para conocer el pasado de los filipinos actuales. El problema es que, prácticamente, he renunciado a investigarlos. Para poder hacerlo, necesitaría contratar a un grupo de escoltas que me protegiera de la guerrilla musulmana que controla la zona”, cuenta Dizon.

“Además, precisaría de un presupuesto que no tengo y de la colaboración de los habitantes de Sarangani, más interesados en vender las antigüedades a los contrabandistas que en preservar las prospecciones”, se queja este científico que formó parte del equipo que realizó el hallazgo de la cerámica en la localidad de Maitum.

En abril, otro yacimiento fue descubierto en el mismo municipio y los políticos locales se apresuraron en declararlo lugar de interés arqueológico para evitar las profanaciones ocurridas en la anterior excavación. Sin embargo, el comandante regional del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), la principal organización musulmana separatista del país, llegó al lugar mucho antes de que lo hicieran las fuerzas del orden y sus hombres controlan ahora la zona, donde los arqueólogos no pisan desde que se avivaron los enfrentamientos entre el Ejército y los rebeldes, en agosto pasado.

Pero el conflicto armado y la falta de presupuesto no son los únicos problemas a los que se enfrentan los arqueólogos en Mindanao. “Las leyes actuales destinadas a proteger el legado cultural están bien. El problema es que hay que dotarlas de medios para que sean efectivas. La confiscación de artesanía de Maitum revela que los cazadores de tesoros continúan campando a sus anchas por nuestro país”, manifestó la asociación de arqueólogos Katipunan, en un comunicado.

“La arqueología ha perdido la batalla contra el saqueo del tráfico de antigüedades durante décadas. No sabemos cuánta información valiosa se ha perdido”, escribe esta organización sin ánimo de lucro dedicada a la preservación de los yacimientos. “Procuramos recopilar cada pieza, cada dato y cada detalle que añada conocimientos sobre nuestro pasado. Pero, aquí en Filipinas, las excavaciones comportan un enorme trabajo, recursos, dinero y, a veces, sangre, sudor y lágrimas”, dicen.

Fuente: EFE

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