Deportes

No se vislumbran soluciones para el suspendido fútbol peruano

Ni el gobierno ni el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Manuel Burga, dieron hoy señales de reconsiderar posiciones, después de que el fútbol nacional fuera suspendido por la FIFA debido al enfrentamiento que sostienen.

Burga y el presidente del Instituto Peruano del Deporte, Arturo Woodman, se culparon mutuamente por lo ocurrido, y mientras el primero negaba cualquier posiblidad de retirarse voluntariamente, el segundo, como máximo funcionario gubernamental del sector, se limitaba a decir que lamenta la suspensión pero que no cambiará nada.

Entretanto, la opinión pública nacional, que ya desde antes había mostrado claramente su posición, la ratificó. En un sondeo hecho por el programa de televisión "La Ventana Indiscreta", un 95 por ciento de los consultados se declaró a favor de la posición gubernamental.

La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) anunció el lunes que el Perú está suspendido al menos hasta el 20 de diciembre, debido a lo que considera "injerencia gubernamental". Ese día se reunirá el comité ejecutivo del ente mundial en Tokio y analizará de nuevo la situación.

Los hechos comenzaron años atrás, cuando el Congreso del Perú expidió una nueva Ley del Deporte, que entre otras cosas democratiza la participación de las bases en las federaciones y especifa normas para hacer más transparente el manejo de los recursos económicos.

Todas las federaciones nacionales estaban obligadas a acoplar sus estatutos a esa ley, pero la de fútbol, una de las más rodeadas de sospechas, se negó a hacerlo dentro de los plazos establecidos. Por esa razón, un tribunal deportivo estatal suspensió el año pasado hasta 2013 a todos los miembros de la junta, Burga incluido.

El presidente de la FPF no sólo ignoró ese falla y siguió en el cargo, sino que luego fue reelegido hasta 2011. En consecuencia, el Estado se negó a reconocer a la nueva junta y la Federación se convirtió en términos legales en poco más que un enorme fantasma que ni siquiera podía tener cuentas bancarias propias.

La situación llevó a que la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) le quitara al Perú la sede del Sudamericano Sub 20, que debía desarrollarse en el país en enero, pues se exigía que hubiera apoyo del gobierno, y éste se negaba a dárselo a un ente ilegal.

Burga, que perdió cualquier esperanza de entendimiento con Woodman, le hizo el lunes un llamado al presidente del Perú, Alan García, para que intervenga con su "espíritu dialogante". Pero el mandatario fijó posiciones desde meses atrás y es un crítico explícito de Burga.

Los clubes grandes del Perú exploran fórmulas legales para formar una nueva directiva de la FPF por decisión de las bases y no por imposición gubernamental. Pero según el reglamento interno, el cambio no depende sólo de los 14 clubes de primera división, sino también de las 25 ligas departamentales, en su gran mayoría afines a Burga como consecuencia de lo que según la prensa son "prácticas mafiosas" de intercambio de favores.

Si el asunto no está solucionado el 20 de diciembre, la selección peruana quedará marginada de la eliminatoria mundialista y los clubes no participarán en las copas Libertadores ni Sudamericana. Además, en el próximo Congreso de la FIFA podría verse la posibilidad de la exclusión.

El presidente de la FPF, un abogado de 51 años que ocupa cargos directivos ininterrupidamente desde hace casi dos décadas, parece hoy el hombre más odiado del Perú, según las charlas callejeras y las consultas de los medios de prensa. Empero, tiene el apoyo de la FIFA y la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), armas importantes para dar su batalla.
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10 de Diciembre de 2016|23:14
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